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La primera jefa de la historia de la Guardia Civil aprendió a romper techos de cristal en la montaña asturiana

Silvia Gil se pondrá al cargo de la comandancia de Teruel aplicando lo que aprendió de mandar en Cangas de Onís

Silvia Gil, en primer término en el centro, durante su paso por Asturias.

Silvia Gil, en primer término en el centro, durante su paso por Asturias.

La última vez que Silvia Gil estuvo en Asturias fue en octubre del año pasado, cuando compartió mesa y mantel con viejos compañeros de profesión. Por aquel entonces nada hacía prever que una pandemia mundial iba a obligar a confinar a la población. Seguro que la propia Gil tampoco soñaba en aquella comida, celebrada en el restaurante Villa María de Cangas de Onís, que justo un año después el Ministerio del Interior iba a elegirla como la primera mujer en la Guardia Civil que asume el mando de una comandancia – en este caso la de Teruel– en los 175 años de historia del cuerpo. Así logró un hito esta teniente coronel madrileña “criada” en la montaña asturiana

Buena parte de lo que esta madrileña sabe de mandar y de escalar en la carrera profesional lo aprendió en Asturias cuando aún era comandante. En el año 2005, recién ascendida y después de un año de formación, Gil llegó al Grupo de Montaña de la Guardia Civil con base en Cangas de Onís, junto a los Picos de Europa. Estuvo apenas once meses en tierras asturianas. Pero dejó huella. Y buena muestra de ello fue precisamente ese viaje de ida y vuelta de Madrid a Asturias que la teniente coronel hizo en octubre de 2019. Ida y vuelta en 12 horas para poder despedir a un brigada que se jubilaba en el grupo y que había trabajado con ella 13 años antes. Todo un ejemplo de compromiso con el cuerpo y con aquellos sobre los que manda. Un compromiso que es totalmente definitorio de Gil. “Le encanta hacer grupo”, explican quienes la conocen.

Pero si algo destaca de esta madrileña es su incansable afición por romper techos de cristal. En su currículum se acumulan frases del tipo “fue la primera que”. Gil comenzó su carrera en la Academia General de Zaragoza. Después completó su formación en la Academia de Aranjuez. Ya convertida en teniente se desplazó a Vecindario, en Canarias. En 2006 hizo un curso de montaña. Y empezó a romper moldes. “Fue la primera mujer que mandó en este tipo de grupos y estamos convencidos que se decantó por la montaña porque ninguna mujer había entrado nunca en ese sector y quiso ser pionera”, confiesa uno de los compañeros que la conoció durante su etapa asturiana. En el Principado, Gil aprendió a escuchar y a “fiarse mucho” de los guardias más experimentados. “No paraba quieta, era de las que iba a los rescates, nunca se quedaba en el cuartel a esperar”, cuentan de ella. Gil también aprendió entonces lo duro que puede ser el trabajo de guardia civil y empezó a cuidarse. Se aficionó incluso a correr maratones.

“Fue la primera mujer que mandó en este tipo de grupos y estamos convencidos que se decantó por la montaña porque ninguna mujer había entrado nunca en ese sector y quiso ser pionera”, confiesa uno de los compañeros

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La práctica de deporte no le impidió seguir formándose. “Es una apasionada del conocimiento”, apuntan sus conocidos. Gil estudió inglés durante su estancia en Asturias y afrontó entonces, nada más salir de Cangas de Onís, su primera misión internacional en Líbano. Acababa de ascender a capitán. Poco después volvería a Canarias como jefa del subsector de Tráfico, en donde hasta entonces tampoco habían conocido mujeres jefas.

Pero no le bastó con eso. Gil fue también la primera jefa de la oficina de la Igualdad cuando esta se creó en la sede central de la Guardia Civil. Abrió camino y volvió a irse. En esta ocasión, a una misión de Naciones Unidas en Colombia, en donde hace días recibió la feliz noticia de que va a romper otro techo. El definitivo. El que supone que va ser la primera mujer guardia civil que tenga toda una comandancia a su cargo. Desde Asturias aseguran que alguno de los que fueron parte de su equipo en la montaña deslizó más de una sonrisa de orgullo al conocer la noticia. El techo de la montaña asturiana enseñó a Gil que los cristales, si impiden la superación de barreras, son para romperlos.

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