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Opinión

Biblioteca bizarra

Marino era el hombre más feo que había pisado la biblioteca. Demasiado bajo, demasiado miope y demasiados kilos. Su manera de ser estaba condicionada por estas tres características.Marino era insignificante, corto de miras y muy pesado.

Felisa, a su vez, parecía sacada de un manual de la perfecta rata de biblioteca. Alta, rígida, rancia en su vestimenta y de pocas palabras. Miraba con aire reprobatorio a cualquiera que le dirigiera más de dos frases seguidas.

Cada vez que Marino aparecía por la biblioteca, Felisa sentía un ligero malestar. Siempre le hacía buscar libros raros que nadie solía pedir. Suspiraba aliviada cuando lo veía salir agarrado a los dos libros que religiosamente leía todas las semanas.

Aquel día Marino se empeñó en pedir un libro que estaba en la estantería más alta. Ella no recordaba haberlo prestado nunca y eso que ya llevaba en la biblioteca más de quince años.

Felisa subió a la escalera y cuando estaba a punto de alcanzar el libro, cayó aparatosamente encima de Marino.

Solo fueron unos segundos, pero cuando los ojos miopes de el se cruzaron con los ojos fríos de ella, algo parecido a una chispa se vio reflejado en ambos.

Marino salió atropelladamente de la sala y no volvió la semana siguiente.

Felisa esperó pacientemente veinte días para reclamar el libro.

Una señora mayor, baja y estrábica apareció al día siguiente con el libro y una disculpa: “mi hijo no ha podido leer los libros, trae un collarín desde el día que se le cayó encima.”

Felisa sintió que le ardía la cara de vergüenza.

Al cabo de un mes Marino estaba esperando a Felisa a la hora del cierre con media sonrisa y cinco kilos menos. En la siguiente cita, Felisa se atrevió a poner un fular naranja.

Aquello fue el principio de la más bella historia de amor jamás contada.

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