El músico madrileño Luis Antonio Muñoz (1971) publicó el año pasado “Historia oculta de la música” (La esfera de los libros), un estudio histórico de malvados, de masones o “illuminati” que se dedicaron a sacar música del lado más salvaje de la vida. Lo que hizo ayer, en su vuelta al Festival Celsius 232 de literatura fantástica, ciencia ficción y terror, fue hablar de la presencia del mal en los pentagramas. Un rato antes, sin embargo, atendió a LA NUEVA ESPAÑA en la terraza del bar de su hotel avilesino. 

-Decían que la música del Demonio es la que sonaba cuando ponías el disco marcha atrás. 

-Casi todas las imágenes que tenemos del Demonio en la música viene del mundo del rock. Lo que ocurre es que esto tiene un pasado. Siendo muy esquemático, en el mundo del rock el Demonio vendía más discos. Siempre que el Demonio estaba de por medio, la banda vendía más discos. 

-Sus Satánicas Majestades. 

-Claro, por ejemplo. Los “Rolling Stones”. El Demonio crea una estética tanto en las portadas de los discos como en los propios contenidos. 

-Hablamos del “heavy”.

-Por ejemplo “Black Sabbath”. Su primer disco es muy siniestro y abre toda una puerta a la intervención del Maligno. Lo que ocurre es que la gente se queda en el mundo del rock, pero no sabe cuál es la historia de toda esta relación. 

-Le escucho. 

-Las primeras relaciones del Demonio con la música vienen casi desde la Edad Media. Hay un concepto que los teóricos de la época relacionan con el Maligno: la fealdad. Los tonos feos estaban relacionados con el mal. 

-Pero la música acercaba las almas a Dios. ¿O no?

-Fíjese. San Agustín advertía sobre el demasiado placer que pudiera provocar la música. O sea, el problema viene cuando algunos analistas plantean que la música pase de ser un rezo a un dios, a cualquier dios, a un acto placentero. Un Papa llega a recomendar que no se haga polifonía porque la polifonía era tan bella que trascendía el sentido del rezo del canto llano tradicional. Así que, cuidado con lo demasiado bello y vámonos a lo más sencillo que es verdaderamente el rezo. Y esto se une a otros conceptos como el que se aplicaba a los niños que nacían deformes en la Edad Media: hijos del Diablo. La asociación entre fealdad y la influencia del Diablo también afectó a la música. Hay intervalos que, por una cuestión convencional, se consideraban feos. 

-Como el “diabolus in musica”.

-Eso es. Se trata de un tritono que estéticamente se consideraba feo y hasta desagradable. 

-Lo llamativo es que el Demonio no era músico. 

-No era músico, pero en algunos procesos inquisitoriales se describe la voz de Satán y también los instrumentos que tocaba: en Italia y en España, la guitarra; y en Inglaterra, con el arpa. Lo que se deducía de esto no es que el Demonio fuera músico, sino más bien que el hecho de tocar en busca del placer era una influencia demoníaca. En los procesos inquisitoriales, claro, había tortura y bajo tortura uno decía lo que el interrogador quería escuchar. 

-¿La música diabólica fue en algún momento “la buena”?

-Poca gente se atrevió a plantear esto como una propuesta llamémosla “buena” o “mainstream”: cómprame esto porque es del Demonio. Esto no se hizo nunca. Sin embargo, creó corrientes estéticas, algunas muy fuertes. Le hablo, por ejemplo, de Goethe y su “Fausto”. A partir de él, habrá muchísimas obras en los que se establecían distintas lecturas de lo demoníaco. Hay unas 550 óperas sobre Fausto. Sobre todo de los siglos XVIII y XIX. Hay una que se llama “Si Fausto fuera Faustina”. 

-¿Y por qué? ¿Todo el mundo ha querido alguna vez vender su alma?

-El tema original de “Fausto” proviene de la nigromancia medieval. Lo que ocurre es que Goethe le da una dimensión filosófica que se mezcla con el cristianismo. Fausto no quiere ser eterno, no es ese su objetivo principal. Fausto lo que quiere es el conocimiento, pero para tenerlo necesita el tiempo por eso plantea el sacrificio de su alma y eso termina siendo un castigo a lo Prometeo. 

-¿Qué está estudiando ahora?

-Ahora estoy metido con Goethe, que perteneció a los “Illuminati” de Baviera. Todas estas lecturas que siempre se ha hecho de una forma como neutralizada de su obra…

-¿A qué se refiere?

-Cuando se estudia su obra no se hace a partir del escenario de sus creencias. Nadie sabe realmente que Mozart fue masón y mucha parte de su música está condicionada por su pertenencia a la masonería y los contactos que él tuvo en los últimos años de vida: pasó por las principales logias tanto de Viena como de Alemania. Ahí conoció a muchos que, además de ser masones, pertenecían a la orden de los “Illuminati”.