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Colegio público Ventanielles | Así es mi cole

La bandera del bilingüismo en Oviedo

Los alumnos se examinan por el British Council al terminar el ciclo de Primaria para obtener la doble titulación l Sacan una nota media de nivel avanzado

02.04.2016 | 04:21
1. La profesora Mónica Fernández posa con sus alumnos de Primaria. 2. Un grupo de alumnos, en el pasillo durante un cambio de clase. 3. De izquierda a derecha, Claudia Campa, Mónica Fernández, Ana Costa (la directora), Irene Gutiérrez y Socorro Freire. 4. Los pequeños Aicha Issahk y y Miguel Pulgar, en el aula Montessori. 5. El patio del colegio de Ventanielles. 6. La profesora Loreto Pérez Gayol imparte clase de Inglés en un pasillo del colegio del ciclo Infantil de Ventanielles. 7. El pequeño Juan Méndez practica el sistema decimal con uno de los juegos del método Montessori. 8. Un grupo de niños en clase de Educación Física en el gimnasio.

Los alumnos del colegio público Ventanielles cambian del castellano al inglés y viceversa en cuanto entran en la escuela. Si se cruzan por el pasillo con un profesor de Naturales, Sociales o asignatura artística le saludan en el idioma de Shakespeare, igual que hacen con los que imparten "Literacy" (alfabetización inglesa). Y es que el centro fue uno de los pioneros en implantar el programa bilingüe en Asturias. Lo hizo hace veinte años junto al colegio Atalía, en Gijón, y firmó un convenio de colaboración con el British Council. Así, los críos aprenden inglés desde los tres años y se examinan con esta institución británica al terminar el ciclo de Primaria. Su nota media en esa prueba oral es de un B1 o B2, lo que equivale a un nivel intermedio y avanzado.

"Aquí no estudian inglés como lengua extranjera, sino como lengua. Lo mismo que el español". La directora del colegio Ventanielles, Ana Costa, está orgullosa de estar al frente de una de las escuelas con mayor número de alumnos y profesores del municipio -650 y 41 respectivamente- y que ofrece "una educación de calidad basada en la cooperación, el respeto al prójimo y la apuesta por las mejores metodologías".

Los profesores de inglés pertenecen al llamado "código 99", lo que significa que son especialistas en bilingüismo. Además, tres de ellos son nativos. En concreto, del Reino Unido. "Damos un 40 por ciento de la programación en otro idioma al incluir tres asignaturas básicas", explica la maestra Socorro Freire en el edificio principal, en la plaza Lago Enol.

En realidad, el Ventanielles tiene dos inmuebles en diferentes calles. Al primero y más populoso asisten los niños de Primaria, mientras que al segundo, en la calle Río Caudal, acuden los más pequeños del ciclo Infantil. Allí, los críos reciben clase de inglés en un espacio habilitado en el pasillo, y delimitado por alfombras, cojines y estanterías, por falta de espacio. "Hay seis aulas para 69 niños de tres años y otros 69 de cuatro, así que cuando toca hablar inglés lo hacemos en el suelo", explica la profesora Ana Fernández.

Otra forma de aprender

El Ventanielles no sólo se distingue por ser el primero de Oviedo en haber implantado el programa bilingüe. También por haber puesto en marcha este curso el aula María Montessori y ser el único centro educativo del municipio que lo tiene. Se trata de un método pedagógico creado a principios del siglo XX por la educadora italiana del mismo nombre y que se basa en fomentar la autonomía y autoestima de los niños a partir de materiales propios y distintos a los libros de texto.

La profesora Cristina García-Pumarino Pérez impulsó la inclusión de esta metodología en Ventanielles logrando involucrar al claustro y a los padres, que ayudaron a pintar y adecuar una clase sin uso definido hasta ahora. El colegio corrió con los gastos del material, que es caro y exclusivo, y abrió la clase en septiembre.

Los chavales lo llaman "el aula de los experimentos" y van un día a la semana en grupos de doce. De hecho, el reducido número de alumnos es una de la bases del método Montessori, que abarca cinco áreas: la psicomotricidad fina, el trabajo sensorial, matemáticas, lenguaje y geografía.

Los niños aprenden divirtiéndose, sin apenas darse cuenta de que están en clase. Jimena Grande, de 7 años, conoce a la perfección el mapa de Europa. Lleva varios días haciendo un puzle de madera de la UE en el que encaja cada país en su sitio. "Le encanta y es una de las actividades que siempre elige hacer", dice la profesora García-Pumarino, que cada día repite lo mismo a sus alumnos: "No hace falta que pidáis permiso, haced el ejercicio que os apetezca". Los estudiantes no acaban de acostumbrarse a que en el aula de experimentos pueden elegir. Según la profesora, "las actividades son de libre disposición y todas contribuyen al aprendizaje". El pequeño Juan Méndez se le acerca tímidamente, le tira de la bata y le pregunta si puede cambiar de mesa. "Claro quesí, Juan. Tu mismo. Es tu elección".

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