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Nadie se acuerda de Alvendiz

El árbitro andaluz pasó desapercibido en un derbi sin jugadas polémicas que fue el de menos tarjetas desde el reencuentro

Milla Alvendiz, con Edgar y Álvaro Vázquez, en el derbi del domingo en el Tartiere.

Milla Alvendiz, con Edgar y Álvaro Vázquez, en el derbi del domingo en el Tartiere. A. G. / J. R.

Luis Mario Milla Alvendiz está de enhorabuena. El andaluz consiguió cumplir con la máxima de un árbitro, la de pasar desapercibido en un partido de fútbol. Y, en el más difícil todavía, lo hizo en un partido de rivalidad, más proclive a disparar la polémica a poco que se dé margen a cualquiera de los dos equipos. A pesar de que el derbi asturiano se resolvió gracias a un penalti, nadie discutió a Milla Alvendiz, que también se benefició por el buen comportamiento general de los jugadores, quizá ayudado también por la ausencia de público.

El exárbitro internacional asturiano César Muñiz Fernández corrobora el buen trabajo de Milla Alvendiz, que ni siquiera tuvo que recurrir muchas veces al VAR. Y cuando lo hizo, la tecnología le dio la razón. Por ejemplo, en la mano de Grippo en el minuto 7 reclamada como penalti por Djuka. "No hay ninguna duda porque el defensa del Oviedo intenta pegar al brazo todo lo posible al cuerpo. Esas jugadas solo son sancionables cuando el brazo no está en una posición natural", precisa Muñiz.

Como el derribo de Javi Fuego a Sangalli fue reconocido por el propio infractor, César Muñiz solo se detiene un poco más en una de las últimas jugadas del partido, una entrada de Rafa Mujica a Pelayo Suárez en el tiempo añadido, castigada con tarjeta amarilla por Milla Alvendiz. Según Muñiz Fernández pudo ser algo más: "El balón no está en distancia de ser jugado. Es juego brusco grave, puede considerarse agresión y, por tanto, tarjeta roja".

Fue, en definitiva, uno de los derbis más pacíficos desde el reencuentro en 2017. Y el de menos tarjetas (5), junto con el de la pasada temporada en El Molinón. Es decir, los dos únicos que se disputaron a puerta cerrada. Una prueba evidente de que la presencia de público inflama a los jugadores, al menos a alguno. Y, quizá, condiciona a los árbitros.

Eso es lo que aún piensan los oviedistas recordando lo ocurrido en el derbi más caliente de los últimos años, el único que acabó con victoria del Sporting (1-0), el 24 de marzo de 2019, en un Molinón abarrotado. Todo fue más o menos normal hasta que en el minuto 88 Díaz de Mera, advertido por uno de sus ayudantes, anuló un gol de Ibra por falta previa a Peybernes. Sin VAR que revocase la decisión, las protestas azules, que se prolongaron días, se quedaron en nada.

Precisamente el VAR, implantado en Segunda División la pasada temporada, evitó otra polémica mayúscula en el último Sporting-Oviedo. Porque, después de que Borja Sánchez abriera el marcador en un derbi que parecía destinado al empate, Babin cabeceó a la red de Lunin. La tecnología demostró que el defensa sportinguista estaba ligeramente adelantado y ratificó la decisión de Figueroa Vázquez.

Los últimos siete capítulos de la rivalidad asturiana, incluso el del no gol de Ibra, en el que hubo hasta trece tarjetas amarillas, no tienen nada que ver con otros episodios ya lejanos, pero que quedaron en la mente de los aficionados más veteranos. Para muestra, dos ejemplos, uno por bando de agraviados. El 14 de abril de 1996, El Molinón vivió lo más parecido a un motín después de que el extremeño Carmona Méndez dejase al Sporting con nueve jugadores en el minuto 26 por las expulsiones de Dani Bouzas y Bango. "Fue el peor momento de mi carrera, pero el responsable fui yo", reconocía Carmona muchos años después a LA NUEVA ESPAÑA. "Tomé alguna decisión precipitada y se me fue el partido", añadió.

El Sporting acabó perdiendo aquel derbi (0-1) con gol de Carlos, pero al Oviedo le fue imposible ganar en su siguiente visita a El Molinón, el 26 de enero de 1997, a pesar de que aquella noche Maqueda y Oli marcaron dos goles, anulados por el vasco Losantos Omar a instancias de sus ayudantes. "Hemos padecido un arbitraje muy sibilino, más lamentable que la actuación de Carmona la pasada temporada", se quejó Oli tras el partido: "Nos anularon dos goles legales y estoy más fastidiado que si nos hubiesen marcado cinco".

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