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Lobos “casi a la orilla del mar” y ataques semanales en los Picos: “Hasta que no ataquen a un peregrino del Camino De Santiago no harán nada”

“Tuvimos que espantarlos cerca de las vacas de leche cuando aullaban entre maizales”, cuentan en El Franco

La voz de los ganaderos asturianos ya está llegando a Bruselas. Allí reclamó esta semana Asaja Asturias que la UE permita a los estados gestionar la especie en función de su situación particular. Pero las perspectivas de que sean escuchados no son altas. «La Comisión Europea parece alineada con el ministerio de Teresa Ribera», aseguró Geli González, secretaria general de Asaja Asturias.

Esta situación política escama especialmente en los puntos donde llevan años –con y sin el plan de gestión de la especie del Principado activo– sufriendo daños o viviendo con el temor continuo a ellos. Y eso ya ocurre a escasos kilómetros de la costa cantábrica, junto al litoral occidental. «Es inaudito lo que está ocurriendo en todos los lados de la región. Pero aquí, hace dos días, los tuvimos que espantar de entre las vacas de leche, en el prao. Estaban aullando entre el maíz. Y, luego, para las vacas roxas saqué crotales para cuatro xatos que tenía nacidos y ya no sé a quién ponerlos, si a Barbón o Sánchez, porque esos xatos ya no están... Además de vacas que estaban preñadas y aparecieron sin cría”, cuenta José Manuel Martínez desde Miudes (El Franco).

Martínez hace la narración de esos episodios y «desapariciones» de ganado –«prácticamente a la orilla del mar», puntualiza– en un tono entre la resignación y el cabreo. «Hay algún listo que dice que guardemos las vacas de noche también en verano, y eso a nadie se le ocurre. Guardarlas supone el doble de gasto para estabularlas. Y, por ejemplo, a un vecino le mataron unas ovejas que estaban cerradas», señala. Este ganadero aclara que «lobos en la sierra siempre hubo, pero no la barbaridad que hay ahora en la zona porque, aunque digan que hay pocos, es mentira».

Curiosamente, Martínez tiene que espantar al lobo cuando acecha a las vacas de leche en tierras bajas pero tiene menos problemas en la sierra. ¿La razón? Una fuerte inversión para proteger a las reses de carne que tiene allí. «Tenemos arriba, en las fincas de la sierra, seis mastines con las vacas. Pero ya ves lo que comen, como un saco de pienso diario. Y la gente que va a pasear empieza a quejarse de que les salen los perros. Además, a este paso acabarán atacando también a los mastines», explica.

En cambio, en la zona más cercana a los pueblos «han llegado a entrar a las cuadras» y «andan entre las casas como si fueran gatos porque encontramos sus excrementos». José Manuel Martínez es tajante: «Si el plan de gestión del lobo del Principado ya no funcionaba, ahora estamos peor todavía. Aquí ya no se ve un corzo, no tienen presas. Es todo una comedia. Aquí no van a hacer nada hasta que no le pase algo a un peregrino del Camino de Santiago».

El último plan de actuaciones de control del lobo del Principado aprobado –el de 2021-2022, suspendido por la protección total a la especie dictada por el Ministerio– establecía un cupo de hasta cinco ejemplares abatidos en la zona noroccidental, donde en los últimos años se advirtió «la presencia de nuevos grupos en la zona norte y otros grupos en Taramundi y Oscos». En otra área del Occidente que establece el plan, la de El Palo-Esva, establecía un cupo similar por «el fuerte impacto de la especie en la ganadería». El Principado estima que hay unas cinco manadas en la zona noroccidental y hasta siete en la de El Palo-Esva, de las 44 que calculan que puede haber en toda la región.

Los Picos de Europa son otra área sensible, toda vez que es zona tradicional de pastoreo. Según los cálculos del último plan regional del lobo, habría tres manadas en la zona excluida del Parque Nacional. Se establecía un cupo máximo de tres ejemplares a abatir, a los que habría que sumar otro de cuatro fijado dentro del terreno protegido. Samuel Muñiz, con vacas que pastan en el Parque Nacional, cuenta un episodio de hace quince días. «El jueves dejé una vaca de un año en un zona, cerca del lago Ercina, y el sábado por la mañana llegué y estaba a diez metros de donde la dejé yo, pero muerta. A los pocos días encontré otra de un vecino más arriba. Para que matasen a una vaca de un año, ya eran bastantes lobos. Me certificaron su muerte para cobrar la indemnización», explica Muñiz, vecino de Pedrugada, en Corao (Cangas de Onís).

El regidor de pastos, José Antonio García, tiene constancia de «tres o cuatro ataques a la semana». «Todos los años hay, un año más para un sitio y otro en otro. Y ahora me tocó a mí», lamenta Samuel Muñiz, que deja claro que «ahora hay muchos más lobos y también pasan por aquí, cerca del pueblo; los vieron por Corao». Pone un ejemplo que le tocó de cerca: «A mi novia le sacaron las vacas del prao y mataron a dos ovejas en primavera. Las tenía en un prau cerrado en el pueblo». Y añade: «El problema es muy grave. ¿Tienes animales para que te los coman?. Hasta que ataquen a una persona, no harán nada. Que no se olviden de que estos animales comen carne, no comen verde».

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