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Crónica, reacciones y análisis de la victoria del Oviedo Baloncesto ante el Almansa y de la clasificación para el play-off de ascenso a la ACB: Este OCB es un milagro

El Liberbank sufre ante el conjunto manchego pero se asegura estar entre los que estarán en la lucha por subir

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Las imágenes de la victoria del Liberbank Oviedo Baloncesto ante el Almansa que vale la clasificación para el play-off de ascenso a la ACB Bernabé Valle y Santiago Briansó

Liberbank Oviedo, 92-Almansa con Afanion, 87

Cuartos: 26-27; 18-26; 20-15; 28-19

Árbitros: Carlos Javier García, Juan Gabriel Carpallo y Eva Areste. Sin exclusiones.

Polideportivo de Pumarín: Unos 300 espectadores.

El Liberbank Oviedo Baloncesto certificó ayer la clasificación para el play-off de ascenso a la ACB sufriendo lo indecible para ganar a un durísimo Almansa y confirmó que este equipo es un auténtico milagro en el que un base de 1,78 metros de estatura pone tapones propios de un pívot, un veterano como Arteaga se tira al suelo con la espalda destrozada para recuperar un balón permitiendo a su equipo ganar en la última jugada (sucedió hace ocho día ante el Alicante) y al final, con uno de los presupuestos más humildes de la categoría, es capaz de brillar tanto como otros que, en comparación, son auténticos transatlánticos.

El equipo de Natxo Lezkano tuvo que doblegar a otro equipo con un mérito extraordinario para certificar el play-off. El Almansa llegaba a Oviedo sin opciones de entrar en la lucha por el ascenso, con la salvación asegurada, pero con la firme determinación de agrandar su fama de equipo competitivo, peleón y aguerrido que tan bien representa su ala-pívot Nikola Cvetinovic, exjugador del Oviedo Baloncesto y un auténtico guerrero que ayer anotó 21 puntos para poner las cosas muy difíciles a los de Pumarín.

La primera parte que hizo el Liberbank Oviedo confirmó que el equipo no está al nivel que alcanzó hace unas pocas semanas, cuando enlazó dos victorias espectaculares ante Palma (105-67) y Castelló (91-77) que le convirtieron en el conjunto más en forma de la competición. Aun así, desde entonces ha seguido compitiendo todos los partidos, con más o menos acierto, siendo capaz de tener opciones de victoria hasta en días malos como el que tuvo ante el Granada, una de las mejores plantillas de toda la competición y donde perdió por solo cuatro puntos (72-68).

El caso es que el partido de ayer en Pumarín comenzó extraño, con un intercambio de canastas y un ritmo de juego que no eran lo que más interesaba al equipo local. Almansa se fue sintiendo cada vez más suelto, encontrando muchas vías de anotación, haciendo con mucha facilidad el bloqueo y continuación con sus aguerridos interiores y castigando también en otras situaciones en las que sus exteriores podían lanzar con comodidad tras mover con mucho criterio el balón. Además, el OCB volvió a ser un equipo con dificultades para subir el balón y lo perdió demasiadas veces. Todo ello hizo que la renta se disparara a once puntos (33-44) a 3:08 del descanso y que a vestuarios se fueran con una desventaja de nueve (44-53) después de haber recibido muchos más puntos de la cuenta.

El parón le vino bien al equipo de un Lezkano desesperado con los suyos en la primera mitad. Norelia empezó a activarse tras una primera parte en la que, además de hacer poco en ataque fue menos dominador en el rebote que otros días; Frey siguió acertado y Brown empezó a hacer sus habituales diabluras. Una técnica al entrenador visitante y un triple de Speight redujeron la renta a cuatro puntos (62-66), misma diferencia con la que se comenzó el último parcial (64-68).

