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La edad del pavo

Hace unos días, un periódico local publicó un artículo muy peculiar sobre el atropello fatal de Pavarotti, un pavo real que solía pasear su palmito por la zona alta de Oviedo con el orgullo y la satisfacción que les da a los pavos saberse atractivos y admirados. El artículo en cuestión titula: “Se murió en mis manos”. Y cuenta como un vecino de la zona quedó en shock al ver que el coche que lo atropelló se dio a la fuga.

“No murió, lo mataron”, afirma la dueña de una cafetería que, entre otras cosas, dice que está muy decepcionada ya que Pavarotti era uno más de la familia. Esa hipérbole me resulta chocante, comprendo que le tenga simpatía al animalillo, que incluso le haya cogido de recuerdo unas plumas, pero de eso a tenerlo en la misma consideración que a su cuñado o a su sobrina hay un mundo.

Es típico de cobardes e irresponsables darse a la fuga y quien lo atropelló debería haber parado el coche y afrontar la situación. Pero, ¿no estamos exagerando un poco el afecto extremo por esos animales que ni siquiera son las mascotas que nos reciben con alegría cada día?

La que suscribe no tiene muchas simpatías por los pavos porque son unos creídos y viven para lucirse, además dice la IA que no participan en la crianza de los polluelos y que crean harenes en los que la hembra lo hace todo. Menuda cara.

El día siguiente 500.000 personas vieron en X la noticia del día en Gijón: un hombre retorció el cuello a una gaviota que le había robado en pincho y la azotó en el suelo hasta matarla. El hombre estuvo en el calabozo durante cuatro horas y ha sido acusado de maltrato animal. No justifico su conducta, me imagino la violencia del momento y debió ser muy desagradable; pero tampoco me simpatizan las gaviotas porque son animales aviesos que pueden destrozarte el coche con sus excrementos, pegarte un susto de muerte y dejarte sin empanada.

Por eso la concejalía de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Gijón está organizando charlas que se titulan: ¿Qué pasa con las gaviotas en Gijón? Conocerlas para convivir".

No quiero ser demagoga, pero ¿y si se dieran también charlas para ayudarnos a convivir entre nosotros que también somos un poco pavos y bastante carroñeros? Feliz domingo.

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