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El romano que cambió Asturias

Hace hoy justo dos mil años falleció en Nola (Nápoles) el emperador romano Augusto, que culminó la conquista de Hispania tras someter a los fieros astures transmontanos

El romano que cambió Asturias

El 19 de agosto del año 14 murió el emperador Augusto, mientras visitaba el lugar de la muerte de su padre en Nola (Nápoles). El mes de agosto, que los romanos llamaban anteriormente "sextilis", recibió ese nombre en su honor. Roma, su ciudad natal y capital de su imperio, celebra este año el bimilenario de su muerte, pero otras ciudades se suman a esta conmemoración, como París y, en España, Zaragoza, cuyo nombre deriva del nombre latino del primer emperador romano, "Caesar Augusta", y Gijón, en cuya Campa Torres, la antigua Noega, hubo un monumento erigido en su honor. Fue levantado poco después de la conquista por Cneus Calpurnius Piso, entre la segunda mitad del año 9 y la primera del 10 d. de C. Cneus Calpurnius Piso era entonces gobernador de la provincia Tarraconense, a la que pertenecía Asturias, y su nombre fue borrado de las líneas cuarta y quinta de la inscripción, posiblemente en tiempos del emperador Tiberio, en el año 20, al caer en desgracia ("damnatio memoriae" o condena de la memoria, lo llamaban los antiguos romanos).

Augusto se convirtió en la máxima autoridad romana tras la batalla de Actium, que tuvo lugar el 2 de septiembre del año 31 a. de C. Se enfrentaron en ese lugar de las costas del mar Jónico, en Grecia, dos flotas romanas, una dirigida por Octaviano y la otra por Marco Antonio, que contaba con la ayuda de la flota egipcia de Cleopatra. La victoria correspondió a Octaviano, que había sido adoptado como heredero por el gran Julio César con el nombre "Caius Julius Caesar Octavianus", y que junto a Marco Antonio y Lépido había constituido un triunvirato que había derrotado a los asesinos de Julio César y gobernado Roma hasta entonces.

La que enfrentó a Octavio u Octaviano contra Marco Antonio fue en realidad una guerra civil entre romanos, pero el vencedor tuvo la habilidad de presentarla ante el Senado romano como una guerra contra un país extranjero, Egipto, con cuya reina Cleopatra se había casado Marco Antonio, lo que hizo de esta contienda una "bellum iustum" (guerra justa). El éxito fue explotado por Octaviano, que se proclamaba a sí mismo como "hijo del divino César" y fue recibido en triunfo en Roma e investido de la "auctoritas", el prestigio y la superioridad que le permitieron dominar sobre el resto de sus rivales.

El Senado de Roma, en una sesión celebrada en el año 27 a. de C., le declaró "Augustus" pasando a ser denominado a partir de entonces como "Imperator", título que se concedía en la Roma republicana al general victorioso. Pese a que aparentemente se presentaba como el defensor los valores republicanos tradicionales, Octaviano, titulado "Imperator Caesar Divi Filius Augustus" (Emperador Augusto hijo del divino César), fue el creador de la monarquía romana que su tutor César había intentado imponer de forma dictatorial. Augusto, nombre con el que Octaviano pasó a la posteridad, se convirtió así en el primer emperador romano y en el creador de la ideología de victoria que amparaba a todo el mundo bajo un orden grato a los dioses, en medio de un gran deseo de paz tras las cruentas guerras civiles.

Augusto en Hispania: la guerra contra cántabros y astures. La paz romana fue una paz armada, garantizada por un ejército numeroso y una organización que permitía a las legiones llegar a cualquier punto. Tras recibir del Senado el título de Augusto, Octaviano partió de Roma a mediados del año 27 a. de C. y se dirigió a las provincias occidentales del Imperio. Llegó a la Galia, donde se esperaba que iniciara la invasión de la isla de Britania, que su padre César había descubierto para los romanos. Pero no fue así, sino que pasó de largo y entró en Hispania antes de que acabara el año, dirigiéndose a Tarraco (Tarragona). Hispania, cuya conquista por Roma se había iniciado hacía más de dos siglos, aún no había sido totalmente dominada. Quedaba fuera del control romano una amplia franja de territorio que iba desde el oeste de los Pirineos hasta el norte de Portugal, donde habitaban los indomables cántabros y astures. Estos pueblos, durante el período anterior de luchas civiles en Roma, efectuaron frecuentes incursiones y correrías por los territorios situados al sur y habitados por pueblos ya dominados por Roma. Se sabe de la celebración en Roma de "triunfos hispánicos", celebraciones de homenaje a los generales victoriosos, en las que éstos desfilaban triunfalmente por la capital con su ejército, exhibiendo el botín logrado y los prisioneros esclavos. Se supone que esas victorias "hispánicas" debieron producirse en enfrentamientos contra los pueblos del norte hispánico.

