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Mario Antuña

Con Luisa, en zapatillas

Una hostelera con 47 años de trayectoria que te hace sentir como en casa

María Luisa Vallina, de El Gaucho.

Decir Luisa es hablar de El Gaucho. Hablar de El Gaucho conlleva citar a su marido Ramón y a su hijo Misael. Una familia hostelera de raigambre. Medio siglo de buen hacer reconocido con distinciones, pero sobre todo con el galardón diario de sus clientes. Para ser política y gastronómicamente correcto es necesario centrarse en la figura de Luisa Vallina, que acaba de recibir el bien merecido premio a la mejor trayectoria profesional por sus 47 años al frente de la sidrería El Gaucho, en La Felguera. Y recibe este reconocimiento del Ayuntamiento de Langreo junto a Laura Miguel, impulsora de la guardería y espacio socioeducativo Escoborola, y a otra hostelera, en este caso a título póstumo, Manuela Iglesia Gutiérrez, de la afamada sidrería Fonseca de Ciaño.

Cuarenta y siete años son más que una vida, son un espacio vital de esfuerzo, perseverancia, cordialidad y profesionalidad. La menuda figura de Luisa es omnipresente de la cocina a la barra, de la barra a las mesas, de las mesas a la terraza, ocupando con su presencia una casa de buena comida, en la que el principal aderezo es su acogimiento: caben todos, vengan de donde vengan. El Gaucho trasciende de Luisa, Ramón y Misael para transformarse en una gran familia, en la que la matriarca se convierte en la maestra de ceremonias con su peculiar voz desde el saludo, el comentario del último acontecimiento o el dictado de los platos para degustar.

Reconozco el ventajismo de conocerlos desde mi niñez. Ya por compartir gentilicio de entreguinos, bien por el afecto de nuestras familias, desde que Ramón Abad pasará algún tiempo con la mía en La Laguna, antes de su aventura porteña por Buenos Aires, y con Luisa y los suyos en ya tan prolongados como fraternales años que estrecharon unas relaciones que en nuestro devenir han cosechado múltiples vivencias y anécdotas. Pero no sólo por esta familiaridad, sino por su buen hacer culinario y su afabilidad, cuando entro en El Gaucho, Luisa me recibe, me acomodo en una mesa y me dispongo a comer, tengo la confortable sensación de estar en zapatillas, de sentirme en casa.

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