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Terminado, el libro empieza
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Blog Terminado, el libro empieza - María José Barroso Crespo

María José Barroso Crespo

He vivido siempre entre palabras como periodista, documentalista, escritora ocasional y eterna aspirante a bibliotecaria.

Sobre este blog de Cultura

El escritor Carlos Fuentes da título a este blog porque esa frase es certera. Tras la labor del escritor, comienza la de cada lector que reinterpreta el libro y lo hace suyo. En este espacio quiero co


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  • 24
    Febrero
    2017

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    Delibes Biblioteca Nacional exposición

    Cincuenta años con Mario

    “La devoré en una noche”, “me he reído muchas veces”, “tu novela es alucinante”. Hemos pasado cincuenta años con Mario y siguen sonando frescas, atinadas y compartidas las alabanzas que Fernando Lázaro Carreter, Jorge Guillén o Antonio Buero Vallejo dedicaron al monólogo que protagonizó Carmen Sotillo ante el difunto Mario. La imagen de una época que Miguel Delibes plasmó negro sobre blanco mantiene intactos sus contrastes y cualquiera puede verse reflejado en la fotografía. Ahora y entonces.

    El poeta Jorge Guillén vio en ella música y humor. En una carta remitida a Delibes en mayo de 1967 valora la obra como “una “invención satírica con gran ingenio” y confiesa que “a pesar del velorio, yo me he reído muchas veces. ¡Y qué sabias repeticiones, como un concierto musical!”

    Con trazos juguetones, otro gran poeta de su generación, Gabriel Celaya, hace gala de su amistad e ironía entrañable en una cariñosa reprimenda a Delibes: “Amparitxu está enloquecida con tus Cinco horas con Mario. Con razón. Pero hasta cierto punto ¡caramba! porque creo que me ve un poco en Mario y eso va a tener que explicármelo vd.  sr. Delibes.”

    En noviembre de 1967, Antonio Buero Vallejo también le remite otra misiva, plena de admiración. Con letra breve y afinada, confiesa: “Esta noche no he dormido por tu culpa”. El dramaturgo muestra su asombro por los paralelismos entre su obra teatral “El Tragaluz” y “Cinco horas con Mario”. “Nos hemos plagiado el uno al otro por el aire, sin saberlo. Pero las dos obras sí tienen inspiración y causa común: nuestra guerra en el pasado.”  Buero admite sin paliativos la innovación estética y la profundidad alcanzada por Delibes. “Tu novela es alucinante, sensacional; quizá tu mejor libro hasta ahora. Chorrea verdad de la honda, porque, literariamente, has encontrado la forma a la altura de nuestro tiempo.”

    Por cierto, que Buero Vallejo encabeza esta carta con una frase que podríamos emplear todos entonando el mea culpa: “Debo disculparme del viejo vicio español de no leernos los unos a los otros con la asiduidad debida.” Amén.  

    Otro de los que se quedaron con Menchu velando a Mario fue el académico Fernando Lázaro Carreter, quien le dedica el máximo elogio moderno, el que podría aparecer ahora en cualquier faja o contraportada de cualquier best seller. “La devoré en una noche. Excepcional, absolutamente de primera línea”.

    El fervor y la admiración de los grandes contemporáneos (y sobre todo amigos), da un valor añadido e incalculable a una novela con cifras record en reseñas, artículos, libros, traducciones y ejemplares, a las que hay que añadir las del éxito teatral protagonizado por Lola Herrera, quien donó a Menchu su genuina voz y su bello rostro para el imaginario colectivo. Siempre será ella.

     “Pocos textos españoles habrán dado más pretexto a tantos estudiosos nacionales y extranjeros como han metido en él la cuchara”, escribió Carmen Martín Gaite. Entre tantas valoraciones, Delibes admitió su gran asombro porque nadie se reconoció en ella; esto es lo que más me chocó, personas de las que yo había tomado frases enteras, discursitos enteros, tics, pues nada,  me decían lo bien que lo habían pasado leyendo mi novela, cuánto se habían reído, cuánta razón tenía, y yo no salía de mi asombro”. ¿La imagen de una sociedad que no se reconoce en su espejo o la hipocresía que le impide reconocerlo?

    La Biblioteca Nacional muestra estos días los cincuenta años de la historia de Mario y Menchu. Contemplarla es avanzar por el túnel del tiempo, con el soniquete de fondo de las voces de nuestros abuelos. La imponente escalinata del edificio permanece a la sombra mientras el sol de mediodía baña los jardines que lo rodean. Parejas, grupos de visitantes y algún solitario animan el vestíbulo de la zona dedicada a las exposiciones hasta que, con cierto despiste, encuentran por fin la escalera que desciende al Museo y, a continuación, tras la penumbra luminosa de cada sala, desembocan en la de las Musas, donde espera Delibes y sus “Cinco horas con Mario”. Un par de señoras que podrían haber encarnado a Menchu sin perder su empaque se apartan del grupo para comentar el aspecto de los asistentes a la celebración del éxito teatral en 1980. Una joven pareja mira con curiosidad los papeles atrapados tras el cristal y ella le resume a él su contundente valoración de la obra: “Está muy bien. Es de un humor negro que te cagas”.

    Parece que, por fortuna, las nuevas generaciones seguirán “metiendo la cuchara” en la inmortal obra de Delibes.

     

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