El Oviedo Baloncesto estaba de nuevo peleando un partido que se le había puesto muy cuesta arriba y mantenía todas las opciones tras una gran reacción en el tercer cuarto. Y el inicio del último confirmó esas buenas sensaciones: castigó Oluyitan de tres, Alonso metió dos triples en tres minutos y Norelia seguía dominando en las inmediaciones del aro. También fue un buen día de Kabasele, que consiguió ser ese pívot que intimida cerca del aro. Entre todos habían logrado una ventaja de cinco puntos (77-72) a 5:26 del final.

Quedaba mucho por remar y más cuando el OCB insistía en las pérdidas. Y ahí llegó una acción crucial por lo inverosímil. Después de dos tiros libres convertidos, el Almansa se puso a tres puntos (77-74), Speight subía el balón, se despistó y Noguerol se lo robó. El base de Almansa se fue como un tiro hacia el aro y detrás de él, cabreado por el error, Speight que, cuando Noguerol soltó el balón para encestar, saltó hasta llegar a una altura que poca gente de 1,78 es capaz de alcanzar y taponó dejando a todo el polideportivo atónito.

Son ese tipo de jugadas las que resumen un partido y hasta a un equipo. El pundonor, el orgullo y la determinación de Speight, que está cuajando un año espectacular cuando nadie lo esperaba, explican buena parte del éxito de este equipo. Tras esa acción, el OCB tuvo que seguir sufriendo para asegurar la victoria, hubo de recurrir a la eficacia en los tiros libres de un ayer reaparecido Saúl Blanco y al buen hacer del Oliver Arteaga, todo un capitán para un barco al que ahora ya solo le queda soñar con navegar hasta donde nadie ha llegado nunca antes en Oviedo.

Natxo Lezkano, entrenador del Liberbank Oviedo Baloncesto, tras la victoria

“Esto no acaba aquí, tenemos que ser ambiciosos”

“Es momento de champán”, dice el entrenador del Liberbank Oviedo, que iniciará el play-off el 21 o 22 de mayo

Natxo Lezkano valoró la clasificación del Liberbank Oviedo para el play-off de ascenso a la ACB como un momento para estar “súper orgullosos”: “Tenemos que estar celebrando, es momento de champán para nosotros en el vestuario”, añadió. Y es que, añadía el técnico, “nadie esperaba, ni nosotros mismos cuando estábamos confeccionando la plantilla o en pretemporada estar clasificados para el play-off a dos jornadas”. Una celebración que, eso sí, deberá durar poco. El equipo de Oviedo no se conforma y ahora le toca luchar por tener el factor cancha a su favor en la primera ronda del play-off y prepararse para esa lucha por el ascenso a la ACB que dará comienzo el 21 o 22 de mayo. “Esto no se acaba aquí, tenemos que ser ambiciosos, queremos más y no nos conformamos”, señalaba el técnico vasco. Un entrenador que, a pesar del champán, no estaba demasiado satisfecho con lo que hizo su equipo en la victoria de ayer ante el Almansa: “Me he quedado sorprendido de nuestra puesta en escena, que ha sido mala. No esperaba que nuestro nivel de contactos, nuestro nivel físico en defensa, fuera tan malo. Tenemos que mejorar mucho si queremos ganar los siguientes partidos”, advirtió.

