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El ocle que nadie quiere

Los vecinos de otros concejos como el de Gozón acuden a las playas locales a recoger las algas que se acumulan en la costa pese a su subida de precio

Florentino Menéndez, recogiendo ocle en la bahía de Perán. Mónica G. Salas

El temporal reciente de fuertes lluvias y vientos ha generado una densa marea de ocle que tiñe de rojo la costa carreñense. Los recolectores se afanan estos días por recoger hasta el último resto de algas acumuladas en los arenales de Perlora. Más aún cuando esta labor constituye, para muchos, una salida frente a la crisis económica, debido a su alta rentabilidad. De hecho, según precisan los veteranos del sector, cada vez son más los que se suman a este negocio. Incluso, algunos lo compatibilizan con otros trabajos. Con ello, la planta marina ha pasado de ser un bien poco codiciado a un tesoro en toda la región, que en esta época del año se disputan numerosos profesionales. En toda la región menos en Carreño, donde se acumula en las playas sin que nadie lo recoja. Hasta ahora.

En vista de esta situación y ya completamente limpias los arenales de Gozón, son los gozoniegos los que han acudido a por las plantas en la costa carreñense. Florentino Menéndez, de Antromero, comenzó la semana peinando las playas del concejo, aunque reconoce que lo hizo sin muchos ánimos. "Como en Luanco ya se había recogido todo el ocle y ahora cada vez hay más competencia, pensé que aquí ocurriría lo mismo y que ya no iba a encontrar nada", precisa. Sin embargo, sucedió lo contrario. "Llegué a la bahía de Perán (Perlora) y me topé con todo esto", manifiesta señalando un gran número de montones de algas, que calcula que se traducirán en unos 300 kilos en seco. Toda una mina de riqueza para los tiempos que corren. De hecho, Menéndez no vive sólo del ocle, sino que concibe esta labor como "complemento" de su auténtico trabajo en una empresa de limpieza en la capital de Gozón.

Más próximo a Candás, en la playa de El Conexal (Perlora) también trabaja estos días el luanquín José Artime, que se dedica cien por cien al negocio del ocle. No así, en cambio, Manuel Ángel Artime, otro asiduo de la recolecta de algas en Carreño, que compagina la actividad en la mar con la construcción. "No me lo explico. En Candás no hay nadie que las recoja. Debe de ser que los de Luanco somos más pobres", bromea este profesional, que confiesa que en su caso "lo que me mueve, en verdad, a almacenar ocle no es tanto el dinero. Llevo desde guaje metido en esto y me gusta mucho. Aunque no cabe duda de que las algas también ayudan mucho en casa. Y más ahora que los precios están en alza", explica.

El valor medio que se maneja en la actualidad por un kilo en seco de este producto es, según precisan los recolectores, de alrededor de 90 céntimos más IVA. No obstante, el importe nunca está cerrado; puede fluctuar, ya que siempre hay lugar a una negociación. "Cuanto más cantidad aportes y mejor tratado esté el alga más puedes ganar", opina Artime. Y es que después de recogerlo y cargarlo en camiones o tractores, el ocle debe ser trasladado a los campos de secado, para conseguir la máxima rentabilidad. Durante este proceso cualquier detalle es clave. Desde utilizar una maquinaría adecuada que no rompa las algas hasta estar pendiente de colocarlas en invernaderos cuando llueve. Todo cuenta a la hora de elaborar el "agar agar" a partir del cual se hacen medicamentos y cosméticos.

Así las cosas, muchas familias luanquinas son las que esquivan la crisis, gracias al ocle que en Carreño se desprecia.

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