Las que tradicionalmente se vienen conociendo como guerras cántabro-astures y que acabaron con su sometimiento a Roma y la culminación de la conquista de toda Hispania, empezaron en el año 29 a. de C. según los historiadores romanos. En ellas participó directamente el propio Augusto, interviniendo en la campaña del año 26 a. de C., hasta que tuvo que abandonar el mando al enfermar gravemente.

El desarrollo de esta guerra y las diversas acciones bélicas sigue siendo confuso, pues las fuentes históricas son escasas y dan, además, la versión del vencedor. El motivo por el que Roma emprendió la lucha no parece unívoco y da la impresión de que hubo todo un conjunto de causas "belli" o motivos de la guerra. En primer lugar, el deseo de Augusto de lograr una victoria política al rematar la conquista de Hispania y terminar con las incursiones de los indómitos pueblos norteños. Pero tampoco fue ajena a la motivación romana el interés económico, dada la premura con la que los conquistadores pusieron en explotación los recursos mineros, especialmente el oro, que de sobra sabían que existían en las tierras por dominar.

Dion Casio, uno de los historiadores de estas guerras, hace un relato de las mismas en orden cronológico, pero omite cualquier detalle topográfico sobre el escenario donde transcurrieron, salvo la mención de Lancia, una ciudad de los astures que se supone estaba situada próxima a Villasabariego (provincia de León), a orillas del Esla (río al que los romanos llamaban Ástura), aunque hay otras opiniones que la llevan a la provincia de Zamora. Lucio Anneo Floro y Paulo Orosio, otros dos historiadores, parece que sólo mencionan los episodios más importantes, omitiendo posiblemente otros a los que alude Dion Casio, y siguen básicamente un relato perdido del gran historiador romano Tito Livio, quien a su vez conoció una autobiografía de Augusto hoy perdida.

Tras unas operaciones iniciales, parece que hubo una guerra contra los cántabros, a la que Floro denomina el "bellum Cantabricum" y otra contra los astures, el "bellum Asturicum". Los romanos establecieron su campamento base en Segisama, ciudad de los turmogos que se identifica con la actual Sasamón (Burgos), donde acamparon tres legiones. La campaña contra los cántabros se fecha en el año 26 a. de C. y fue en la que participó el propio Augusto. En el curso de esta campaña, Augusto, además de enfermar gravemente, a punto estuvo de ser alcanzado por un rayo. En memoria de este suceso, según cuenta Suetonio en su obra "Los doce Césares", erigió en Roma un templo en honor de Júpiter Tonante. Según Suetonio, "durante una marcha nocturna", "un rayo alcanzó su litera, matando al esclavo que iba delante de él con una antorcha en la mano". Quizás por este suceso, Augusto tuvo siempre un gran pánico a las tormentas. Augusto enfermó y se trasladó a Tarraco, curándose con aguas de los Pirineos. En su ausencia se encargaron de la dirección de la lucha los legados hispanos C. Antistio Vetus, en la Citerior, y P. Carisio en la Ulterior.

La gran batalla de Lancia. La principal batalla de los astures, según las fuentes romanas, tuvo lugar a orillas del Ástura, a donde, según Floro, nuestros antepasados "descendieron con un gran ejército de sus nevadas montañas", para sorprender a los tres campamentos romanos instalados en sus proximidades, atacando a los tres a un mismo tiempo. La operación debía estar muy bien preparada y había requerido un gran trabajo previo de unión y coordinación entre las diversas tribus astures. Todos los grupos participaron en la misma, pero uno de ellos, los denominados brigecinos, que habitaban cerca de la actual Benavente, traicionaron a sus compañeros y avisaron al legado romano Publio Carisio.

Según lo cuenta el historiador romano Floro: "Consideróse una victoria haber desbaratado estos planes, aunque así y todo no fue una lucha incruenta". Al perder el efecto sorpresa, los astures fueron derrotados y los supervivientes se refugiaron e hicieron fuertes en la ciudad de Lancia, que fue tomada por los romanos tras una muy cruenta batalla. Dion Casio fecha la toma de Lancia en el 25 a. de C. Al año siguiente habla este historiador de otra rebelión de cántabros y astures. Nuevamente estaban en armas ambos pueblos el año 22 a. de C., siendo sometidos por Cayo Furnio, cediendo ya en su resistencia los astures. Todavía en el 19 a. de C. hubo nuevos levantamientos. El general Agripa, que sometió esta revuelta, tuvo entonces grandes problemas con sus tropas, que desmoralizadas consideraban a estos pueblos invencibles. Tras esta última campaña, fueron exterminados todos los hombres en edad militar y "a los restantes les quitó Agripa las armas y les obligó a bajar de los montes a la llanura".

