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El área protegida de Zeluán, en peligro por los paseos perimetrados en Avilés

“La presión humana es exageradísima para un sitio tan pequeño”, advierten desde el colectivo Mavea, que ha interpuesto varias denuncias

Un grupo disfrutando en el pedrero de Zeluán con cañas de pesca, cuyo uso está prohibido en el espacio protegido.

Un grupo disfrutando en el pedrero de Zeluán con cañas de pesca, cuyo uso está prohibido en el espacio protegido. Mavea

La ensenada de Llodero y la charca de Zeluán son una «reliquia», el último vestigio de lo que debió ser un estuario de importante influencia mareal. Hace casi 20 años, en 2002, este espacio más gozoniego que avilesino fue declarado Monumento Natural, una etiqueta que en Asturias tienen 38 enclaves naturales más como, por ejemplo, el conjunto lacustre de Somiedo; es decir, lugares que “por su notoria singularidad, rareza o belleza merecen ser objeto de una protección especial”. Ahora este espacio que se ha alzado como el último bastión de vida en una ría que “agoniza”: “Con el cierre perimetral de Avilés mucha gente acude a este espacio y la presión humana es exageradísima para un sitio tan pequeño”, advierten los integrantes del grupo ornitológico Mavea, un colectivo que desde hace un cuarto de siglo vela por la protección de este Monumento Natural. Piden que se cumplan con los usos recogidos en el plan de gestión en los que destaca, por ejemplo, la prohibición del pasear con perros sueltos o la pesca “tanto con caña como nasa y la recolección de anélidos y moluscos”.

“La afluencia de personas y el poco cuidado que tienen algunas supone ya un problemón para el Monumento Natural de Zeluán”, recalcan los de Mavea, que ya han interpuesto “varias denuncias por perros sueltos”. Tildan de “barbaridad” también el acceso a pie hasta el pedrero situado delante del punto de observación de aves, una caseta de madera: es una zona de aves. Y es que la Ensenada de Llodero y la charca de Zeluán conserva importante valor como lugar de refugio de aves limícolas en los pasos migratorios y alberga las últimas comunidades de vegetación marismeña de lo que fue el gran estuario de Avilés. Además de un censo regular de aves, los del grupo ornitológico cuentan con un inventario de los hábitats y especies de interés que se pueden encontrar en el monumento natural.

“Está expresamente prohibido molestar a las aves o llevar a perros sueltos”, explican

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Estas son: la nutria, el lagarto verdinegro, el sapillo pintojo, el ciervo volante y la lamprea marina. En cuanto a la flora y vegetación, la mayor parte de la ensenada, descubierta sólo durante la bajamar, aparece poblada de comunidades de algas en las que domina la muy común “Fucus spiralis”. Los últimos retazos de vegetación de marisma se sitúan casi en la bocana y se limitan a fragmentos de las comunidades características de la marisma halófila, que en otro tiempo debieron poblar la mayor parte del estuario avilesino, según recoge el Gobierno regional en sus fichas dedicadas a los Monumentos Naturales de Asturias. Se trata principalmente de matorrales de sosa de las salinas (“Sarcocornia perennis”) y, en las áreas topográficamente elevadas y mejor drenadas, salobreña (“Halimione portulacoides”). En algunos puntos de deficiente drenaje aparece además la acelga salada (“Limonium vulgare”). Tanto ésta última como la sosa de las salinas son plantas protegidas legalmente a través del Catálogo de Flora Amenazada del Principado.

Personas paseando a un perro sin correa por el Monumento.

Personas paseando a un perro sin correa por el Monumento. Mavea

Se conservan, asimismo, fragmentos de las comunidades de vegetación de playas. Por detrás de éstas, se reconoce un pequeño cinturón de duna blanca y por último una amplia franja de duna gris, en la que aún se conservan poblaciones de la lechuguilla dulce (“Reichardia gaditana”) y la espigadilla de mar (“Crucianella marítima”), catalogada la primera como especie de interés especial y la segunda como especie sensible a la alteración de su hábitat.

Toda esa riqueza natural fue la que llevó al Principado a la declaración de Llodero y Zeluán como Monumento Natural: “Se trata de un lugar con grandes valores naturales, donde se hace, por tanto, necesaria la introducción de normas de protección que prevengan los efectos negativos de los factores lesivos que pudieran causar la pérdida de los valores y elementos que determinan el interés de conservación de este espacio”. ¿Y a quién compete el cumplimiento de esta normativa? «La administración y gestión de este monumento natural corresponderá a la consejería competente en espacios naturales protegidos», reza el decreto por el que se etiquetó el Monumento Natural que ahora recibe pisotones de avilesinos, en su mayoría, deseosos de reencontrarse con la naturaleza tras un cierre perimetral que a veces se antoja largo en el tiempo.

“Lo que hay que dejar claro es que el aparcamiento, las pasarelas y la playa de Zeluán no están en Avilés sino en Gozón. Y que cuando sube la marea no queda sitio para las aves, estando expresamente prohibido molestarlas en el espacio protegido”, concluyen los de Mavea que urgen “más control del uso y sobre todo del abuso, más información y sensibilización” para la protección de este pequeño reducto natural que se conserva a caballo entre Avilés y el vecino concejo de Gozón.

Cerca de 400 alados

En lo relativo a la fauna, el principal interés de la charca de Zeluán y la ensenada de Llodero radica en su capacidad para albergar poblaciones de aves limícolas migradoras, igualmente según los informes del Principado publicados en “Naturaleza de Asturias”. “Se estima el paso anual de entre veinte mil y treinta mil aves, habiéndose llegado a censar en los años más favorables del orden de cuarenta mil”, sentencian. De entre las recogidas en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas destaca el zarapito real, ostrero euroasiático o cormorán moñudo.

De las aves presentes en la ría, “las limícolas son sin duda las que presentan un mayor grado de dependencia de los recursos que ofrece la ensenada de Llodero.

Durante verano e invierno la presencia se limita a menos de cien aves diarias, que se elevan hasta cuatrocientas en el paso postnupcial y hasta más de un millar en el paso de primavera. Durante la bajamar las aves se encuentran repartidas por toda la ensenada, pero a medida que sube la marea se concentran en la playa y el Islote de la Llera, para finalmente ocupar en exclusiva este último lugar”. Es ahí donde ahora hay importante concentración de visitantes, según los explican los integrantes del colectivo Mavea.

El ecosistema

¿Qué significa la etiqueta de “Monumento Natural”?. 

La finalidad de esta declaración es la «conservación y recuperación de los ecosistemas amenazados, prestando especial atención en la conservación de las características naturales que permiten que la zona mantenga una alta capacidad de acogida de aves durante los procesos migratorios, así como a las dunas y marismas del área de San Balandrán y La Llera y a la conservación de la vegetación del entorno de la charca de Zeluán y dentro de las actividades de restauración vegetal eliminando especies autóctonas, particularmente las que tienen carácter invasor».

¿A quién compete el cumplimiento de esta normativa?.  

«La administración y gestión de este monumento natural corresponderá a la consejería competente en espacios naturales protegidos», reza el decreto 100/2002 por el que se declaró monumento natural la ensenada de Llodero y la charca de Zeluán.

Usos no permitidos en el espacio protegido                  

“Espantar o molestar a las aves durante la migración puede tener nefastas consecuencias para estos animales. Actividades como pasear por el monumento con un perro suelto pueden ser muy nocivas para las aves y están prohibidas por la normativa de este espacio”, explican desde el Principado a través de la web “Naturaleza de Asturias”. Tampoco está permitida la pesca con caña o nasa o la recolección de moluscos. 

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