Opinión | Periodista

El cineasta que pudo reinar

23.10.2015 | 10:06
Francis Ford Coppola.

En su notable "Moteros tranquilos, toros salvajes", el historiador Peter Biskind dedica un capítulo, expresivamente titulado "El hombre que pudo reinar", a la gestación de "El Padrino" y el consecuente asentamiento de Francis Ford Coppola dentro de la industria de Hollywood. Era el año 1972 y el cineasta comenzaba la época de mayor reconocimiento de su dilatada carrera, una década en la que firmaría cuatro obras fundamentales, incluida "El Padrino", y que terminaría abruptamente con un fracaso que marcó el resto de su trayectoria.

Nacido en Detroit en 1939, el padre del futuro cineasta era Carmine Coppola, un músico frustrado por no poder cumplir su sueño de convertirse en un compositor de éxito. En su niñez, Francis Ford Coppola sufrió un episodio de poliomielitis que casi le cuesta la vida y que le obligó a guardar cama, incomunicado, durante un año. Posteriormente, sus películas se poblarían con personajes solitarios, obligados a madurar antes de tiempo y por las bravas.

Durante su etapa preuniversitaria, Coppola se debatiría entre el cine y el teatro, aunque la influencia de Sergei M. Eisenstein, y singularmente de su película "Octubre", inclina la balanza hacia el Séptimo Arte y en 1960 se matricula en la Escuela de Cine de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA). Eisenstein ejercerá una influencia continuada en la trayectoria del cineasta, palpable en su empleo del montaje paralelo, como también Orson Welles, de quien tomará la componente dramática de la puesta en escena y las reminiscencias trágicas en la construcción de personajes.

En sus años universitarios, Coppola entra en contacto con el cine que se está haciendo en Europa, y muestra especial predilección por los cineastas de la "Nouvelle Vague" y por artistas como Federico Fellini. El de Detroit quiere se un "autor", pero acaba entrando a trabajar con el productor independiente Roger Corman, con quien cursará un "máster" acelerado en práctica cinematográfica.

Para Corman rueda en 1962 su primer largometraje, "Dementia 13", filmado en nueve días. Durante el rodaje, el joven Coppola conoce a Eleanor Neil, con quien se casa unos meses después, ya en 1963. Ese mismo año la pareja tendría al primero de sus tres hijos, Gian-Carlo.

Tras su experiencia con Corman, Coppola comienza a trabajar como guionista con la productora Seven Arts, que en 1966 le financia "Ya eres un gran chico", en la que la deuda con la "Nouvelle Vague" es patente y que se estrena en el Festival de Cannes.

Tras este filme, Coppola realizaría otras dos películas para Seven Arts, absorbida ya por Warner Bros.: el musical "El valle del arco iris" (1968), en cuyo rodaje conoce a George Lucas, y la road movie "Llueve sobre mi corazón".

Tras este filme, Coppola se asocia con Lucas y Walter Murch para fundar su propia productora: American Zoetrope. Para poner en pie la productora, la terna logra un contrato con la Warner, que les entrega 600.000 dólares como adelanto para producir sus primeras películas. Pero el filme que inaugura su producción, "THX 1138" (1971), de George Lucas, deja desconcertados a los directivos de la Warner, que exigen la devolución del dinero.

La reclamación llega en un momento en el que Coppola obtiene su primer gran éxito profesional: el "Oscar" concedido en 1971 al guión de "Patton", que había escrito cinco años antes en colaboración con Edmund H. Northon. Este inesperado triunfo, unido a la fe en su talento del directivo de Paramount Peter Bart, propiciaron que Coppola fuese seleccionado por el estudio para dirigir "El Padrino", adaptación del best seller de Mario Puzo. Un encargo que Coppola no deseaba especialmente, pero al que tuvo que acceder por las deudas contraídas con la Warner.

