Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

El miedo como arma

Decía Hitler que al individuo se le domina mediante la emoción y el terror. Sería maravilloso que el amor fuera la emoción más poderosa que existe, pero desgraciadamente no es cierto. La más poderosa es el miedo.

El miedo no necesita cadenas visibles ni amenazas directas para ejercer control. Basta con instalarse en la mente colectiva para reducir la capacidad crítica y convertir a sociedades enteras en grupos obedientes que aceptan medidas que, en circunstancias normales serían intolerables.

Los medios modernos han perfeccionado el uso del miedo como herramienta de influencia social, repitiéndolo con precisión quirúrgica. Primero crean la amenaza, la enfermedad, el conflicto (quien habla ahora del Covid?). El mensaje es siempre el mismo: el mundo es un lugar hostil y no tenemos control sobre lo que ocurre.

Nos mantienen en alerta continua con un el único objetivo de cercenar la capacidad de reflexión. Vivir en alerta implica que nuestra mente esté permanentemente orientada a la supervivencia. Esto anula la capacidad de pensar y propicia que busquemos seguridad y protección. Esa es la base del mecanismo de control.

Se trata de que percibamos el miedo como una condición natural de la realidad. Poco importa si es real, lo importante es mantener el estado emocional adecuado.

Y entonces crean la segunda fase del proceso: la solución.

Presentan una medida que promete devolver la seguridad. Puede ser una nueva ley, la restricción de libertades, el control financiero (han visto que quieren hacer desaparecer el dinero físico?). Da igual el mecanismo que usen, el asunto es que lo que podría parecer inaceptable comienza a verse como razonable.

Se trata de que terminemos aceptando voluntariamente lo que en realidad es una amenaza. Cuando mayor es el temor colectivo menor resistencia encuentra el poder para establecer mecanismos de control.

Por supuesto existen crisis y amenazas reales. La diferencia está en cómo se utilizan emocionalmente. El miedo no informa pero sí condiciona. Una sociedad asustada es más dócil, discute menos y obedece más.

Además, el miedo divide. Hace que las personas sospechen unas de otras, que busquen culpables. Cuando el miedo domina, la prioridad deja de ser la libertad y pasa a ser la protección, aunque implique la pérdida de derechos.

A nivel social ocurre algo parecido. Una población aterrorizada deja de proyectar futuro. Solo intenta evitar el próximo desastre anunciado. Y una sociedad sin esperanza es mucho más fácil de dirigir.

No se trata de negar la realidad, sino de desarrollar criterio propio y aprender a distinguir información de manipulación emocional.

Nuestra salud mental y capacidad de pensamiento crítico pasa por reducir la dependencia del bombardeo constante de noticias y establecer momentos de reflexión y análisis.

Quien controla el miedo de una sociedad, termina influyendo en sus decisiones, sus límites y su idea misma de libertad.

Tracking Pixel Contents