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El asturcón, un aliado contra el fuego en la España vacía

El naturalista ovetense Benigno Varillas plantea recuperar especies extintas de herbívoros salvajes como tarpanes (caballos) y uros (vacas) para limpiar el monte

ASTURCONES, EN UNA FINCA DE DEVA ANGEL GONZALEZ

El caballo asturcón asturiano, raza rústica y de pequeño tamaño que habita desde la antigüedad los territorios montañosos de la cordillera Cantábrica, es una potencial herramienta para prevenir los terribles incendios que azotan, cada vez con más frecuencia y también virulencia, los montes del Principado. Así lo expone el naturalista y escritor ovetense Benigno Varillas con motivo del Día Internacional de la Diversidad Biológica, celebrado este domingo bajo el lema “Construir un futuro compartido para todas las formas de vida”. Según el experto, la reintroducción de manadas de bisontes, vacas y caballos salvajes permitiría combatir el fuego e impulsar el turismo basado en la observación de fauna para revitalizar la España vacía.

Devolver al monte a los grandes herbívoros prehistóricos, como uros, tarpanes y bisontes europeos, es el objetivo de los gestores de algunos programas de reintroducción y conservación mundiales. “Aunque al último uro (antepasado de la vaca) lo mataron en el siglo XVIII y el último tarpán (antepasado del caballo) murió en el siglo XIX, estas especies extintas se podrían recuperar a partir de asilvestrar a sus descendientes domesticados, la vaca y el caballo”, asegura el asturiano.

Estos animales, que fueron domesticados hace unos 6.000 años, han ido perdiendo sus antiguas capacidades, pero se podrían recuperar a partir de las vacas españolas “como la pajuna de Andalucía, la tudanca de Cantabria o la sayaguesa de Zamora”, explica. En cuanto a los equinos, los protagonistas serían el onubense caballo de las retuertas, el citado asturcón asturiano, el pottoka vasco, el losino burgalés o el garrano gallego. Varillas señala que “no se trata de llenar la España vacía de herbívoros”, sino de que “no se siga vaciando”, porque “como ahora nadie quiere ser pastor” la forma de que estos animales permanezcan es “que se asilvestren para ser gestionados por naturalistas”.

BENIGNO VARILLAS, NATURALISTA MARCOS LEON

El planteamiento del asturiano es el siguiente: estos grandes herbívoros se estructurarían en manadas una vez liberados, con machos y hembras dominantes, “que aprenderían a defenderse de los grandes carnívoros” como osos y lobos. Así las cosas, abunda el naturalista ovetense, “si un depredador ataca al rebaño, no sería un drama”, sino más bien “un sistema de sanidad ambiental”, ya que los grandes carnívoros “eliminan individuos enfermos, débiles o sobrantes” y mantienen los ecosistemas en “equilibrio”. Esos que se podrían denominar “neouros” y “neotarpanes” nunca serán iguales que los originales, pero “podrían ocupar el nicho ecológico” de estos y cumplir la función de sus ancestros: controlar la vegetación. Esto lo harían de dos formas, “a diente y pisoteo”. Porque los grandes herbívoros, de más de más de 200 kilos, aportan al ecosistema un control de la flora que no ofrecen los corzos o los ciervos que abundan hoy en día, mucho más ligeros.

Extinción

No todos los animales antiguos de este tipo han desaparecido: a diferencia de los uros y los tarpanes, los bisontes europeos corrieron mejor suerte, ya que “a partir de una docena de bisontes asilvestrados se evitó su extinción definitiva”.

Este concepto de “resilvestración” ya se ha puesto en práctica en algunas zonas de España, como en Atapuerca (Burgos), una zona de gran interés arqueológico que conserva los restos más antiguos de seres humanos de la península Ibérica. A solo 9 kilómetros del yacimiento prehistórico, la localidad burgalesa de Salgüero de Juarros acoge Paleolítico Vivo, una reserva biológica en la que un grupo de bisontes europeos salvajes protagonizan un modelo de turismo de observación de fauna que “ya ha atraído a más de 30.000 visitantes desde 2009”. Sin ir más lejos, en Asturias, en el Parque de la Prehistoria, se pueden ver ejemplares tanto de uros como de tarpanes y bisontes, así como de Przewalski, un caballo de origen prehistórico. Varillas opina que el arte rupestre y su explotación turística es una asignatura pendiente en España: “A pesar de ser el país con mayor patrimonio de arte prehistórico, no lo ha sabido aprovechar para atraer a gente de las ciudades y recuperar el territorio”.

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