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Tituladas en feminismo: así es la formación profesional En igualdad

El IES N.º 1 de Gijón y el CLFP Cerdeño ofrecen un ciclo de grado superior que habilita para promover la equidad

Alumnas y docentes del ciclo de Promoción de la Igualdad de Género, en la plaza Mayor de Gijón. MARCOS LEÓN

Es de noche, el día 25 de noviembre de 2021. Un grupo de mujeres gritan a una sola voz: “No estáis solas”. Un fotoperiodista las inmortaliza: un brazo en alto, pancartas, mascarillas moradas. Y parece que esto tiene poco que ver con lo que sigue, pero, al final, todo encaja.

En esa aula del Instituto de Educación Secundaria Obligatoria (IES) Número 1 de Gijón hay mucho más que libros, pizarras electrónicas y una clase de teoría. En esa clase del IES Número 1 se respira el mejor de los ambientes: el de personas que quieren, poco a poco, cambiar el mundo. Es una clase del ciclo de grado superior de Promoción de la Igualdad de Género, una Formación Profesional que solo se imparte en dos centros en Asturias: en el IES Número 1, donde se ha elaborado este reportaje, y en el CIFP Cerdeño (Oviedo).

Esto va de contenidos y de exámenes, claro, pero también de mucho más. Nuria Saavedra abre a LA NUEVA ESPAÑA la puerta del IES Número 1. Es feminista comprometida y docente del ciclo: “Como decimos aquí, este ciclo va de ponerse las gafas moradas y de cambiar el punto de vista”.

“Sí, y cuando te las pones, ya no te las quieres quitar”. La que responde es Fran Santiago, alumna de primero. Se matriculó por motivos personales: “Lo estaba pasando mal y una amiga me habló de este ciclo. Me dijo: ‘Fran, vete. Seguro que te irá bien’. Y me está viniendo muy bien, efectivamente. Me siento empoderada y estoy empezando a ver el mundo de otra forma”, apunta. Tiene 43 años, anteriormente había estudiado Administración y Finanzas.

“El 80 por ciento del alumnado que se matricula en este ciclo viene de otras formaciones”, apunta Saavedra. Un 40 por ciento de FP, otro tanto de la Universidad. El objetivo de estas estudiantes es “dar un enfoque de género a los conocimientos previos que ya tenían”.

en primer término, pau jutglar, el único chico de la clase, y fran santiago. |

Es el lugar adecuado. El plan de estudios incluye asignaturas comunes con otros ciclos, pero la mayoría son específicas de la formación en igualdad. “Información y comunicación con perspectiva de género”, “Prevención de la violencia de género” y “Ámbitos de intervención para la promoción de la igualdad”. También “Participación social de las mujeres”, “Intervención socioeducativa para la igualdad” y “Proyecto de promoción de igualdad de género”.

“Lo que más me sorprendió del ciclo, de hecho, fue el contenido. No esperaba un itinerario tan completo, ni que nuestras profesoras estuvieran tan implicadas”, afirma Paula Arias. Y aclara a renglón seguido y entre algunas sonrisas de las docentes: “No es por hacer la pelota”. Ella es una de las pocas que llegan directamente desde Bachillerato: “No tenía claro lo que quería estudiar, pero me pareció que este ciclo era una opción muy interesante. De todo lo que he aprendido hasta ahora, lo que más me llama la atención es la diversidad”.

El ciclo de Promoción de la Igualdad no habla solo de feminismo. Con esas “gafas moradas”, las alumnas aprenden a reconocer toda la diversidad desde la perspectiva que solo da la formación en igualdad: “Hay muchísimas personas, muchísimas formas de entender la sexualidad y la vida. Y todas las personas merecen eso que parece tan obvio, pero que no siempre se tiene: el trato igualitario”, añade la joven Paula Arias.

Aceptar la diversidad y, por qué no, también poner nombre a tantos comportamientos instaurados en la sociedad y que van haciendo mella en las mujeres: el “te ayuda en casa, es un buen hombre”, o el camarero que siempre entrega al hombre la cuenta para que pague. “Sí, por ejemplo, ‘los micromachismos’. Es algo que llevo sufriendo toda mi vida, que creo que todas hemos sufrido alguna vez, y no sabía ponerles nombre”, apunta la alumna Elena Martínez.

