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Los militares empiezan a rastrear en Asturias: "La gente lo ve como una ayuda"

Una treintena de soldados del "Príncipe", cantidad que se doblará la semana que viene, busca contactos de los contagiados

La llamada del Ejército: Así trabajan los rastreadores de Cabo Noval

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Una niña gijonesa de 13 años acaba de empezar a mostrar los síntomas de coronavirus y corresponde a un rastreador del Regimiento "Príncipe", el soldado Wilmer Andrade Falla, de Oviedo, comunicar con la madre de la menor para explicarle que la cría debe permanecer en cuarentena hasta el próximo día 29, incluso si la PCR que le han hecho resulta negativa. También que debe tomarle la temperatura dos veces al día y aislar a la adolescente en un cuarto con baño. La misión de Andrade consiste también en reconstruir los contactos estrechos de la pequeña en los dos días anteriores a la aparición de los síntomas, para comunicarles a su vez la necesidad de hacer la prueba PCR y descartar que hayan contraído la enfermedad. Andrade es uno de los 31 soldados adscritos a la Unidad de Vigilancia Epidemiológica (UVE) del "Príncipe" que desde este lunes se han incorporado al dispositivo de rastreo del Principado. "La madre se ha puesto un poco nerviosa", desvela el soldado.

En una mesa cercana -en una de las salas destinadas con anterioridad a los simuladores de combate, ahora ocupada por los rastreadores-, el soldado Alejandro Huerta Alonso, de Pola de Siero, identifica los contactos de un joven que ha contraído la enfermedad, entre ellos algunos amigos que han coincidido con él en una cafetería, "sin mascarilla". "Se recaban una treintena de datos de cada persona. "Las personas lo viven con algo de incertidumbre. Lo vemos todo muy lejos, y cuando se enteran de que han estado en contacto con una persona con coronavirus se inquietan bastante", explica.

Al frente de la sección que trabaja en el rastreo desde el lunes está la teniente enfermera Alicia Fernández Lozano, quien asegura: "Nos presentamos como militares. A los contactos se les recuerda la obligación de colaborar, y se les informa de que los datos registrados solo pueden ser usados para la lucha contra la pandemia", señaló. Para esta teniente, es fácil empatizar con la población, basta con mencionar el problema sanitario en el que estamos inmersos: "La gente lo ve como una ayuda, como una necesidad". Los rastreadores no lo tienen a fácil en ocasiones. "La gente nos recibe bien, nos dejan entrar en sus casas y nos explican sus circunstancias personales. Los que conviven con personas de riesgo, se preocupan bastante. Hay que tratar de comprenderles y empatizar. Hay gente que piensa que se trata de una broma y no facilita datos", explica la soldado Tania Cotrino Cabal, de Gijón. Se les tiene que recordar entonces sus obligaciones legales. Cotrino indica que esta misión le satisface: "Me gusta el hecho de estar cerca del ciudadano, es una gran experiencia".

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Así trabajan los rastreadores del Covid del ejército en el cuartel del Cabo Noval

Como explicó el coronel Alfonso Pardo de Santayana, jefe del Regimiento y comandante militar de Asturias, por el momento se ha puesto en juego una sección, pero la semana que viene se destinará una segunda sección a la UVE, hasta llegar a los 80 rastreadores solicitados por el Principado. Pardo de Santayana resaltó el esfuerzo en el proceso de integración con el sistema del Principado, así como la formación recibida por los rastreadores, que se inició primero con simulacros.

La UVE está dirigida por el capitán José Carlos López Sánchez, quien destacó que están preparados, por su formación militar, "para crear empatía con la población". Diariamente, explicó, están rastreando entre 40 y 50 contactos. Añadió que los miembros de la unidad ya participaron en la "operación Balmis" durante el confinamiento, y que están en contacto permanente con personal del Principado más experimentado en el rastreo.

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