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Carreño | PERSONAJES

Panín, el hombre sabio de la mar

El candasín Cipriano Aramendi, muy vital a sus 91 años, fue secretario de la Cofradía de Pescadores durante la época de mayor actividad

Panín, el hombre sabio de la mar

"Tengo 91 años, aunque puede poner 92, que los hago en febrero. A estas alturas ya me da igual que figure uno más que menos. La vida hay que aceptarla como venga y ponerle buena cara. De nada sirve enfadarse, porque entonces tienes dos trabajos que hacer. ¿Y que vamos a morir? Eso ya es conocido de siempre". Así, con esta lección de vida, termina la conversación en el Casino de Candás con Cipriano Aramendi, más conocido como "Panín", un hombre capaz de dejar boquiabierto a cualquiera de sus contertulios con su admirable sabiduría y capacidad para adaptarse al presente. Pocas, muy pocas, personas de su edad pueden presumir de tener una vida tan activa como la suya, manejar el ordenador con esa destreza que demuestra y, sobre todo, ver el día a día, pese a las adversidades, con tanto optimismo. "Pero ¿qué adversidades?", se preguntaría él.

A Panín le tocó vivir años difíciles y también ver, desde su puesto en la Cofradía de Pescadores de Candás, de la que fue secretario durante muchos años, las penurias de los hombres de la mar y de las mujeres de las fábricas de conservas. "Llevaban una vida muy sacrificada. Ellas trabajaban muchísimo y ellos se pegaban unas barrigadas tremendas de frío para que, encima, el pescado estuviese mal pagado. Además, tenían el inconveniente de que si un día pescaban poco o nada, no tenían ni una peseta para llevar a casa", comenta lentamente, mientras se oye de fondo el documental sobre naturaleza que estaba viendo antes de comenzar la entrevista.

Precisamente por ese contexto de villa marinera, Aramendi confiesa que antiguamente la Cofradía de Pescadores local, que contaba con unos 800 socios, era el auténtico sostén del pueblo. Prueba de ello es que la propia entidad contaba con una unidad de socorros en la que se asistía no sólo a los marineros, sino también al resto de vecinos que necesitasen atención médica. "La Cofradía ayudó a muchas familias. Antes la solidaridad era más notable que ahora", opina. Echando mano de esa retahíla de recuerdos que le vienen a la mente, Panín esboza una imagen del Candás de antes. "Era increíble la actividad que había en las fábricas. Y el puerto estaba de barcos así", dice con los dedos apretados indicando abundancia. De hecho, según narra, fueron muchos los marineros vascos que acabaron asentándose en el concejo. Entre ellos, su abuelo. "Por eso mi apellido es Aramendi", afirma este candasín de pro, que nunca olvidó sus raíces.

No obstante, el contacto que tuvo este personaje con el mar no fue sólo a través de la Cofradía de Pescadores y ni mucho menos en la lejanía. Sus padres fueron armadores y ya de niño cuenta que cosía las redes de los barcos. "No eran de hilo como las de ahora, así que daban mucho que hacer", apunta, sacando esa sonrisa que sólo muestra en algunos momentos. Más adelante, ya como representante del Instituto Social de la Marina en Asturias, le tocó aventurarse en alta mar. "Me gustaba mucho. Bueno, desde crío, en realidad. Siempre valoré las actuaciones que hacían cada uno de los tripulantes y las diferentes artes de pesca que se practicaban", comenta. Y lo cierto es que ese cuadro de olas y de embarcaciones llegando a puerto le apasiona hoy tanto o más que hace unos años.

Lo primero que hace Aramendi nada más levantarse de la cama es salir a la calle para "ver cómo está el mar. Nuca me pierdo esa estampa. Es preciosa". La parada en el muelle marca el inicio de su paseo diario. Así, después de contemplar las olas, va en busca del periódico. "Me gusta mucho leer. Me paso horas en casa con el diario en la mano. Y si tengo tiempo también cojo alguna novela", comenta este candasín al que le gusta también, y mucho, agarrar la pluma de vez en cuando. O mejor dicho, el teclado del ordenador.

Y es que Panín acude todas las tardes al Casino, donde mata el tiempo escribiendo cientos de historias. "Me jubilé a los 60 años y me pregunté: "¿y qué hago yo?". Así que aprendí a utilizar internet y ahora cuento cómo era la vida antes y mis aventuras", asegura, tocándose la barbilla, como hace con cierta frecuencia. Quizá, entre esas aventuras, esté la de Sofeca. Porque Aramendi tocó todos los palos y fue el primer presidente que tuvo la Sociedad de Festejos de Candás. "Fue una maravilla. Todo el pueblo respondió y depositó su confianza en nosotros. Allí estuve 8 años, pero como digo yo "salí por la puerta falsa": le dije a mi secretario que convocase la elección de un nuevo presidente. Yo ya tenía mucho trabajo y quería dejarlo", recuerda con alegría.

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