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Dando la lata

Médicos de menos

Y ahora faltan médicos. Normal. Te liaste a jubilar a un montón de ellos porque eran los mayores y con las nóminas más elevadas y, claro, hoy las plantillas están en cuadro. Y, por descontado, nadie dimite ni se hace responsable de semejante estupidez. Por una parte, tenemos a los políticos que dirigen la Administración racaneando cuanto pueden. Y, por otra, a la Universidad, tan estupenda ella, tan celosa de la excelencia formativa, que con sus sumamente exigentes "numerus clausus" corta el acceso a los estudios de Medicina a un montón de gente que serían magníficos profesionales. Luego se juntan el pan y las ganas de comer. Y la consecuencia es que en la sanidad pública asturiana faltan médicos. A unos los mandamos para casa; a otros, a fuerza de andar jugando con los dineros, los acaban fichando otras comunidades o la privada; y, además, sostenemos pertinazmente que las nuevas promociones sean reducidísimas. Entonces aparece el listo de turno que propone cubrir las vacantes con médicos extranjeros. La excelencia, a hacer puñetas. El producto nacional, también. El supuesto control de calidad, inútil. Porque no dudo de que muchos de los profesionales venidos de fuera estén capacitados, pero también sabemos que se nos cuelan titulados que, con los estrictos criterios de la Universidad española, no superarían ni la selectividad. Y ahí los tienen, metiéndonos mano. En los años 80 hubo tal excedente de médicos que podías encontrarlos trabajando de camareros, barrenderos y de lo que fuera. Pero ahí entró en acción la aguda inteligencia de la Universidad española, de contrastado historial de clarividencia y perspicacia, para conducirnos a la actual situación. Llevo años leyendo acerca de los estudios sobre la edad media de la plantilla sanitaria asturiana y las reiteradas advertencias: en diez años nos faltarán tantos profesionales, en cinco años vamos a tener problemas para cubrir las plazas con personal de garantía, que como no hagamos algo ya nos va a pillar el toro. ¿Y qué pasó? Pues lo de siempre: que el toro nos pilla, que donde debería haber un sanitario atendiendo a un paciente te encuentras una silla vacía y una lista de espera creciente. De verdad, ¿es tan difícil o no se quiere que funcione?

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