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La muralla

Hace setecientos setenta y cinco años, el entonces rey Alfonso X, de sobrenombre El Sabio, concedió carta puebla a las gentes de Maliayo, les donó los realengos de dicha tierra, delimitó sus términos, les dio fuero para gobernarse, y les mandó facer Villa en el lugar de Buetes (afortunadamente para Alfonso X , no obstante su sabiduría, tuvo suerte que por entonces no existiera el organismo denominado Costas, que recibe indicaciones directamente de Dios de cómo se deben gestionar los usos del Dominio Público Marítimo Terrestre, de cuáles han de ser esos usos y hasta donde llega su dominio en todas partes menos en la costa andaluza y el Mediterráneo).  

Otras de las normas del Rey Sabio establecidas en la Carta Puebla, es la autorización para celebrar mercado franco y libre los miércoles y la construcción de la muralla, que los protegería de los “muchos daños e muchos tuertos que recibían de caballeros e de escuderos e otros homes malhechores que les robaban e tomaban los suyo sin su placer”, y que facilitó y  contribuyó al desarrollo y seguridad de sus habitantes.

Pere Daor, una especie de urbanista de la época,  representante del rey en Asturias, “mio homne” lo llama el rey, fue figura clave en el diseño de la nueva pola. Por mandato real había diseñado algunas de las cercas de las polas asturianas y estaba en la construcción de otras, entre ellas la de Oviedo, y fue el encargado de “departir” y establecer el asentamiento de la  puebla, en el lugar de Buetes , nombre que algunos filólogos consideran un derivado de bode, un topónimo prerromano muy abundante en Asturias que indica un lugar vinculado al agua, encharcado o pantanoso -la voz popular lo fue deformando por Güetes, y la Administración del Principado en su afán por corregir todo lo que les suene a vocablo asturiano enmendaron por Huetes, que les sonaba más refinado y castellano-. 

Pere Daor, estimó que el lugar indicado por el rey era menos salubre y algo alejado de la confluencia de caminos principales y lo llevó hacia donde estaba esa convergencia, con un terreno algo más seco, a trescientos cincuenta metros hacia el este de Buetes. Quizás don Pere era un omnisciente y otra de sus cualidades era el conocimiento absoluto de todas las cosas y evitó con ese desplazamiento, al menos hasta hoy, la intervención de Costas en la Villa, pero cayó, quizás a sabiendas y como mal menor, en manos de la iglesia, al ocupar parte de las tierras que pertenecían al monasterio de Valdediós  y llevar a los colonos y renteros que las ocupaban comofeligreses de la nueva parroquia, pues existía un orden del propio rey que prohibía “tomar las propiedades de la iglesia y admitir como vecinos a los hombres de su dependencia, a menos que dejaran libres sus heredades”. Y Valdediós se querelló ante el rey diciendo que el lugar donde se mandó hacer la puebla era de su monasterio, terrenos que les rendían ochomoyos de pan terciado cada año – el moyo o modio era una medida de capacidad de grano equivalente a unos 8,75 litros-. Durante unos años hubo un pequeño desconcierto y perturbación entre las partes, pero el asunto se solventó, tras las consiguientes pesquisas judiciales y por sentencia del rey en 1278, que ordena se le paguen al dicho monasterio 30 maravedíes anuales por los rendimientos de cereal que habían dejado de percibir tras la expropiación de los terrenos.

La construcción de la muralla, realizada con mampostería de piedra caliza extraída de las canteras locales y mortero de cal, supuso un gasto importante para la hacienda local que la fue sufragando con impuestos a las mercancías traídas al mercado y el tráfico portuario -atendiendo la petición del Concejo, la reina Isabel en 1483 concede una Sisa sobre el peso para su mantenimiento-. 

La muralla permaneció intacta hasta mediados del siglo XIX,  el continuo abandono y venta de la cerca por parte del Ayuntamiento, llevó a la casi total desaparición de la misma. El ilustrado Francisco de Paula Caveda Solares, todavía describe como se encontraba en 1807 y sus dimensiones. El derribo en 1982 de la casa conocida como de Anastasio Iglesias, puso al descubierto un trozo de la muralla en bastante buen estado de conservación. 

Un moderno “departidor”, el arquitecto Juan Pedrayes Obaya, autor de “Villaviciosa de Asturias, análisis urbano”, tesis que le valió el doctorado y libro imprescindible para cuantos quieran conocer la historia de la evolución urbana de la Villa,  autor igualmente del boceto de la maqueta de la Villa medieval recientemente inaugurada en la plaza de Obdulio Fernández, ha realizado así mismo el proyecto para la reconstrucción del trozo de cerca aparecido en la plaza del Ecce Homo, al lado de la Puerta del Cañu e inicio de la caleyina les Indies, la que fue tercera calle de la pola medieval con el nombre de calle del Espadañal. El recrecido se hará con materiales de canteras del municipio, manteniendo con total precisión las medidas indicadas por Caveda Solares: 2 metros de ancho por 5,50 hasta el paseo de ronda, con unas almenas de 0,50 de ancho por 1,12 de alto. Con ello, además de una mejora urbana, se recupera la memoria de nuestra historia fundacional hace siete siglos y medio.

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