La película se convirtió en un clásico instantáneo. Con un presupuesto de seis millones de dólares, la recaudación del filme se disparó hasta los 245 millones a nivel mundial. De remate, la película arrasó en los "Globos de oro" y se llevó tres premios "Oscar": mejor película, mejor actor para Marlon Brando y el segundo premio para Coppola como guionista, compartido en esta ocasión con Mario Puzo.

"El Padrino" convirtió a Coppola en una estrella, y sus siguientes filmes no hicieron otra cosa que confirmar su enorme talento: tanto "La conversación" como "El Padrino parte II", ambas estrenadas en 1974, son dos obras maestras.

Asentado en el Olimpo de Hollywood, Coppola quiso entonces llegar a donde Orson Welles no había podido: la adaptación de "El corazón de las tinieblas", de Joseph Conrad. Pero Coppola lo hace en clave bélica, a partir de un guión escrito a cuatro manos con John Millius, y filmado en la selva filipina. Tras catorce meses de rodaje agotador, completado entre marzo de 1976 y mayo de 1977, Coppola salió de la jungla con una nueva obra maestra: "Apocalypse now".

Pese a que la compleja posproducción retrasó el estreno del filme hasta 1979, "Apocalypse now" fue recibida con entusiasmo por parte de la crítica y el público. Coppola, quizá creyéndose invencible, decidió entonces embarcarse en una nueva aventura equinoccial, un segundo "todo o nada". Compra un estudio en Los Ángeles, el vetusto Hollywood General Studio, y trata de llevar American Zoetrope un paso más allá, convirtiéndola en una productora que compitiese de igual a igual con las Majors. Su primera producción, además, sería un intento de recuperar un género decaído: el musical. Es 1982, y Coppola se gasta 27 millones de dólares, propios y prestados, en "Corazonada". La película recauda, según los datos de la web especializada Box Office Mojo, la irrisoria cantidad de 636.796 dólares, Coppola está en la ruina.

Durante la década siguiente el cineasta se verá abocado a rodar cualquier cosa que caiga en sus manos. Filma nueve películas en diez años, entre ellas una joya como "La ley de la calle" (1983), pero el público parece haberle dado la espalda. Los dioses del cine castigan a los hombres concediéndoles aquello que más desean: el hombre que quería ser Orson Welles se había convertido en Orson Welles.

Entre medias, una tragedia personal golpea duramente al cineasta: su hijo Gian-Carlo, al que estaba singularmente unido, fallece en 1986, en un accidente náutico cuando Coppola estaba en pleno rodaje de "Jardines de piedra". Una pérdida que el cineasta nunca superó.

No sería hasta la entrada de la nueva década que Coppola logre salir del hoyo. En su necesidad de liquidez, acepta filmar la tercera parte de "El Padrino", el cierre de la fundamental trilogía y película que le reconcilia con el público. Con el aire que le da esta película, el cineasta decide volver a jugárselo todo a una carta: "Drácula, de Bram Stoker". Estrenada en noviembre de 1992, la película obtiene un fenomenal éxito a escala global y permite a Coppola saldar todas sus deudas.

La década siguiente será especialmente plácida para el cineasta. Rueda dos películas que funcionan bien en taquilla, "Jack" (1996) y "Legítima defensa" (1997), y le gana un multimillonario pleito a la Warner después de que la Major cancele su contrato con Zoetrope para adaptar "Pinocho". Coppola se embolsa 80 millones de dólares que aseguran su jubilación, y de paso le devuelve a la productora el desaire de treinta años antes, cuando le retiraron su apoyo por producir "THX 1138".

La sentencia, no obstante, motivó que la gran industria de Hollywood le diese la espalda. Desde entonces, Coppola sólo ha estrenado tres películas de presupuesto limitado -"Juventud sin juventud" (2007), "Tetro" (2009) y "Twixt" (2011)- además de producir algunas películas de su hija Sofía Coppola y de cineastas como Tim Burton o Walter Salles. Su lugar entre los más distinguidos creadores de la Historia del Cine, en todo caso, ya está asegurado.

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