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Especial #25N

El centro de crisis para víctimas de agresiones sexuales de Asturias cumple un año: “Tranquila, a partir de ahora no estás sola”

Fue el primero que ofreció apoyo legal y acompañamiento a las mujeres

De izquierda a derecha, Victoria Eugenia Nieves Iglesias, psicóloga del Centro de Crisis para Víctimas de Agresiones Sexuales; Victoria Carbajal, coordinadora; Ana María González Martínez, abogada; Nuria Varela, directora general de Igualdad del Principado, y Manuela Suárez Granda, coordinadora contra la Violencia de Género de la Dirección General de Igualdad. | Fernando Rodríguez

Desde hace un año, en Asturias, las víctimas de agresiones sexuales no están tan solas. En noviembre de 2020 echó a andar el Centro de Crisis para Víctimas de Agresiones Sexuales, pionero en España, y durante sus primeros doce meses han pasado por él 134 víctimas, más 69 familiares que también han requerido ayuda, para ellos o para dar apoyo a las agredidas. Más allá de cifras y estadísticas, cada caso cuenta. Un equipo formado por psicólogas y abogadas ha atendido a lo largo de este tiempo a alguna niña de 12 años, a varias quinceañeras, a mujeres en la sesentena, sobre todo a mujeres españolas pero también a inmigrantes y a turistas que han sido objeto de alguna agresión durante su estancia en la región. A primera vista no tienen muchas cosas en común, las hay de todas las edades, de todos los extractos sociales, con trabajo y sin él, sin estudios y con formación superior. Si se pregunta por algún denominador común, por algo que haga a una mujer o a una niña más susceptible de ser agredida sexualmente, Nuria Varela, directora general de Igualdad y del Instituto Asturiano de la Mujer, responsable de la puesta en marcha del Centro, responde con rotundidad: “El único factor de riesgo para sufrir una agresión sexual es ser mujer”.

El Centro de Crisis para Víctimas de Agresiones Sexuales no es una casa de acogida, es un servicio de acompañamiento, de asesoramiento. Su prioridad es que las mujeres se recuperen y retomen sus vidas, del modo y al ritmo que cada una necesite. El propósito es que no se sienta solas, ni ellas ni su entorno. El Centro tiene sus dependencias en Oviedo y da servicio a toda Asturias. Una llamada telefónica o un mensaje, un SMS o un WhatsApp, y el mecanismo se pone en marcha. Victoria Carbajal, abogada y coordinadora del Centro, cuenta que todo empieza así, con una llamada de los equipos que atienden el “016”, el teléfono de atención a las víctimas de violencia de género, o quizá de la Policía Local o desde algún hospital. Las profesionales del Centro de Crisis se ponen en marcha inmediatamente. Contactan con Transinsa, la empresa que gestiona las ambulancias en Asturias y gracias al convenio suscrito con ella disponen de inmediato de un vehículo con el que podrán ir en busca de la mujer. Un automóvil, por supuesto, sin ningún distintivo en el que trasladarse discretamente. A veces una abogada, a veces una psicóloga –el Centro dispone de seis y seis, trabajando a turnos– y a veces abogada y psicóloga la recogen y le dan soporte durante esas primeras horas en las que las víctimas están en shock, desorientadas y vulnerables. Van con ella al hospital si aún no ha pasado por él, a poner una denuncia si es que ella quiere y está en condiciones de hacerlo, la acompañan y se asegura de que en la medida de lo posible se quede tranquila en su domicilio. Si no puede volver a él, porque la agresión se produjo a manos de alguien con quien comparte casa, le buscan alojamiento temporalmente. Las profesionales del Centro de Crisis se encargarán de concertar las citas con los cuerpos de seguridad, con los abogados, con los servicios médicos.

Victoria Carbajal, abogada y coordinadora del centro: “Se puede salir y se sale de ese trance, ese es un mensaje que hay que transmitir; no se olvida, pero se puede vivir y ser feliz”

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“Hasta ahora ninguna mujer ha rechazado nuestra ayuda. Llegamos y les decimos: ‘Tranquila, a partir de ahora no estás sola”, asegura Victoria Carbajal. La coordinadora del Centro de Crisis afirma que se atiende a las víctimas sin condiciones, “a quien quiera y a quien no quiera denunciar. Esa no es la meta. La meta es la supervivencia y la recuperación de la mujer y debemos respetar sus tiempos”.

“Hay que ser muy fuerte para poner una denuncia y nosotras tenemos que decirles la verdad. Van a tener que contarles su historia a abogados, psicólogos, jueces, forenses... Es como desnudarse delante de todo el mundo, te van a preguntar y te van a preguntar de todo”, reconoce la coordinadora del Centro. “Hay algunas que prefieren pasar página y ahorrarse ese calvario, en el que además de revivir la agresión van a sentirse culpadas y cuestionadas”, explica. Unas se siente mejor denunciando y para otras es mejor no hacerlo, y Victoria Carbajal las entiende a todas, aunque ella, desde luego, prefiere que el delito no quede impune.

