La larga marcha demócrata hacia la Casa Blanca
 

Clinton y Obama buscan una doble victoria para romper de una vez su eterno empate

Las encuestas daban el triunfo al senador en Carolina del Norte y a la ex primera dama en Indiana en las elecciones primarias celebradas ayer

 

E. F. / Agencias

Oviedo / Washington,

Los dos eternos rivales demócratas en la carrera hacia la Casa Blanca, Hillary Clinton y Barack Obama, se enfrentaron ayer una vez más en unas elecciones calificadas de cruciales, pero que, probablemente, no resolverán una lid que sólo encontrará su fin en la convención de este verano en Denver o con el abandono de uno de los dos. Obama y Clinton midieron sus armas en Indiana y Carolina del Norte, en unos comicios cuyo resultado se desconocía al cierre de esta edición.


La ex primera dama y actual senadora por Nueva York partía como favorita en Indiana, mientras que su rival, senador por Illinois, lo hacía en Carolina del Norte. De cumplirse las previsiones, la carrera -en la que Obama sigue llevando la delantera, pero no de un modo concluyente- continuará durante las seis primarias que quedan. Esto es así porque sólo una improbable doble victoria, de uno o de otro, contribuiría a romper el virtual empate que está a punto de extenuar a los medios de comunicación de EE UU y a los propios candidatos.


Una doble victoria significaría para Hillary Clinton acercarse en delegados a Obama y, sobre todo, decir alto y claro a los mandamases demócratas que ella es quien se lleva las preferencias populares en este fin de campaña. Y son esos mandamases, en forma de superdelegados, los que, con toda probabilidad, inclinarán en la convención de agosto, si no lo hacen antes, la balanza en uno u otro sentido.


En estos momentos, el senador de Illinois lleva la ventaja en número de delegados, 1.743 frente a 1.606, pero no en «superdelegados», donde Clinton le aventaja con 269 frente a 252, según datos de RealClearPolitics.com.


Por el contrario, para Obama, una doble victoria sería la mejor manera de poner fin a una mala racha que está más basada en declaraciones desafortunadas que en reveses electorales. Primero fue aquel desgraciado calificativo de «amargados» con el que obsequió a principios de abril a los votantes de Pensilvania. Más tarde, su consejero espiritual y mentor durante años, el reverendo Jeremiah Wright, volvió a la carga para recordar el carácter antisistema de la «Iglesia negra» en la que se ha criado Obama como político. Sus principales perlas: EE UU se merecía el 11-S y el sida ha sido creado por los blancos para acabar con los negros.


Obama ha intentado marcar distancias, pero el daño está hecho y es innegable que retrocede en las encuestas de ámbito nacional, en las que, por primera vez en muchos meses, Clinton le aventaja en algunos puntos. Son encuestas sobre muestras ridículas -apenas unos cientos de individuos en un país de 300 millones-, pero su poder está en el efecto multiplicador que obtienen a través de los medios.

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