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ignacio de blas | Epidemiólogo veterinario, forma parte del comité asesor del covid reclutado por el Principado

“Asturias sigue en una situación privilegiada, aún no ha perdido el control de la epidemia”

“Aquí las dietas drásticas no funcionan: por muy estrictas que sean las medidas, si volvemos a la vida de antes regresaremos al punto de partida”

Ignacio de Blas.

Ignacio de Blas.

La pasión de Ignacio de Blas por la divulgación, por contar y hacer entender las cosas se contagió con el covid. Profesor de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Zaragoza, sus análisis del nuevo coronavirus en clase de Primero de Epidemiología se propagaron al whatsapp, a la red

–La ola de otoño ha arrastrado los buenos datos de la pandemia en Asturias. ¿Qué ha pasado?

–Se puede decir que en Asturias apenas hubo primera ola, o que su impacto fue mínimo. Los coronavirus producen enfermedades de carácter estacional, por eso en primavera, a poco que se hicieran bien las cosas, se conseguían resultados. Y Asturias hizo bien las cosas. Ahora, sin embargo, el virus juega en campo propio. Mientras en primavera íbamos a favor de la corriente, y avanzábamos aunque remásemos poco, ahora podemos decir que estamos subiendo el Sella. En invierno, el virus está en sus mejores condiciones para propagarse y encima nosotros le ayudamos amontonándonos en espacios cerrados para que nos localice fácilmente.

–¿Es posible remar contra la corriente?

–Asturias está por encima del límite marcado, está en rojo, pero incluso ahí hay tonalidades. La región sigue estando en unas condiciones privilegiadas, porque aún no ha llegado a perder el control de la epidemia. Ha habido un momento en el que la positividad se les ha ido, pero están en condiciones de recuperar el rastreo y de tomar medidas para ir un paso por delante del virus. Va a ser complicado que nadie consiga doblegar la curva en invierno. Lo que sí hay que hacer es conseguir una meseta que no sea demasiado alta ni tenga picos, y yo creo que eso en Asturias se va a poder lograr... En otros sitios, va a ser difícil.

–¿Ha cuestionado los confinamientos perimetrales?

–Para aplicarlos, hay que analizar bien qué movimientos se van a tener que hacer sí o sí. Si cierras una zona, pero no eres capaz de reducir las actividades que generan movilidad, como el trabajo presencial o el tránsito hacia centros educativos, sanitarios o de otro tipo, te encontrarás con una permeabilidad que, sobre todo entre semana, dificulta mucho las cosas. Yo creo que plantearlo con eficacia de lunes a viernes es inviable. Es casi mejor abordarlo los fines de semana.

–A la vista de la movilidad, ¿en Asturias sería más eficaz un cierre extendido al área central?

–Tal vez, teniendo en cuenta que las zonas más rurales del este y el oeste están en mejor situación. Es una medida que funciona muy bien para focos muy localizados.

–El Gobierno no está por la labor del confinamiento total. ¿Confinaría en casa solo a los mayores?

–Los confinamientos parciales pueden plantearse también por estratos de población. Y hay dos momentos críticos para tomar medidas drásticas. Uno se da cuando se pierde el control del rastreo, y eso se nota porque sube la positividad o baja mucho el porcentaje de asintomáticos que se detecta; el otro, cuando el sistema hospitalario se satura. Y como los que están llegando a las UCI en general son mayores de 65 años, a lo mejor hay que tomar medidas extraordinarias. Yo no hablaría de un confinamiento estricto de los mayores, pero tal vez sí de establecer franjas específicas y estrictas para ellos.

–¿Cómo lo haría?

–Igual hay que plantear que se les lleve la comida a casa, se les vaya a por medicinas, establecer rangos para que usen el transporte público o sistemas de desplazamiento específicos. Está protección civil, el Ejército… Hay medios. No es tan sencillo como encerrarlos sin más. El problema es que por mucho que tomemos medidas muy estrictas, si luego volvemos a nuestra vida de antes, regresaremos también al nivel de partida. Sucede como en las dietas, como quien deja de comer una temporada y se hincha después a bocadillos. Tenemos que cambiar nuestra forma de gestionar la enfermedad día a día, acostumbrarnos a poner el virus en su sitio, que es fuera de nuestras vidas. No a convivir con él. Aquí las dietas drásticas no funcionan.

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