Al Centro de Crisis también acuden familiares y amigos, 69 personas en lo que lleva abierto. Lo más frecuente es que sean madres de las víctimas –en el 58 por ciento de las ocasiones–, pero también padres, otros familiares, amigas y amigos y parejas. Unos piden información para poder ayudar a la víctima, otros necesitan ellos mismos la ayuda para afrontar lo sucedido, porque la violencia sexual también daña a los que quieren a la víctima.

Entre las mujeres que han pasado por el Centro el porcentaje de denuncias es elevado, el 67 por ciento, cuando la media nacional está en el 8 por ciento. “Estos son los delitos que menos se denuncian”, hace notar Varela, satisfecha no por los datos sino porque, en ese sentido, “el balance de funcionamiento en el primer año de actividad es muy positivo”. Para Victoria Carbajal lo más gratificante es “ver la cara de alivio de cada mujer a la que prestamos ayuda, cuando eso sucede me dijo: ‘Por esto es por lo que me dedico a esto y por lo que duermo tan bien por las noches”.

“El Centro era necesario y se ha difundido mucho”, indica Varela. Se accede a él a través de un teléfono móvil, el 677 985 985, al que se puede llamar, enviar un mensaje de texto o por WhatsApp, cualquier día y a cualquier hora. El goteo de llamadas y mensajes, desgraciadamente, es continuo. Desde noviembre del año pasado han atendido a unas 20 personas de media cada mes. y abrieron 107 expedientes. Algunas mujeres fueron redirigidas a otros servicios más idóneos para ellas. Más de la mitad de los casos de los que el Centro de Crisis se hizo cargo, el 65 por ciento, fueron agresiones sexuales, 70 en total; atendió 10 casos de acoso sexual; 7 de abuso sexual y nada menos que 20 de abuso sexual en menores –el 20 por ciento de todos los casos atendidos–. Por debajo de los 12 años los niños son derivados al sistema de protección de menores.

La atención es personal, no puede ser de otro modo, no hay dos casos ni dos mujeres iguales. Hay mujeres y niñas que llegan poco después de que se haya producido la agresión, que necesitan calmarse y que se las acompañe al hospital, otras veces buscan directamente asesoramiento legal. Las trabajadoras del Centro de Crisis las acompaña a hacer la denuncia, si así lo piden, y se continúa con ese acompañamiento durante todo el tiempo que dura el proceso, judicial y personal. “Lo primero que tienen que hacer es recuperarse”, afirma Varela. Las psicólogas decidirán cuantas sesiones de terapia –presencial, telefónica o telemática– requiere su caso, siempre de acuerdo con las víctimas, y en cuanto al procedimiento judicial, el acompañamiento durará años, hasta que haya una sentencia y el caso quede cerrado, indica Carbajal.

El Instituto de la Mujer quiere cambiar “el paradigma, que se deje de juzgar a las víctimas y se juzgue a los agresores, que se ponga el foco sobre ellos”, para que las mujeres y las niñas que son objeto de una agresión sexual no se sientan humilladas y culpabilizadas públicamente.

“Se están dando pasos de gigante”, afirma Victoria Carbajal, que desde hace 20 años se ha volcado profesionalmente en la defensa de las víctimas de estos delitos. El Gobierno regional y los medios de comunicación regionales han firmado un convenio para que el tratamiento informativo sea sensible con las víctimas, hay un convenio con la Policía Nacional, otro con los colegios de abogados de Oviedo y Gijón, a cuyos letrados se les está ofreciendo una formación específica que, según Carbajal, no tiene parangón en España. La coordinación entre organismos y servicios es una de las bazas que Asturias ha sabido jugar en esta partida.

El Principado se proponía servir de referencia nacional con su Centro de Crisis para las Víctimas de Violencia Sexual, una experiencia inédita en España, y durante los últimos meses no paran de llegar consultas y peticiones de información sobre su funcionamiento desde otras comunidades. Incluso desde otros países, porque su equipo mantuvo recientemente una videoconferencia con mujeres de la República Checa interesadas en este proyecto.

Su coordinadora está satisfecha con el balance de este primer año y con la repercusión de la iniciativa, pero sin perder de vista la finalidad de este pionero recurso. De la oscuridad en la que una agresión sexual hunde a su víctima “se puede salir y se sale, ese es un mensaje que hay que transmitir. No se olvida pero se puede vivir y volver a ser feliz”, promete Carbajal, con su larga experiencia, y no hay porque hacerlo solas.

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