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Llanera dice adiós a un edificio histórico

Ángel García y Carmen Díaz evocan la historia de la demolida Casa del Correo de Villabona, heredada de sus mayores, retornados de América

María del Carmen Díaz y Ángel García, en la casa de sus hijos, en Lugones (Siero). | A. I.

Corrían los años treinta del siglo pasado cuando los padres de Ángel García montaron un bar tienda y pensión en la localidad de Villabona, en Llanera. Él y su esposa, María del Carmen Díaz, la regentaron durante más de tres décadas, hasta el año 2000. Este mismo año el edificio acabó siendo demolido.

La historia de este matrimonio –87 años él y 83 ella– tiene como antecedente la de sus padres. “Mi padre recibió una carta de unos familiares que vivían en Cuba y se fue de polizón en un barco que iba a allí desde Gijón”. A pesar de que el cocinero del barco le pilló en plena aventura, “al pensar que era un pulpo que se movía en un barril”, decidió ayudarle y facilitó su maniobra.

Ángel García y María del Carmen Díaz, en una foto antigua. | A. I.

En la isla caribeña trabajó en varios sitios, entre ellos un importante almacén de ropa donde conoció a su mujer. Juntos acabaron por mudarse a Nueva York, donde su progenitor –abuelo por tanto de Ángel García– se desempeñaba como inspector de la luz, a lomos de un caballo, y su madre haciendo camisas: “Aún conservamos la máquina de coser que usaba entonces”, cuenta el matrimonio.

En la “Gran Manzana” nació la primera hija del matrimonio y, cuando esta tenía cuatro años, decidieron poner rumbo a Asturias y cruzaron el océano. “Con el dinero que tenían ahorrado construyeron La Casa del Correo, donde pondrían sus negocios. Las obras acabaron en 1934, el año en el que nací yo”, recuerda García.

Él estudió en Avilés y Oviedo, pero, sobre todo, fue un gran aficionado al fútbol: jugó en el Villabona y el UD Llanera. Precisamente, fue en una fiesta posterior a un partido en el campo de Coruño cuando conoció María del Carme Díaz, coincidiendo después con ella en las fiestas de Cayés.

La Casa del Correo.

Acabaron por casarse en 1961, y se fueron a vivir con los padres de él. Ella se encargó del negocio familiar, durante 25 años. García, por su lado, fue botones en un periódico y, posteriormente, se dedicó a instalar suelos, hasta su jubilación. Tuvieron dos hijos, Rosa y Gelín, que también nacieron en la Casa del Correo. En el año 2000, tras casi setenta años de actividad, el negocio cerró. El matrimonio se fue a vivir a Lugones con sus hijos hace poco más de un año, cuando, definitivamente, el edificio construido por sus padres, donde habían tenido el bar tienda, acabó por ser demolido.

Durante todo ese tiempo, abrían el negocio “a las seis de la mañana”, cuando daban de desayunar a los posaderos. Además, para sus cenas, traían un vino de León, que llegaba en un “tren de mercancías”, según recuerdan con cariño. “Cuando llegaba el tren, metíamos las vacas en la estación y las botellas de vino en el carro, para llevarlas a casa”, rememoran.

Son los ecos de una vida bastante movida e intensa, perteneciente a otro tiempo y que vive en el recuerdo, que comparten con sus hijos.

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