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Los 558 días de vuelo de Jesús García

El subteniente lavianés es el español que más horas ha pasado volando en los aviones Hércules del Ejército del Aire: más de 13.400

Jesús García, ante uno de los aviones en los que ha volado 13.400 horas.

La pasión por los aviones llevó a Jesús García, natural de Ujo y criado en Pola de Laviana, a enrolarse en el Ejército del Aire. Ya en la reserva, al igual que los aviones Hércules C-130, el subteniente es el español que más horas ha acumulado en este modelo, alrededor de 13.400 –el equivalente a 558 días completos–, participando durante todo este tiempo en un sinfín de misiones internacionales.

El militar lavianés revisa los controles de un Hércules.

“Han sido treinta y seis años volando como mecánico del Hércules”, explica, asegurando que su interés por los aviones “me viene desde muy pequeño, y la única manera que tenía de meterme en ese mundo era entrando en la Escuela de Especialistas de León, tres años de teoría, dos de práctica y, cuando salí sargento, me vine a Zaragoza”. Y aunque volar fue la excusa perfecta, García también señala que “llevo con mucho orgullo el ser militar, es mi segunda pasión”. Y así se lo ha transmitido a su hijo, “que se está preparando para entrar en el Ejército del Aire”. También su hermano es militar, “aunque su pasión es distinta de la mía, la suya es la fotografía”.

Jesús García es mecánico de vuelo, una labor que muchos desconocen, pero que es muy importante a la hora de volar. “Estoy entre el piloto y el copiloto, mi misión es volar, llevar los controles, inspeccionar el avión, preparar la misión… haces todo el trabajo para que nada te pille desprevenido”, explica. Un trabajo que me mereció, en el año 2017, el premio a la “Seguridad en Vuelo” del Ejército español.

El casco del lavianés con la Cruz de la Victoria

Y a la hora de hablar de misiones se hace difícil destacar una. “Creo que he participado en todas las misiones del aire que se han hecho desde el año 1985, de todas destacaría la más larga, en Afganistán, que comenzamos en 2002 y duró hasta 2014”, apunta. Pero también tuvo misión en Yugoslavia, entre 1991 y 2002, para el reabastecimiento de los cazas. Una guerra “dura”, como subrayó el militar. También destaca el trabajo en Libia o el destacamento marfil en Dakar.

Junto a las misiones, también participó en ayuda humanitaria. Aquí señala el terremoto de Haití y el huracán “Mitch” de Honduras, “pero también en Nicaragua, Irán, Turquía, Praga, Marruecos, Palestina o Mozambique”. También estuvo en una misión muy conocida, la que se ocupó de repatriar a José Couso, el reportero que falleció durante la invasión de Irak en 2003.

Antártida

Una de sus mejores experiencias, como asegura, fue volar a la Antártida. “Fue un intercambio con argentinos y uruguayos para ver cómo operaban ellos en la Antártida, que es un lugar complejo, y la verdad que, al bajarte del avión, notas una sensación muy distinta, te das cuenta de lo apartado que estás del resto del mundo, me gustaría mucho volver”, destaca.

Y aunque su objetivo es la seguridad del vuelo, alguna que otra emergencia sí que ha vivido en este tiempo. “Pues recuerdo lo que fue volar con una tormenta de arena en Níger, que fue casi a ciegas; y otra que nos ocurrió en Zaragoza que chocamos con un F18 en el aire, el impacto cortó el ala por la mitad y perdimos mucho combustible, ahí sí que pensé que se me complicaba la vida, pero la tripulación actuó muy bien”, asegura. Junto a estas emergencias, otras muchas como paradas de motor y volar a muy bajas temperaturas (35 grados bajo cero) y altas (más de 50 grados), “pero todas estas emergencias eran solucionables”.

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