El sonido de la gaita medieval de La Oliva vuelve a Villaviciosa más de ochocientos años después: "Es dulce, redondo e íntimo"
Chus Solís reconstruye el instrumento representado en un canecillo de la iglesia maliayesa (1270), escaneado en 3D por Fernando Oliva

La presentación de las gaitas. | CHUS SOLÍS/ L. P.

Villaviciosa volvió a escuchar este domingo una música que llevaba siglos silenciada. El colectivo Canteros del Sonido, iniciativa impulsada por la asociación Amantigua y coordinada por Manuel Paz, que persigue devolver la voz a los instrumentos musicales esculpidos en el Románico asturiano, presentó en el teatro Riera la reconstrucción de la gaita medieval representada en uno de los canecillos de la iglesia maliayesa de Santa María de la Oliva. El resultado no puede ser más llamativo: una gaita sin roncón y con lengüeta simple que suena a otros tiempos.

Por la izquierda, Manuel Paz, Reyes Ugalde, Chus Solís, Martín Caicoya (Círculo Cultural de Valdediós) y Fernando Oliva. | L. P.
La recreación del instrumento ha sido realizada por el artesano y constructor de gaitas Jesús Ángel Rodríguez Solís, Chus Solís, una de las figuras más reconocidas de la lutería tradicional asturiana. El acto, organizado por el Círculo Cultural de Valdediós y el Ayuntamiento de Villaviciosa, contó, además, con la participación de Manuel Paz, coordinador general del proyecto, y de Fernando Oliva, especialista responsable de los trabajos de fotogrametría y desarrollo tridimensional del instrumento, a partir del desgastado canecillo en piedra, hasta dar con la forma original de la gaita.

Chus Solís, tocando la reproducción de la gaita de La Oliva.
El proyecto, como explicaron en el acto los tres artífices de esta reproducción, nació a partir de la figura de un gaitero esculpida hacia 1270 en la iglesia de Santa María de la Oliva. La pieza original, tallada en piedra arenisca, presenta un elevado grado de erosión debido al paso del tiempo, lo que dificultó enormemente la obtención de datos técnicos precisos sobre la configuración original del instrumento.

Las dos gaitas presentadas.
Para superar esas limitaciones, el equipo recurrió a una combinación de tecnologías avanzadas y estudios musicológicos especializados. Fernando Oliva llevó a cabo un exhaustivo trabajo de fotogrametría y reconstrucción en tres dimensiones que permitió recuperar el volumen exterior básico de la pieza escultórica.
A partir de ahí, comenzó el trabajo de investigación organológica, dirigido por Solís, quien completó el puzzle mediante el estudio comparado de instrumentos tradicionales arcaicos que han llegado hasta nuestros días, como la boha de las Landas francesas o el tulum del área del mar Negro, además de recurrir al análisis de los sistemas musicales medievales. El resultado es "una reconstrucción extremadamente rigurosa desde el punto de vista histórico y musical", destacan.
Sin roncón
La principal singularidad del instrumento reside en que se trata de una "gaita de albogue", una tipología muy distinta a las gaitas modernas y prácticamente desaparecida. Aunque comparte con las actuales la utilización de un odre o fuelle de piel para almacenar el aire, sus características constructivas son radicalmente diferentes. Carece del tradicional roncón colocado sobre el hombro, incorpora tubos cilíndricos dotados de lengüeta simple -conocida como payón- y se interpreta mediante una digitación cerrada en ambas manos.
Además, el instrumento está rematado por un resonador de cuerno que actúa como amplificador natural del sonido, una particularidad que pudo identificarse gracias a los estudios tridimensionales desarrollados durante el proyecto.

L. P.
Su timbre también difiere notablemente del de las gaitas contemporáneas. Solís lo define como "un sonido dulce, redondo e íntimo, concebido para espacios interiores como iglesias, monasterios o palacios medievales". De hecho, para finalizar la presentación tocó varias piezas con el instrumento, sorprendiendo al público.
Aunque la investigación comenzó en diciembre de 2025, los últimos días han supuesto una intensa carrera contrarreloj. El propio artesano reconocía haber permanecido prácticamente encerrado en el taller durante toda la última semana ensamblando las distintas piezas y afinando el instrumento para que estuviera listo para su estreno público.
El resultado final no solo constituye una recuperación patrimonial, sino también una propuesta musical plenamente vigente. De hecho, Solís considera que la gaita de La Oliva posee un enorme potencial para integrarse en repertorios contemporáneos vinculados a la música antigua, el folk y la música modal, especialmente gracias a un fenómeno acústico muy particular: un batimento medieval imposible de reproducir con las gaitas actuales.
La figura de Chus Solís ocupa desde hace años un lugar destacado dentro del panorama de la música tradicional asturiana. Su relación con la gaita comenzó a los ocho años, cuando inició su aprendizaje con Vicente Prado, El Pravianu. Otra etapa fundamental de su carrera se desarrolló entre 2005 y 2011 junto al artesano Alberto Fernández Velasco, con quien mantuvo una estrecha colaboración profesional hasta el fallecimiento de este último.
Hoy, desarrolla su actividad en su taller de Tiñana, donde atiende encargos tanto de particulares como de instituciones públicas. Desde 2024, Solís forma parte del equipo de Canteros del Sonido, un proyecto impulsado por Amantigua y dirigido por Manuel Paz que reúne a luthieres, investigadores y especialistas dedicados a reconstruir instrumentos medievales a partir de las representaciones escultóricas conservadas en iglesias y monumentos románicos asturianos.
Ese mismo 2024 entregó el primer fruto de este trabajo colectivo: un hexacordio, recreación de un aerófono con odre representado en un canecillo de la iglesia de San Xurde de Manzaneda, en Gozón, datado en el siglo XIII.
La recuperación de la gaita de La Oliva supone ahora un nuevo y gran hito dentro del proyecto y abre una nueva etapa de investigación y difusión del instrumento.
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