Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

La televisión, fábrica de famosos inútiles

Vivimos tiempos en que todo vale y la televisión está contribuyendo de manera alarmante a convencer a los jóvenes de que el esfuerzo no vale la pena, que la fama es más importante que el mérito.

El mensaje es devastador. La conclusión que extraen los jóvenes al observar que la televisión premia a personas cuya habilidad consiste en discutir delante de una cámara o contar detalles de su vida privada, es que estudiar durante años para obtener un título puede conducir a salarios modestos, mientras que participar en un programa de chismorreo o del corazón, no solo les proporcionará ingresos sino también notoriedad y una legión de seguidores.

La cultura popular ha sustituido a los ídolos por los “influencers” y la diferencia no es pequeña. La industria de la influencia digital gira alrededor de la exposición constante de la vida privada, el consumo ostentoso y la búsqueda obsesiva de visibilidad.

La pregunta ha dejado de ser ¿qué quiero llegar a ser? para convertirse en ¿cómo puedo hacerme famoso? Hemos perdido de vista que “la carreta que más suena es la que va vacía”. La idea de fondo es que no hace falta crear, descubrir, construir o aportar nada a la sociedad para ser admirado y rico. Mientras un estudiante pasa años preparándose para ser médico, ingeniero, profesor o investigador, la televisión premia a personas cuya única habilidad es crear polémica.

Cómo va un adolescente a valorar la educación cuando el propio sistema mediático compensa exactamente lo contrario. La notoriedad ha dejado de ser la consecuencia de una contribución relevante para convertirse en un producto de consumo. Esta dinámica no solo degrada el nivel de formación de los jóvenes también empobrece de manera importante sus aspiraciones.

Es vergonzoso constatar como científicos, emprendedores, investigadores y docentes que contribuyen al bienestar colectivo, tanto ellos como sus logros son prácticamente invisibles porque no alimentan la maquinaria del espectáculo.

Sin lugar a duda aún muchos jóvenes seguirán apostando por la formación, el trabajo y la superación personal. Pero sería ingenuo negar la influencia de unos medios que glorifican la fama vacía y han convertido la mediocridad en un logro plausible.

Una sociedad preparada, innovadora y próspera, no presenta como héroes a quienes no han hecho nada digno de admiración más allá de vender su intimidad al mejor postor. La fama sin mérito no es un ejemplo de éxito. Es el síntoma de una sociedad que ha confundido el reconocimiento con el valor, la popularidad con la excelencia y el espectáculo con el verdadero logro.

Cuando un país admira más a los protagonistas de un reality que a sus científicos, ingenieros o profesores, el problema ya no está en la televisión. Está en nuestra escala de valores.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents