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Elena Fernández-Pello

Muñecas liberadas

El Ministerio de consumo convoca una huelga de juguetes contra la publicidad sexista

Tienda de juguetes.

En el caso de que hoy se tropiecen con un piquete de peluches bloqueando el paso al lugar en el que suelen entretenerse sus hijos, o si los niños se les quejan de que las articulaciones de sus Playmobil están extrañamente rígidas o de que los bebés llorones no dejan escapar ni un sollozo, es muy posible que sus juguetes hayan ido a la huelga. El Ministerio de Consumo ha convocado a los ciudadanos a movilizarse para acabar con los estereotipos sexistas en la publicidad de los juguetes y lo ha hecho llamando a la inmovilización de los juguetes durante el día de hoy.

“Un juguete que solo puede jugar con el 50 por ciento de los niños no es un juguete feliz”, proclama desde una tribuna un muñeco con apariencia de superhéroe en el vídeo promocional de la campaña ministerial, una animación muy al estilo Disney.

Me imagino a los juguetes como en el cuento del “Soldadito de plomo”, conspirando contra la tiranía del patriarcado y lanzando a la hoguera biberones, casitas de muñecas y sets de maquillajes imposibles, casualmente todo muy rosa y con mucho brilli brilli.

No son los juguetes los que perpetúan los roles de género entre los niños, sino la publicidad que debe hacerlos apetecibles a sus ojos y a los de quienes se los compran. Aunque las cosas han cambiado mucho en los últimos años, aún se pueden ver en los catálogos de juguetería, que en estas fechas inundan los buzones, a las niñas empujando los cochecitos de bebé y a los chiquillos trajinando en los circuitos para coches.

La mayoría, sin embargo, ha optado por una política más equitativa y jugando a las cocinillas muestran juntos a un niño y a una niña. Eso sí, en el capítulo de disfraces, ellas siguen vistiéndose de princesas y ellos de superhéroes.

Es difícil sustraerse al imperativo social y al reparto tácito de actividades por género. Las mujeres están hechas para los cuidados, dicen, los hombres para la competición.

Es una cuestión hormonal, cultural, una imposición, una tiranía. Por mucho cuidado que uno ponga, siempre habrá alguien que detecte cierto tufillo patriarcal, machista, poco igualitario y nada amigable para con las mujeres y las minorías.

La campaña contra el sexismo en los juguetes resulta ridícula para unos, irritante para otros, indignante para los más exaltados, pero hay que reconocerle la gracia y el haber propiciado cierto debate sobre cómo contribuimos a propagar ciertos estereotipos de género sin ni siquiera reparar en ello.

Otra cuestión, más peliaguda, es lo que se haya gastado en la campaña, pudiendo haberlo empleado en algo más tangible y más urgente. El Ministerio de Consumo tendrá que rendir cuentas sobre ello.

Mientras eso sucede y durante el día de hoy, mucha atención. Los juguetes están en huelga. Los niños andan desocupados y ante ellos los adultos están desarmados.

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