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Un huerto ecológico en el trabajo

"Nos ayuda a reducir el estrés", dicen los empleados de la primera compañía en Asturias que planta en su azotea tomates y lechugas

Carmen Álvarez, de la empresa Eco Asturias, con sede en Gijón.

Después de horas colgados del teléfono, para los trabajadores del grupo Orange en Oviedo no hay mejor medicina contra el estrés que plantar tomates y lechugas en la azotea. La compañía de telecomunicaciones es la primera del sector empresarial que monta un huerto ecológico en Asturias. Zanahorias, pimientos, remolacha, acelgas o plantas aromáticas, entre otros muchos cultivos, salpican de color y sabor cuatro mesas de faena, que atienden desde este mes 132 empleados de los más de mil que componen las instalaciones del polígono Espíritu Santo. El objetivo es ofrecer "un espacio de meditación y relajación" a los trabajadores. "Yo lo primero que hago todas las mañana es ir a ver el huerto", asegura Eva Infiesta, coordinadora de sala en la empresa. "Nos ayuda a reducir el estrés y a interactuar con los compañeros", confiesa.

Infiesta es una de las 36 personas que hasta ahora han recibido formación en agricultura y que dirigen a 22 equipos de trabajadores. Carmen Álvarez, al frente de la empresa Eco Asturias, es la encargada de enseñar esos cuidados básicos. "De momento son tareas muy simples, que llevan poco tiempo. Es más la experiencia que comparten entre ellos", dice Álvarez, que lleva desde 2015 peleando por introducir un pequeño trozo del campo en el sector empresarial de la región. "Mientras que en Nueva York este tipo de iniciativas están totalmente implantadas, en España cuesta", reconoce. Y más aún en Asturias. La idea surgió dentro del programa que desarrolla la compañía como "empresa saludable", certificado que consiguió en el año 2015. "De momento queremos ir a poco a poco y si vemos que cada vez hay más gente interesada, entonces ampliar el huerto", indica Lucía Llano, técnico de servicio de prevención mancomunado del grupo Orange. Otros centros de la compañía ya sopesan sumarse a la iniciativa.

¿Y cómo se organizan 132 personas para atender un solo huerto? A la entrada y a salida del trabajo o en los minutos de descanso. "Nos mandamos correos o algunos equipos ya han creado su propio grupo de Whatsapp para comunicarse. Es lo bueno del huerto: nos sirve para interactuar con compañeros de otros departamentos. Porque en un centro tan grande como éste (alrededor de 1.022 empleados) es muy difícil vernos todos y conocernos", dice Eva Infiesta. Para evitar abonos o riegos de más, también han creado su propio código visual: pinzas amarillas para el fertilizante y pinzas azules para el agua.

A la hora de seleccionar las especies plantadas, Carmen Álvarez explica que buscaron crear un "miniecosistema natural" en la terraza de la compañía. "Hay de todo, hasta plantas aromáticas para aumentar la biodiversidad y repeler plagas. Además se incluyeron flores para atraer polinizadores beneficiosos para la plantación", detalla Carmen Álvarez, que instaló en la azotea más de cuatro mesas de cultivo de unos seis metros cuadrados de tamaño en total. "Creo que es una iniciativa muy interesante y entrañable, y viendo cómo la gente está respondiendo, va a funcionar", dice la experta en huertos.

En unas semanas recogerán las primeras remolachas y, semanas después, lechugas. Ahora queda pensar qué harán con esos alimentos. "Algunos compañeros ya nos dicen que tenemos que hacerles una comida con todo lo plantado en el huerto... Después de atenderlo tanto, me va a dar pena hasta comerlo", dice entre risas Eva Infiesta. Pero está claro que para los 1.022 empleados, no hay. "Estamos pensando en organizar algún tipo de jornadas o incluso que los trabajadores puedan traer aquí a sus hijos y conocer el huerto. Pero de momento todo esto son ideas, tenemos que darle más vueltas", añade Lucía Llano, muy ilusionada. "Esperemos que más empresas se sumen a la actividad", recalca Carmen Álvarez.

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