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El duro confinamiento en la Casa Malva: “Sabíamos que muchas mujeres necesitaban salir de su casa con urgencia"

La casa de acogida temporal funcionó de marzo a junio, se llenaron las doce plazas

El pesado portón de entrada de la Casa Malva se abre en un chirrido. Muchas veces, suena a alivio. El responsable de seguridad en la entrada llama Noelia Bada, psicóloga del recurso –con una casa de acogida y veinte pisos tutelados para mujeres víctimas de violencia de género–. “Pasa, vamos a una sala para estar tranquilas”, saluda Bada.

Hay calma en el centro, pero nada tiene que ver con el silencio del primer día de confinamiento por la crisis del covid-19 (el 15 de marzo de 2020). Entonces, el timbre machacón del teléfono no sonaba. Ni siquiera un rápido “ring” del telefonillo de la puerta. La nada absoluta que hizo saltar todas las alarmas de responsables y plantilla: “Sabíamos que muchas mujeres estaban sufriendo y necesitaban salir de su casa con urgencia, nuestro trabajo se centró entonces en dar visibilidad al recurso”. Lo consiguieron. Durante los meses de confinamiento domiciliario, fue necesario abrir un centro temporal.

La sala de la Casa Malva está pintada en blanco y es muy amplia. Mesas largas con sillas pegadas: “Fue necesario cambiar por completo nuestro plan de trabajo, obviamente. Aquí se hizo el confinamiento, como lo hizo toda la ciudadanía”, explica la psicóloga. Y hace hincapié, muy orgullosa, en que “tanto las mujeres, como los niños y niñas que estaban en la Casa Malva aceptaron las medidas de forma extraordinaria, a pesar de lo complicado de su situación”. “Tuvieron que encerrarse en un domicilio, tras haber pasado por una situación de violencia. Emocionalmente, es muy duro”, añade la psicóloga.

El trabajo dentro de la Casa Malva estaba ya adaptado, pero la preocupación por las mujeres que estaban en riesgo con sus maltratadores iba en aumento. Se centraron entonces en una campaña para que las víctimas pudieran acceder a la Red de Casas de Acogida del Principado de Asturias. “Esa campaña incluyó difusión en prensa y un contacto aún más directo con los servicios con los que trabajamos habitualmente”.

Son estos servicios los que derivan a la mayoría de las mujeres. Aunque la puerta, literalmente, siempre se abre a las víctimas. Según Bada, “las mujeres pueden acceder al recurso, simplemente, llamando al timbre de la entrada. No es lo habitual, no son la mayoría, pero a veces ocurre”.

Incluso, alguna vez durante el confinamiento. Porque la campaña de sensibilización empezó pronto a hacer efecto. “A medida que pasaban los días, fuimos recibiendo algunas llamadas. Fue entonces cuando se puso en marcha el recurso de emergencia”. La casa de acogida temporal funcionó de marzo a junio, se llenaron las doce plazas.

Con el final del confinamiento, ese recurso ya no fue necesario. “Cada mujer tiene una situación diferente, por eso cada mujer tiene un tiempo distinto dentro de las casas de acogida”, explica la psicóloga, caminando ya hacia la salida. Si una mujer precisa de todas las etapas de acogimiento para su recuperación, casa de acogida y piso tutelado, el tiempo de estancia alcanza los dos años. “Lo ideal es que cada mujer deje el recurso cuando esté preparada, cuando haya finalizado ya su recuperación”, apunta Bada. El portón de la Casa Malva se abre, otra vez el chirrido. Antes de despedirse, la psicóloga hace un último apunte: “Es importante decir que pueden salir de su situación. Que será un camino difícil, a veces también bonito. El objetivo final es que sean mujeres libres, que vivan sin miedo”.

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