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Paco Aréchaga: "Antes la medicina era más entrañable, eras consejero y amigo"

El que fuera galeno en Grado durante 42 años analiza hoy en un coloquio las diferencias entre las prácticas médicas de su época y las actuales

Francisco González Aréchaga, ayer, delante del cartel de su consulta en casa.

Francisco González Aréchaga, ayer, delante del cartel de su consulta en casa. S. ARIAS

"Antes la medicina era más entrañable, había un trato más cercano y, más que médico, eras un consejero y un amigo; ahora, con el ordenador, no levantan la vista, cuando es importantísimo fijarse en la cara que trae el paciente y en su voz". Francisco González Aréchaga, "Paco Aréchaga" como es conocido popularmente, es médico jubilado de Grado, profesión que ejerció durante 42 años en el concejo y que sigue practicando, de manera oficiosa, para todo aquel que le consulte. Cuatro décadas de medicina que resumirá, el viernes, en un coloquio que ofrece en el marco de las Jornadas de Estudios Locales, que organizan el Museo Etnográfico y el Círculo de Estudios Pramarenses. Una cita en la que sus pacientes también le darán un cálido homenaje.

El galeno moscón relatará en el coloquio sus inicios en la medicina tras graduarse en la Universidad de Salamanca. "Desde 1962 siempre estuve en Grado, empecé en la zona rural de Santianes de Molenes y Tameza, y hacía las sustituciones de los compañeros de Grado, Candamo y Las Regueras porque era el único soltero y no tenía por qué coger las vacaciones en verano", recuerda.

Una etapa que valora como la más emotiva de su carrera, ya que practicó lo que denomina como la verdadera medicina rural antigua. Y lo atendía todo, desde una neumonía a un parto, aunque costase horas llegar. "Casi no había carreteras y desplazarme a algunos sitios me llevaba el día entero porque había que atender los avisos a caballo". Empezó yendo en bici, luego en Lambretta y, por último, en coche.

Además de la consulta en Santianes, los lunes iba a San Pedro de los Burros; los martes, a Restiello, parando en El Torno, Peña y Puente Seaza; los jueves, a Las Villas, Cubia, Momalo, Noceda y Villamarín. "Amén de los avisos", dice. Y siempre acompañado de Pepe "el de San Pedro" y su gran amigo Toni Díaz.

De ahí su cariño inmenso a la zona de Salcéu y sus gentes, a quienes siguió trantando una vez que inició su consulta en casa y cuando, después, pasó al consultorio de La Cruz y al ambulatorio, donde se jubiló en 2006. "Antes había que sopesar mucho enviar a un paciente al hospital, había que ver la situación económica del enfermo y su familia; esto cambió mucho cuando la Seguridad Social cubrió a todo el mundo porque ya los podías derivar al especilista", comenta.

Una medicina que avanzó para bien en muchos aspectos, como la mejora de la investigación, la diagnosis y los fármacos, pero que ha ido dejando su parte más social a un lado, la relación médico-paciente que, para el médico moscón, en muchos casos ha sido de amistad. Tal era la relación de confianza que establecía con sus pacientes que, una vez, incluso tuvo que ir a Campiello a atender una urgencia, que no era otra que ingresar en el banco 70.000 pesetas de una señora que se iba al hospital y no confiaba en otra persona que no fuese Paco para poner a buen recaudo los ahorros.

Son innumerables las anécdotas que guarda González Aréchaga en su memoria, viva al mínimo detalle. Y son esas historias las que compartirá con sus pacientes en la Casa de Cultura en un encuentro que, a buen seguro, será muy emotivo.

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