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La decisión sobre la candidatura de la sidra a Patrimonio Mundial, aplazada a 2024

La Unesco relega su evaluación ante las propuestas de países con poca presencia en la lista | «Era bastante posible», asume Luis Benito García

Participantes en el escanciado institucional de la Universidad de Oviedo en apoyo de la candidatura ante la Unesco para que la bebida regional sea Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. | Irma Collín

La sidra tendrá que esperar. La decisión sobre el ascenso de la candidatura de la cultura sidrera asturiana a la condición de Patrimonio Mundial Inmaterial de la Unesco no se adoptará hasta noviembre de 2024 tras la renuncia del organismo internacional a incluir la evaluación en el ciclo 2022-2023 y a valorar por tanto la designación en noviembre de 2023. La sidra es excedente de cupo, toda vez que su exclusión obedece únicamente al elevado número de aspirantes presentados desde países con menos presencia que España en la Lista Representativa. Como quiera que la Unesco sólo analiza cada año 55 candidaturas, que prioriza las de los países menos representados y que España ya cuenta con veinte elementos, las aspiraciones asturianas han quedado pospuestas y el sobre con las razones que las avalan no se abrirá hasta dentro de algo más de dos años.

En esas circunstancias, la decisión sobre la sidra entrará obligatoriamente, y ahora ya seguro, en noviembre de 2024, dado que todos los estados tienen derecho a que uno de sus expedientes se analice cada dos ciclos y que la cultura sidrera es oficialmente el aspirante español por acuerdo del Consejo del Patrimonio Histórico Español adoptado en noviembre de 2021. El historiador Luis Benito García, director de la Cátedra de la Sidra en la Universidad de Oviedo y promotor de la candidatura, asume la demora con resignación, con la conciencia de que «nos habría gustado más en esta primera tanda» y la confianza intacta, sabiendo que el contratiempo se debe a «una mera cuestión de plazos». En un proceso de tantos años, resalta, «un año arriba o abajo no implica gran cosa» y no se va a aburrir. «Queda mucho por investigar y por conocer».

«Hay que asumir», enlaza, que la normativa de la Unesco, al menos de 2008 hacia acá, es muy selectiva y que era «bastante posible» que esto que ha sucedido ocurriera. Por un lado, porque las postulantes europeas parten con menos opciones que las que se presentan desde África, Asia y Latinoamérica; de otro, porque España, Francia e Italia cuentan con una «doble penalización por tener tantos elementos incluidos en la relación». «En un contexto económico de pandemia», en algún lugar de su fuero interno García esperaba que «pudieran presentarse menos aspirantes desde países con economías menos desarrolladas», pero eso no ha sucedido y toca esperar.

«Era esperable que fuese evaluada en el siguiente ciclo, teniendo en cuenta que España ya cuenta con otras declaraciones», asume también el director general de Cultura y Patrimonio del Principado, Pablo León. «Por ello vamos a seguir trabajando y apoyando a un sector y una tradición que son pilares en la configuración de la identidad asturiana».

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