Entrevista | Carlos Capellán Párroco de Amandi (Villaviciosa)
Carlos Capellán, párroco que lleva 50 años en Amandi: “Para conectar con los feligreses hay que ser comprensivo y bondadoso”
“Me emociona el reconocimiento de los vecinos de las siete parroquias que llevo, pero lo veo natural, como cuando un matrimonio llega a las bodas de oro”

Carlos Capellán, delante de la iglesia de San Juan de Amandi. / P. A.

Carlos Capellán Montoto (Lastres, Colunga, 1938) cumple 50 años como párroco de San Juan de Amandi, en Villaviciosa, donde llegó en 1976. Ordenado sacerdote el 14 de marzo de 1964 en La Felguera, su primer destino estuvo en Avilés, como coadjutor de la parroquia de San Nicolás de Bari. Después le tocó una etapa de ochos años en Bélgica, ayudando a los emigrantes españoles. A su regreso a Asturias le destinaron en esta parroquia de Villaviciosa, donde se ganó el cariño de los feligreses. Este domingo, a las 13.15 horas, en la iglesia de San Juan de Amandi, oficiará una misa especial en su honor, y a las 14.30 horas habrá una comida en el Restaurante Amandi, con vecinos y otros sacerdotes.
-Cumple medio siglo en Amandi, desde su llegada en 1976. ¿Se imaginaba estar tantos años?
-Para nada. Cuando llegué tenía 38 años. Mi padre murió al año siguiente con 60 y pocos. Mi hermano poco después de una enfermedad. Don Juan, el párroco por entonces de aquí, lo veía muy anciano, y falleció con 73 años. Para nada pensé yo que iba a estar aquí con 88 años. Y además que me iban a mantener tanto tiempo en la misma parroquia. En los años de Don Gabino Díaz-Merchán como Arzobispo de Asturias me propusieron alguna vez otro destino, pero sin obligarme. Y cuando llegó el actual, Don Jesús Sanz Montes, al reunirme con él, le dije que llevaba 34 años aquí. Me comentó que ese no era su plan, en alusión a estar tanto tiempo, y le expliqué que me había enviado Don Gabino, tras haber sido destinado unos años en Bélgica y para poder estar más cerca de casa. También que precisamente en ese momento es cuando más necesitaban de mí en la parroquia. Lo comprendió y me dijo que no me cambiaría, y que me ayudaría cuando llegase a mayor y necesitase algo. Y ahora el problema es que hay falta de sacerdotes.
-¿Cómo se ve de fuerzas para continuar a sus 88 años?
-Mientras la cabeza y el físico me lo permitan… No solo llevo Amandi, llevo siete parroquias y capillas, pero estoy contento. Tengo también Coro, Fuentes -que es milenaria-, San Pedro de Ambás, Pueyes, Grases y Cazanes, aparte de la de Amandi.
-¿Cuántas misas oficia cada fin de semana?
-Solo tres, más las necesidades que surjan por defunciones y otras cosas. Lo que hago es dar siempre la de Amandi cada domingo, y las otras voy rotando, de dos en dos. Es algo que me propuse hace años. Si no es imposible. Aún conduzco y me desplazo, pero los años están ahí. Además todos los días, menos los viernes, doy una misa en la residencia de mayores, que está al lado de la casa parroquial en la que vivo. Cuando no tenga capacidad, me gustaría pasar mis últimos días allí.
-¿Le emociona el reconocimiento que te van a hacer los vecinos?
-Sí, me emociona mucho el reconocimiento de los vecinos de las siete parroquias que llevo. Aunque creo que es como una cosa muy natural. Cuando un matrimonio cumple 50 años, sus bodas son de oro y lo celebran. Lo que me está sorprendiendo es el cariño y los detalles en forma de regalos que está teniendo la gente conmigo.
-¿Cómo es la gente de Amandi?
-Es cariñosa, atenta y amable. Veo que me aprecian y valoran, que están a mi lado. En estos casi 50 años habré entrado en las casas de todo ellos. Estoy muy agradecido, porque cuento con un montón de colaboradores en todas las parroquias que llevo, aparte de la de Amandi.
-¿Cuál cree que es la clave de un párroco para conectar con sus feligreses?
-Ser comprensivo, bondadoso, nunca hablar mal y acoger a todos. Y la capacidad de perdonar, que es la vida cristiana. No me considero ningún modelo de cura, pero trato de ser buena persona. Todo el mundo me reconoce y me aprecia por cómo soy.
-¿Cómo ha cambiado en estos 50 años la parroquia?
-Por ejemplo en los niños, que tengo muchos en catequesis, pero que los traen sus abuelos y no sus padres. Ellos son los que le influyen y les transmiten la fe en la familia.
-¿Qué recuerdos tiene de sus ocho años en Bélgica apoyando a los emigrantes españoles?
-Fue una experiencia que me cambió la vida. España todavía estaba bajo un régimen, un sistema de vida distinto al que en Europa se vivía. Cuando llegué a Bélgica me encontré con otro estilo. Y con unos problemas que tienen los emigrantes de cara a la realidad belga, que no los quieren más que para trabajar. Les acompañaba para encontrar una pensión o un hogar. También como traductor o en visitas a los que estaban en la cárcel. Pero también me quedo con la parte buena, con las excursiones que realizábamos. Allí viví con un cura polaco y otro italiano, de los que guardo un buen recuerdo.
-También estuvo cerca de una década como profesor de Religión y como director del Colegio San Francisco de Villaviciosa. ¿Cómo fue esa etapa en la parte educativa y qué es necesario para que la asignatura vuelva a tener alumnos?
-Lo llevé muy bien y estuve encantado. Incluso en aquellos años hacíamos ejercicios espirituales en los institutos. En cuanto a lo de la gente que elige cursar Religión es una cosa individual, de la sociedad actual, como cuando llegan los que tienen un hijo y aún no se han casado y luego quieren bautizarlo. Lo que me quedo es con el trato personal y los que me recuerdan de esa etapa, en la que traté de transmitirles el mensaje de Jesús.
-¿Le preocupa la conexión de la iglesia con los jóvenes?
-Yo creo que la Iglesia es aperturista, pero tampoco se puede descafeinar el mensaje, que es el que es, pero tampoco nos exige una moral estricta. El problema es que estamos en un mundo desbordado por el bienestar, en el que parece un gran esfuerzo levantarse un domingo para venir a misa. No obstante creo que hay una vuelta por parte de los jóvenes, con un movimiento de gente que tiene interés por lo espiritual. No hace mucho, una chica que se había confirmado aquí, me dijo que tenía ganas de que llegase octubre para unirse al grupo de catequistas.
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