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Ricardo Montoto

Dando la lata

Ricardo V. Montoto

Listado de tareas

Las cosas que quedan pendientes antes de volver a la normalidad

Los ocho graditos escasos que había esta mañana en el jardín me recordaron que el verano toca a su fin y que la vuelta a Mieres se aproxima. Y comienzas a repasar el listado de tareas pendientes para cerrar la puerta por fuera con los deberes hechos. Otra vuelta de cortacésped, lavado de ropa blanca, desengrasar la placa de la cocina, proteger los elementos susceptibles de estropearse a causa del frío y pegarle un tiro al topo que lleva todo el mes cachondeándose de mí. Con la de campo que tiene alrededor, prefiere divertirse tomándome el pelo y perforando el parterre del patio.

Y una de las tareas principales es la complicadísima cuadratura de los días restantes con los alimentos perecederos que aún se conservan, algunos a duras penas, en la nevera. Porque el reto es resistir 72 horas aprovechando lo que hay, sin comprar ni tirar nada, algo que mi madre intentó muchas veces y no logró jamás, por lo que los últimos días de veraneo siempre eran peculiares en cuestión de comida. O no llegábamos o nos pasábamos un montón. Es como si el congelador nos echara un pulso en una suerte de juego de engaños para que los cálculos y las previsiones no se cumplan nunca.

Dos plátanos pochos, media fabiola de la semana pasada, un yogur que caducó hace un par de domingos, cinco amenazadores torreznos de Soria, un tomate arrugado y una lechuga seca como papel de periódico, tres botellas de verdejo, un solitario huevo, una bolsa de pimientos de Padrón, una gaseosa que perdió el gas, una lata de aceite del Priego de Córdoba y una cebolla apestosa que desconozco cómo llegó aquí. Ah, y un cuarto de un triste limón, tres tónicas y un culín de ginebra que van a caer esta noche.

Con ello he de establecer un plan de comidas para tres días que resulte, por una parte, algo agradable y, por otro, una dieta que no me envíe al hospital. A ver qué pasa.

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