Hay “cara B”, como siempre. Y en este caso son los comentarios del entorno que reciben las alumnas de este ciclo formativo. A Laura Palacios, algunos chicos le han dicho que lo que estudia es una tontería. Aún más: “Que solo aprendo cosas para creerme superior a los hombres”. “Me han dicho de todo, ¿sabes? Pero yo no los escucho, porque he aprendido a rodearme de la gente que entiende de verdad de qué va la vida, de cómo son las cosas y de todo lo que queda por andar”. Parece obvia la pregunta que sigue: “¿Y tú qué les respondes?”.

No hay desperdicio en lo que sigue: “Que se formen, que empiecen a mirar algo en Google y luego que sigan leyendo y estudiando”. Hay aplausos en clase, algunas alumnas le palmean la espalda: “Qué buena, tía”, sonríen.

El femenino que acompaña a cada sustantivo de este reportaje no es casualidad: las mujeres son, en el ciclo de grado superior de Promoción de la Igualdad, mayoría absoluta. Solo hay dos chicos matriculados en primero, hoy en clase solo está Pau Jutglar: “Yo, como Fran (que, en realidad, es Francina), también me matriculé por un tema personal. Tendrían que venir muchos más hombres, porque estoy cambiando mi punto de vista en muchas cosas que veía distinto”.

¿Que por qué no hay más hombres en la clase? Responde, como un resorte, Palacios: “Porque muchos no quieren saber. No es que no sepan, ¿eh?, es que no quieren saber. Porque formarte en igualdad les quita privilegios que tienen desde siempre”.

También les abre los ojos, apuntan las docentes: en que no pasa nada si no eres el que lleva “el peso de la casa”, en que puedes llorar en público, en que cualquier color te representa. Al otro lado de la clase, opina Coral Pablos: “Tienen que venir ellos aquí también. Sobre todo, los que dicen que hay igualdad ya… los que utilizan términos peyorativos para el feminismo. Esa gente tiene que formarse”.

Que nadie se engañe. Aunque la clase que hoy se plasma en este reportaje parece una charla sobre feminismo, el ciclo de Promoción en Igualdad está lleno de contenido y habilita a sus alumnas para un nicho del mercado laboral que está en alza: técnicas en igualdad, técnicas de apoyo en materia de igualdad afectiva de mujeres y hombres, entre otros.

“Eso está muy bien, aunque a mí me parece muy interesante el ámbito de la sexología y me gustaría seguir formándome en este sector”, apunta una de las alumnas. Quizá la única que no tiene previsto, en principio, dedicarse a la labor asistencial. Al trato con las víctimas. “Lo que de verdad me atrae es ayudar a las mujeres que han vivido una situación de maltrato o que están sufriendo una situación de desigualdad laboral o de otro tipo”, explica Coral Pablos. Su compañera Fran Santiago menea la cabeza: “Hay que ayudar. Ayudar, ayudar y ayudar”.

Llega la hora de cambio de clase y hay que despedirse. Nuria Saavedra acompaña a los visitantes y les enseña los nuevos recursos y materiales que han conseguido para la formación: “Al principio no teníamos nada, la verdad. Ahora vamos creciendo”. Hay pizarras interactivas, una sala amplia y una biblioteca con títulos feministas que cada día crece más.

Acompaña a los visitantes por unas escaleras estrechas, ya a punto de salir a la calle. Va explicando: “Lo que hacemos nosotras es intentar que todo lo que aprenden en clase lo lleven a la práctica en su día a día. Que empiecen a aplicar todo lo que aprenden desde el minuto cero, que todas las lecciones que aprenden las lleven a la calle”.

Abre la puerta, mira al fotoperiodista un momento: “Como cuando nos vimos en la concentración del 25N, ¿te acuerdas, no?”. Y él se acuerda. Porque, ya lo sabíamos desde el principio: al final, todo encaja.

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