Opinión
Los Santos Reyes Magos hicieron acto de presencia a su paso por Villaviciosa el 5 de enero de 1929
Todos los días, alguien adelantaba un poco a los tres Reyes Magos hacia el Portal, iban montados en caballos que sujetaban, y guiaban, pajes a pie por los blandos caminos de serrín que cruzaban aquel paisaje de ficción. Bajaban de las montañas hechas de piedra y mofu situadas al fondo del portalín, cruzaban puentes hechos con corteza de negrillo y ríos de plata que movían molinos de cartón, sorprendían al pescador o a la lavandera, esquivaban el castillo del siniestro rey y adelantaban sin ningún miramiento a pastores y rebaños sin perder de vista la estrella que colgaba brillante del extremo de un hilo sobre el Portal, para estar puntualmente el día 6 de enero por la mañana ante el Nacimiento.
Siempre pensé que aquellas cabalgatas de figuras de barro, con algún caballo cojo y paje manco, que discurrían por paisajes artificiales, que desarrollaban nuestra fantasía y acrecentaban el nerviosismo, la ilusión y las prometedoras expectativas de la noche de Reyes, habían sido las únicas que habían desfilado por la historia de la Navidad maliaya, y que la primera había sido, con una aportación municipal de mil pesetas, la cabalgata de Reyes celebrada en 1960, pero no, ahora sé que hubo al menos dos precedentes.
Una no fue una cabalgata al uso, tal como la entendemos hoy, se celebró al menos durante el primer tercio del siglo XIX, y podría ser el precedente de los actuales desfiles. Se trataba de una procesión en la noche de Reyes que consistía en varios carros del país tirados por bueyes que llevaban velas encendidas en las astas, y los vecinos de la Villa vaciaban en ellos como ofrenda trigo, maíz, fabes y otros productos de la cosecha que contribuían a los gastos y ayudas de la parroquia.
La otra cabalgata, con Reyes a caballo, pajes, antorchas y toda la parafernalia, lo fue en el año 1929, y muy probablemente se trata, junto a la de Gijón, de una de las más antiguas cabalgatas de Asturias y estuvo organizada por el Ateneo Obrero de Villaviciosa.
Había recibido el Ateneo un donativo de mil pesetas –el salario de un obrero por entonces estaba en torno a las 1500 pesetas anuales-, de don Luis de la Ballina Fernández, filántropo y benefactor del Ateneo, para que la directiva del Centro lo repartiera, como en años anteriores, entre las familias más necesitadas del pueblo y pudieran celebrar la Nochebuena con un mínimo de dignidad, y para continuar con la costumbre de repartir juguetes entre los niños del Ateneo y de la Villa cuya pobreza les impedía escribir la carta a los Reyes pero no olvidar su anhelo.
Aquel año, la Directiva del Ateneo pensó hacer la entrega de los juguetes a los niños invitando a los Reyes Magos a hacerlo personalmente, organizando una fantástica cabalgata nocturna la víspera de Reyes. Para ello solicitaron automóviles particulares, que fueron cedidos galantemente por sus propietarios, para que acompañaran el fastuoso séquito cargado de juguetes y golosinas.
Anunciaba la prensa local de aquellos días el recorrido que haría la cabalgata por las calles de la Villa, envuelto en una aureola de hachones y bengalas que portarían los pajes de los Reyes, y que los heraldos y trompeteros con sus proclamas y melodías anunciarían su paso. La Banda Municipal de Música rendiría honores al paso de las reales personas que venían de Oriente, interpretando lo mejor de su repertorio en el que no faltaría “La marcha de las antorchas”, aseguraba un cronista.
“El Eco de Villaviciosa”, el día dos de enero, incluye una nota oficiosa del Ateneo Obrero, en la que incluye un cablegrama enviado desde Jerusalén, firmado por Melchor, Gaspar y Baltasar y recibido en el Centro, por el que “los Reyes Magos confirman su llegada a Villaviciosa el día 5 de enero, sobre la siete de la tarde, precediendo a su caravana portadora de mil fardos llenos de preciosos juguetes y ricas confituras que los insignes monarcas destinarán a los niños más pobres en el Ateneo Obrero”.
La Directiva del Ateneo comunica que los niños que fueran a recibir juguetes, al igual que en años anteriores, se habían de inscribir previamente en la Secretaría del Ateneo, y a la llegada de la cabalgata debían encontrarse en el Salón de Actos para no hacer esperar a SS.MM. Que en el salón se irían sentando por el orden que habían sido anotados, que podrían ir acompañados por un familiar o persona a su cuidado, y que a este acto solamente podían acceder socios del Ateneo y sus familiares, como se hace siempre en los festivales particulares de esta Sociedad.
Una hora antes de la anunciada para la llegada de SS.MM. las calles de la Villa ya estaban llenas de gente expectante, la Banda Municipal de Música efectuó un concierto para acortar la espera.
Sobre las siete sonó el primer cohete, se apagaron las luces del alumbrado público, pero la cabalgata no hizo la llegada por la carretera de Oviedo como se había anunciado, sino por la de Gijón, corrió el gentío hacia Les Escuelones para, a los acordes de la Banda de Música verlos entrar por la Oliva, y continuar por García Caveda (El Ancho), Plaza de Padilla (Carlos I), calle del Sol, Valle, Ballina y Fernández, y dar una vuelta a la Plaza de Pidal (Plaza del Ayuntamiento o Güevu), antes de entrar en el Ateneo. El numeroso público acogió con aplausos y siguió la vistosa y admirable comitiva en una manifestación de gente como pocas veces se reunió en Villaviciosa.
A la entrada del Ateneo fueron recibidos por la Directiva con los honores debidos a tan altísimas personalidades que, seguidamente, ocuparon el lugar dispuesto en el escenario del Salón de Actos, adornado con gran pompa y magnificencia. Un paje leyó la salutación de los Reyes, que realizaron elogios y alabanzas a Villaviciosa, y desearon prosperidad al Ateneo y dichas sin cuento para los ojos infantiles que extasiados contemplaban el regalo que iban a recibir, congratulándose de su grata misión “porque iban a satisfacer las ansias de los llamados a no gozarlas”.
Los Reyes Magos repartieron más de doscientos lotes de juguetes, dejando en los ñeños y ñeñes de la Villa un recuerdo imborrable e imperecedero.
Antes de que SS.MM. volvieran a montar sus caballos para continuar el reparto de regalos en otros hogares, fueron obsequiados con un ligero refrigerio, agradeciendo su visita y rogándoles la repitieran en los años venideros.
La comisión especial del Ateneo para la organización de aquella cabalgata estuvo compuesta por “don David Alonso, don Ramón Rivero y don Constantino Moriyón, y la inestimable colaboración de doña Gudelia Rodríguez, viuda de Fresno, su hermana doña Oliva Rodríguez, y las señoritas, Inés Álvarez, Generosa Suárez, Mª Luisa Martínez, Rosario Cano y María Blanco”, y por supuesto, por la nunca suficientemente agradecida filantropía de don Luis de la Ballina Fernández.
“El Eco de Villaviciosa”, recoge en primera plana la extraordinaria festividad del día 5 y de aquella primera cabalgata con este enunciado: “Los Santos Reyes Magos hicieron acto de presencia a su paso por Villaviciosa”.
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