En los diez años de luchas contra cántabros y astures, los romanos movilizaron un enorme contingente de fuerzas, participando siete legiones (las I, II, IV, V, VI, IX y X), además de algunas tropas auxiliares, suponiendo un total de más de 50.000 hombres. El exterminio de los vencidos, la venta de esclavos y la leva forzosa de otros muchos diezmaron las fuerzas de estos pueblos, para evitar así nuevos brotes de rebelión, aunque algún intento se produjo años después en el reinado de Nerón (54-68 d. de C.).

Campamentos militares romanos en Asturias. Algunos historiadores opinan que estas guerras fueron protagonizadas exclusivamente por los astures que vivían al sur de la cordillera Cantábrica, a la que las fuentes romanas antiguas llamaban "iuga asturum" (cordillera de los astures). La "Asturia" de época romana se extendía desde el mar Cantábrico al río Duero, con los ríos Sella y Esla como límite oriental de los astures. Se basa esa interpretación en que los historiadores romanos sólo citan como escenario de la guerra lugares situados al sur de la cordillera Cantábrica. Pero el más elemental sentido de la defensa tenía que llevar a los astures, tanto a los transmontanos (los que vivían al norte de la cordillera) como a los cismontanos (los que vivían al sur), a defender su territorio al sur de la cordillera. Similar decisión adoptó ocho siglos después Alfonso II, cuando salió a territorios del sur de la cordillera a esperar al ejército musulmán que quería destruir su reino.

La participación de todos los astures en la contienda la deja ver el mismo relato de Floro sobre la campaña contra los campamentos romanos del Esla. Esa referencia de que los astures "descendieron con un gran ejército de sus nevadas montañas", incluye indudablemente a los astures transmontanos. ¿De qué montañas sino iban a descender? Por otra parte, no se pueden limitar las acciones bélicas de la guerra cántabro-astur a los encuentros puntuales transmitidos por las fuentes romanas. Tuvo que haber muchos más, posiblemente acciones de tipo guerrillero y algunas con suerte adversa para los romanos. El texto de Dion Casio lo deja entrever claramente y, además, señala explícitamente que Agripa tuvo que castigar a sus legiones, porque sus soldados estaban ya cansados de esta guerra. La ocupación del territorio al norte de la cordillera seguramente no fue fácil y los romanos debieron de emplearse con toda su fuerza y contar con el apoyo de su escuadra, que se sabe intervino en la guerra cántabro-astur y posiblemente haya atacado a los astures por la retaguardia.

En estos últimos años, tanto en Asturias como en la vecina Cantabria, se han descubierto los restos de varios campamentos romanos asentados en las cumbres de la cordillera Cantábrica y vinculados, indudablemente, al momento de la conquista. El del monte Curriel.los, en la divisoria entre Lena y Aller, está además asociado a la denominada vía de La Carisa, una infraestructura viaria de época romana que los historiadores no dudan debe su nombre al general romano Publio Carisio, que participó en la conquista. Las monedas descubiertas en las excavaciones son todas anteriores al año 23 a. de C. Los trabajos arqueológicos en la zona han permitido descubrir un nuevo campamento, el denominado del pico L.lagüezos, también en la proximidad de la vía de La Carisa y cerca del de Curriel.los. Queda por descubrir cuál fue el papel exacto que tuvieron esos asentamientos militares, pero es innegable que la entrada de las legiones romanas en el territorio de nuestra actual Asturias debió de ser de forma violenta y tras duros enfrentamientos de los que los historiadores romanos no nos han dejado testimonio. La magnitud y poderosas defensas de estos campamentos romanos en plena montaña, a poca distancia de la cumbre de la cordillera, y la existencia de lo que parecen defensas construidas por los antiguos astures no muy lejos de estos campamentos, parecen indicar que nuestros antepasados no cejaron en su lucha contra las legiones romanas hasta que su inmenso poderío militar se impuso con toda la violencia que era habitual.

Una vez conquistada toda Asturias, los romanos no tardaron en poner en explotación los ricos yacimientos auríferos y extender a toda Asturias su organización. Noega, que según el geógrafo griego Estrabón era la principal ciudad astur, y que se identifica con el conocido castro de la Campa Torres, debió ser convertida en un principio como la capital romana de la Asturia transmontana y quizás fue la sede del denominado "Conventus Ara Augustae", citado en documentación de la época de la conquista y que sería predecesor del posterior "Conventus Asturum" que tuvo su capital en Asturica Augusta (Astorga).

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