Apagados y sin humo

Los asturianos son los españoles que más van al médico, los que menos fuman y los que más sufren de depresión, según una encuesta

22.10.2015 | 03:58
Apagados y sin humo

Asturias necesita un médico. Casi nueve de cada diez asturianos mayores de 15 años confiesan haber acudido a un médico de cualquier especialidad en algún momento de los doce meses previos a la realización de la Encuesta Europea de Salud en España, cuyos resultados de 2014 fueron difundidos ayer por el Instituto Nacional de Estadística (INE). El estudio otorga a esta región de población envejecida el porcentaje de visitas al doctor más elevado del país, un 88 por ciento, y una mala salud de hierro en la que casi siete de cada diez asturianos hacen una valoración positiva de su estado físico y mental. El promedio puede parecer alentador, pero es levemente inferior a la media nacional, únicamente mejor que el de otras cuatro regiones y se atempera cuando además se aprecia que los asturianos son los españoles que menos responden "muy buena" a la pregunta por su salud. Asturias tiene de su lado, eso sí, el porcentaje más bajo de España de fumadores diarios -ya sólo confiesan que fuman algo menos de dos de cada diez habitantes- y el más alto de personas que dicen haber dejado el tabaco: el 30,21 por ciento de los encuestados se declara exfumador.

En las valoraciones sobre el funcionamiento del sistema sanitario, un quince por ciento se queja de retrasos en la atención médica, el quinto peor dato del país. En la lista de problemas crónicos motivo de consulta mandan en la región las patologías articulares, la artrosis y los dolores de espalda que padece casi una cuarta parte de los consultados para que sea el Principado la autonomía española con mayores afecciones de esta índole. A cambio, los asturianos están a la cola en las alergias -un nueve por ciento- y el colesterol -algo más de un doce-, pero el Principado, esto sube y baja, se reconoce también en el retrato de la segunda comunidad con más enfermos depresivos.

La radiografía sanitaria de la región, hecha a vista de enfermo, confeccionada a partir de las percepciones subjetivas del paciente, dice que más de uno de cada diez asturianos mayores de 15 años confiesa sufrir una depresión de distinto grado. Son 110.000, 33.000 hombres y 77.000 mujeres. El porcentaje respecto la población total es el segundo más elevado de España, sólo por detrás del gallego, y el más amplio entre las mujeres, un segmento de población en el que la prevalencia de la enfermedad de la tristeza alcanza el dieciséis por ciento. Ninguna otra comunidad las supera en España. Y la explicación es que no hay una explicación, o no una que conecte la mayor incidencia de la depresión con el lugar de residencia. Dice el psiquiatra Julio Bobes que las condiciones ambientales del entorno tienen aquí su evidente influencia, pero también que ésta es "pequeña" en comparación con el peso de los factores endógenos, que las más graves no vienen de fuera aunque la percepción subjetiva de la propia salud tienda a considerar lo contrario. "La sociedad entiende la depresión como el fracaso frente a unas condiciones externas", abunda. "Piensa que es lógico que se deprima el que tiene problemas, pero cuando vas a buscar en esos sectores no encuentras depresivos".

Bobes advierte aquí el influjo de un problema de percepción desenfocada. "El entorno de Asturias, el laboral, el social, incluso el meteorológico, encaja con la convicción de que debería ser una de las regiones con más factores depresógenos", afirma, pero los datos y la experiencia clínica desmienten el supuesto incremento de la vulnerabilidad a la depresión por el simple hecho de vivir en un entorno físico determinado.

En la lista de patologías físicas, lo que los asturianos dicen que les duele sí encuentra cierta correlación con las impresiones que los médicos han adquirido al otro lado de la mesa de la consulta. Es cierto, al decir de Manuel Fernández Barrial, vicepresidente en Asturias de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria, que en las consultas "vemos muchos lumbagos, dorsalgias, problemas de hombro y rodilla o artrosis" y que aquí sí es posible asegurar que el factor ambiental y el exceso de humedad tienen su influencia al menos sobre el agravamiento de los síntomas. La elevada incidencia de la hipertensión, que es el problema de casi dos de cada diez consultados, y de todas las patologías cardiovasculares podría resultar, según su criterio, del particular empeño con el que el sistema sanitario asturiano se ha tomado "un asunto que aquí se ha cogido con muchas ganas", apunta, y que "ha sensibilizado al médico de atención primaria, que pregunta mucho y toma muchas tensiones".

Al llegar a la conexión de estos problemas con el hábito del tabaco, y al valorar en este punto el descenso significativo que su consumo ha experimentado en Asturias, el doctor Fernández Barrial reparte de modo desigual las responsabilidades entre la persecución médica y la normativa. "La lucha", asegura, "no la ha liderado tanto el sistema sanitario como la legislación". Los resultados se han obtenido estrechando cada vez más el cerco de la prohibición sobre el fumador.

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