Suscríbete

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Fernando Canellada

Isolina la maestra

Se fue una personalidad representativa de lo mejor de Nava

Ha muerto una personalidad representativa de lo mejor de Nava. Isolina Nosti Vega, a los 89 años. Con ella se apaga en el municipio una de las más tradicionales familias. Ha tenido Nava, y tiene, mujeres de mucho fuste con el nombre de Isolina. La parroquia de San Bartolomé despidió ayer, con solemnidad y emoción, a Isolina la maestra. Hizo honor a tal nombre, en las aulas y en las calles, y deja huella en sus alumnos, muchos, que la tendremos eternamente en el recuerdo.

Isolina personifica a tantos maestros que, desprovistos de toda ambición, han entregado su vida para mejorar la de los demás con algo tan admirable como cumplir con su deber.

Ha muerto como vivió, discreta, en paz con todos, preparada en cuerpo y alma, y rodeada del cariño de sus sobrinas, que la confortaron en los últimos momentos. Se ha ido de buen grado, saciada de vivir.

Ha disfrutado de una existencia larga en años y, lo más importante, también en valor. Isolina siempre fue gruesa de cuerpo debido al tamaño de su gran corazón.

Nunca perdió su sonrisa benéfica, su genio tampoco, en la escuela; en la iglesia, en la coral, esa que marcó el tono a una memorable generación de navetos y de la que ya se han apagado demasiadas voces; en la peluquería; en la terraza del Kopa, y en sus días finales en la residencia.

La enfermedad complicó sus últimos años, pero queda su imagen sonriente, hablante, expansiva, desprendida, y su voz.

Más allá de las aulas, se ganó el afecto y el respeto de muchos más y convirtió su vejez en un privilegio antes de despedirse sonriente, como era su estilo.

Compartir el artículo

stats