Al Ateneo Jovellanos y a Luis Díaz Tejón, sinceramente gracias

10.05.2008 | 04:32

Soy una apasionada de la Cultura con mayúsculas. Recientemente acabo de llegar de Italia, un país que visito por primera vez, y jamás había contemplado el arte como me ha ocurrido en esta ocasión. A mi edad no dejo de tener curiosidad por descubrir el mundo y las maravillas que alberga. Estas líneas van dirigidas al Ateneo Jovellanos de Gijón y a Luis Díaz Tejón.
El pasado 28 de marzo emprendí viaje a Florencia y Roma de la mano del Ateneo Jovellanos, que ha tenido el acierto de llevar a Luis Díaz Tejón, un auténtico «licenciado en Historia del Arte», como guía; sobre todo para los que no sabemos mucho de arte, como es mi caso. Pero lo cierto es que la belleza por sí sola entra por los ojos, pero el significado que le da el artista si no se tienen unos conocimientos básicos se pierde, pasando totalmente desapercibido. Luis Díaz Tejón ha sabido transmitírnoslo porque lo vive de tal forma que es el propio autor el que habla. Desconociendo todo en arte, no me imaginaba escuchando a Luis Díaz Tejón, que en ello entraba, además de la arquitectura, ingeniería, astrología, historia, geografía, música... e incluso filosofía.
En Roma, a la Capilla Sixtina no fue todo el grupo. A los que fuimos, Luis nos explicó lo que íbamos a ver; y esto a mí personalmente me sirvió para ver en la Capilla lo que significaban de verdad sus pinturas, la belleza que todo lo inunda...
Lo mismo con el «Moisés» y con «La Piedad», de Miguel Ángel. Nos contó anécdotas como que Miguel Ángel siempre dijo que si cogías un trozo de mármol, la escultura estaba dentro y lo único que hacía falta era quitar lo que sobraba. Curiosidades como éstas las decía cuando era el momento preciso.
En Florencia, contemplando «Las Puertas del Paraíso», si no fuera por don Luis Tejón no hubiera podido comprender, ni siquiera leyendo en un libro, lo que él transmitía, parecía que él era el artista. Una obra en la que se tardan 25 años, una profana no se da cuenta de todo el trabajo que encierra, aunque se nos diga que son escenas bíblicas.
En la Capilla de los Médici, con las obras de «La Noche», «El Día», «El Crepúsculo», «La Aurora», Luis era como si el mismo Miguel Ángel nos contara lo que quería representar.
Estoy tan agradecida por esta visita que puedo imaginarme perfectamente a Luis Díaz Tejón con una cátedra en la mejor Universidad. ¡Seguro que los alumnos agradecerían tenerlo como profesor!
Muy sinceramente, gracias Luis por haber sabido transmitir un mundo de ideas y comprensiones sobre el arte para mí desconocidas. Y muchas gracias también a José Luis Martínez, presidente del Ateneo Jovellanos, por la acertada idea de pensar en Luis para este viaje, sabiendo cómo «nos iba a contagiar».
Esta opinión también era compartida por otras personas y mi amiga María Victoria, que era la segunda vez que iba, quedó entusiasmada.

Delia Sánchez Rodríguez
Gijón

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