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Una paciente sufre 5 meses más de espera porque su médico pidió dos días de permiso

Una ovetense afectada por una dolorosa hernia ve pospuesta su consulta hasta finales de octubre porque su traumatóloga pidió librar ayer y hoy

Bárbara Prado lleva siete años de médico en médico

Bárbara Prado lleva siete años de médico en médico

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Bárbara Prado lleva siete años de médico en médico Pablo Álvarez

Bárbara Prado sufre desde hace siete años una hernia discal. Podría escribir un libro sobre su experiencia, pero lo que más le ha impactado es lo último que le ha sucedido. Hace cuatro meses le habían dado cita con el traumatólogo. Estaba señalada para las once y veinte de la mañana de ayer jueves, en el ambulatorio ovetense de La Lila. Pero el martes recibió una llamada.

-¿Bárbara Prado?

-Sí, yo...

-Usted tenía cita con la traumatóloga este jueves.

-Sí.

-Pues hay que aplazarla. Ya le informaremos.

-¿Aplazarla? Pero si llevo cuatro meses esperando y estoy muerta de dolores. ¿Por qué se aplaza?

Pero su interlocutora ya había colgado el teléfono. La paciente llamó una y otra vez, pero no consiguió hablar con nadie.

"A las ocho de la mañana siguiente, miércoles, ya estaba yo en La Lila para pedir explicaciones", relata. En la ventanilla de atención al paciente, le detallaron lo que había pasado

-Es que la traumatóloga ha pedido de permiso el jueves y el viernes.

-Vale, ¿y para cuándo me pasan la consulta?

-Pues mire, en el ordenador sale que para el 26 de octubre a las doce menos veinticinco de la mañana.

-¿Cómo? Si faltan -cuenta con los dedos- cinco meses y medio. Más los cuatro meses que llevaba esperando, nueve meses y medio. Un embarazo. ¿Cómo se entiende que dos días de permiso se conviertan en cinco meses y medio más de espera?

Bárbara Prado Murillo, 44 años, vecina del barrio de Villafría (Oviedo), deberá esperar por una consulta nueve meses y medio que coinciden en el tiempo con el año y unos pocos días que deberá aguardar para ser atendida en la unidad del dolor del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), donde está citada para el próximo 3 de noviembre (desde el 26 de octubre de 2016).

Ayer jueves, 24 horas más tarde del chasco de La Lila, Bárbara Prado relataba su historia a LA NUEVA ESPAÑA. Padece desde hace siete años una doble hernia discal que también afecta a su nervio ciático. Sufre dolores casi constantes. "Tengo una calidad de vida pésima. Duermo cuatro o cinco horas. Estoy tomando un derivado de la morfina del que esta misma mañana [la de ayer] me han duplicado la dosis, y además tomo otro medicamento para el dolor. Apenas puedo trabajar porque no aguanto más de una hora de pie. Cada tres meses tiene que inyectarme un relajante muscular. Algunas de esas inyecciones me dan una reacción alérgica...", señala, sin ánimo de ser exhaustiva

Manuel Augusto Carpintero, su marido, corrobora sus palabras con una apreciación que sazona con una nota de humor: "Por las noches, por culpa de los dolores, grita de tal manera que cualquier día vienen a detenerme por maltrato".

Además de los datos más gruesos, Bárbara Prado aporta otros más menudos, pero que le resultan no menos enojosos. "Cada vez que voy al traumatólogo a La Lila, me atiende un médico distinto. Unos dicen que mejor operarme, otros que mejor esperar", indica. Luego llega el capítulo de la fisioterapia, un apartado siempre complejo ante un problema engorroso como es una hernia discal rebelde en una persona joven. "Los médicos me han dicho que nada de masajes", declara. Acto seguido aparecen las dificultades asociadas a la búsqueda de asistencia médica privada "cuando tus ingresos son de 426 euros al mes". Y, como colofón, una lesión en la rodilla que requiere cirugía.

Ante este panorama, esta ovetense confiesa su impotencia: "No sé qué hacer. Me temo que sólo me queda el derecho al pataleo y confiar en que aparezca alguien capaz de ayudarme".

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