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La Catedral optó por los Borbones

La capilla del Rey Casto, contemporánea de la guerra de Sucesión, enlazó con la nueva dinastía de origen francés al vincular a los reyes asturianos con Felipe V

27.03.2016 | 05:35
La Catedral optó por los Borbones

En las cuatro pechinas sobre las que se apoya el cimborrio de la capilla del Rey Casto de la Catedral de Oviedo aparecen los bustos de otros tantos reyes de la monarquía asturiana con el escudo de Felipe V, primer monarca de la dinastía borbónica española. La capilla fue construida durante el último tramo de la Guerra de Sucesión. El obispo Reluz, que impulsó la edificación, bebía, pues, por los nuevos vientos de Francia.

El enlace entre la mitra y el trono es de pura lógica, ya que Asturias estaba con Felipe V y allí, en la capilla de Alfonso II, se construyó, en aquel tiempo, el nuevo panteón de la monarquía asturiana. No era ni es un espacio cualquiera sino un recinto religioso-funerario y político capital. Tampoco fue precisamente un alarde por parte del prelado ya que una pechina es apenas "cada uno de los elementos estructurales y constructivos que resuelve el encuentro entre la base circular de una cúpula y un espacio inferior cuadrado o poligonal. También permite pasar de una cúpula elíptica a una planta rectangular". Un artificio arquitectónico eficaz y en todo caso secundario.

Asturias siempre estuvo con el borbón. La tercera y definitiva fundación del tercio Asturias data del 6 de julio de 1703 para servir a Felipe V en la Guerra de Sucesión. Fue encomendado a Álvaro Navia-Osorio y Vigil, marqués de Santa Cruz de Marcenado, el más destacado tratadista militar de Europa, que es tanto como decir del mundo, con su ensayo "Reflexiones militares". En 1707, y bajo su mando, se convirtió en Regimiento. Tiene como patrona a la Virgen de Covadonga. Actualmente está acuartelado en Madrid, en El Goloso.

Felipe de Anjou entró en España por el paso navarro de Vera de Bidasoa. Llegó a Madrid el 17 de febrero de 1701. El pueblo lo recibió con una alegría delirante y con grandes esperanzas de renovación. Pronto sería conocido con el sobrenombre de el Animoso. Siempre tuvo la corte en Madrid sin que los avatares de la guerra influyesen en esa ubicación clásica.

Como indica el historiador militar ovetense Evaristo Martínez-Radío, autor de "La Guerra de Sucesión y Asturias", "en 1706, los asturianos responden al ofrecimiento de apoyar a Carlos III diciendo que van a dar hasta la última gota de su sangre por Felipe V", en todo caso piden "ayuda militar, porque Asturias está mal defendida".

Lo cierto es que la Asturias borbónica estaba muy lejos de sufrir una invasión austracista. Hubo, sí, alguna escaramuza en Lastres, en 1703, a cuenta de una fragata francesa. Asimismo, los vecinos, con un cañón de costa, pusieron en fuga un buque holandés. En 1706, Pedro de Valdés tuvo que abrir fuego contra varios barcos que se acercaban a Gijón. En Luarca se vivió algún episodio parecido.

La Guerra de Sucesión fue realmente una contienda civil española y europea. El bando de Francia apoyó, claro, al que sería Felipe V, nieto del Rey Sol, y el austracista -a veces denominado carlista, término que no tiene nada que ver con los tradicionalistas del XIX- al archiduque Carlos. Un tercer bloque, formado por ingleses y holandeses, fue asimismo muy activo según la clásica doctrina geopolítica británica del equilibrio de fuerzas en el continente. De aquella se quedaron con Gibraltar y durante décadas con Menorca.

En la Catedral de Oviedo, el primitivo panteón real y la iglesia de Nuestra Señora del Rey Casto original fueron demolidos a principios del siglo XVIII, debido a su mal estado de conservación. Databan del siglo IX, del tiempo de Alfonso II el Casto. La iniciativa fue de Reluz, obispo de Oviedo, y ambos fueron posteriormente reedificados por Bernardo de Haces y Luis de Arce.

El contrato para la construcción de la nueva capilla fue firmado el día 10 de noviembre de 1705 por el prelado Tomás Reluz y por el maestro Bernardo de Haces. La construcción de la nueva capilla fue tasada en 24.000 ducados, y se estimó que las obras deberían finalizar a los tres años desde su comienzo. El día 2 de agosto de 1709, el cimborrio de la nueva capilla de Nuestra Señora del Rey Casto, que se estaba edificando en esos momentos, se derrumbó, ocasionando la muerta de varias personas.

La capilla se consagró en 1712. Las conversaciones formales para cancelar con una paz la Guerra de Sucesión se abrieron en Utrecht en enero de 1712, sin que España fuese invitada a asistir al menos en ese momento inicial. Los bustos de los reyes altomedievales con los escudos de la Casa de Borbón, que lucen las pechinas, respondieron a una realidad política contundente y nunca seriamente amenazada.

Hubo apenas dos excepciones y muy breves. La primera entrada del Archiduque Carlos en Madrid se produjo a finales de junio de 1706. Fue el resultado de una ofensiva de los ejércitos de la Gran Alianza, que le apoyaban. La ofensiva partió de Portugal y de Cataluña en cuya capital, Barcelona, Carlos III de España -como habían proclamado al archiduque sus partidarios austracistas- había fijado su corte. El 3 de agosto de 1706 entraban de nuevo en Madrid las tropas borbónicas y con ellas Felipe V, que había abandonado Madrid junto con su corte el 21 de junio ante la inminente llegada del ejército aliado. La segunda entrada del archiduque Carlos en Madrid se produjo el 28 de septiembre de 1710. Un mes después tuvo que abandonarla.

La continuidad en las lealtades políticas y por lo tanto dinásticas no tuvo interrupciones -las excepciones apenas cuentan con significación- así que la mitra ovetense, como el correspondiente territorio, enlazó de forma natural con la corte y la capital. Y lo mismo sus construcciones y símbolos.

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