El análisis

A Pumarín con pulsómetro, por Francisco García

De persistir en su empeño de regalar a la grada finales de infarto, el Oviedo Baloncesto debería plantearse con urgencia ofrecer a su ruidosa hinchada un pulsómetro con el boleto de ingreso en el polideportivo de Pumarín. Y ampliar la nómina de desfibriladores a pie de pista. Otro epílogo de resultado incierto como el de ayer -uno más- y el OCB se arriesga a tener que contratar una ambulancia de guardia. Es lo que tiene el baloncesto, un deporte que cuestiona como ningún otro el normal funcionamiento de los movimientos de sístole y diástole. El partido se puso complicado y solo se resolvió a favor de los locales en los minutos finales. Hubo señales inequívocas de que la temporada empieza a pesar en las piernas de los jugadores, que concedieron a un Almansa muy correoso y aseado numerosas segundas oportunidades por dejadez en el rebote defensivo. O se tomaron el inicio del partido con ánimo funcionarial o se trajeron la galbana de la caseta. Tenían más presión los balones, que escupía machaconamente el aro, que la muchachada ovetense. El caso es que los rechaces solían caer en manos rivales cada vez, como si esta semana en la lavandería en vez de detergente hubieran puesto en la equipación azul cemento armado. La fortaleza defensiva habitual, que da paso en origen a un desbocado toque de retreta, se diluyó en los dos primeros cuartos como azucarillo. Tras el descanso, se pusieron las pilas. La banda sonora para la reanudación ya daba un aviso: “Welcome to the jungle”. El de ayer no fue el partido de los habituales, sino de algunos ilustres secundarios, que esta vez alcanzaron el óscar a la mejor interpretación. Kabalase ofreció sus mejores minutos en semanas, con una capacidad de intimidación que no habían exhibido esta vez ni Norelia, pese a todo MVP otra vez y máximo anotador con 18 puntos, ni Arteaga, más voluntarioso que efectivo. Los enormes brazos del congoleño se convirtieron para el rival en la sombra frondosa de un roble. Los primeros minutos fueron para Frey, que dirigió con acierto y con buena lectura de juego, como en sus mejores días universitarios con los Bobcats. El rey Harald encajó los golpes de la defensa rival con la entereza de un vikingo y mostró el hacha cuando hubo que acelerar lo ofensiva. Pero el momento preciso de la remontada hay que apuntarlo en la hoja de servicio de Alonso Meana, que dio con el ritmo conveniente, dirigió con aplomo de veterano y enchufó dos triples que marcaron la senda de la victoria. Durante muchos minutos, Lezkano jugó con dos bases para salvar la presión asfixiante de Noguerol, un pulpo de brazos largos con insistencia de tábano.

Regularidad y ambición, por Alberto Menéndez

La LEB Oro es una competición muy exigente, una liga en la que no hay partido fácil y en la que no cabe el conformismo. El Oviedo Baloncesto lo sabe y si de algo no ha pecado en ningún momento tanto en la primera fase como en lo que va de la segunda es de suficiencia, de creerse superior a nadie. Pueden estar más acertados o menos los jugadores azules pero, eso sí, nunca se dejan ir, sea el resultado el que sea, más abultado o menos a favor del rival o muy claro para los intereses de los carbayones. Por eso es un equipo tan complicado de doblegar. Quizás el mayor problema con el que se encuentra desde hace algunos encuentros el entrenador de los asturianos, Natxo Lezkano, es el de la falta de regularidad de sus jugadores. Durante una parte del campeonato si había algo que caracterizaba al Liberbank era su perseverancia, la falta de grandes lagunas en el desempeño de su juego. Esa virtud no la ha tenido al menos en los dos últimos partidos en Pumarín, ante Alicante en la pasada jornada y ante Almansa ayer. En ninguno de los dos encuentros salieron concentrados a la cancha, como era habitual en ellos. Aparecieron desorientados, y por eso se vieron obligados a realizar luego un sobreesfuerzo en las segundas partes, algo que, lógicamente, no le gusta nada a Lezkano. Es jugar con fuego, cuando el equipo ha demostrado en repetidas ocasiones que puede ser constante y cuando se encuentra a las puertas del exigente play-off de ascenso a la ACB, objetivo alcanzado ayer. Lo que más extrañó frente a Almansa fue la falta total de tensión defensiva de los ovetenses en los dos primeros cuartos, tiempo en el que los castellano-manchegos se encontraron con auténticas autopistas de paso, sin apenas oposición, hacia el aro azul. Perder esa seña de identidad no entraba dentro de los cálculos del técnico del Liberbank. Todo regresó más o menos a la normalidad cuando se recuperó el esfuerzo defensivo, que volvió así a ser un potente argumento en el desempeño deportivo de los asturianos. Ese y el de los tiros de tres puntos, que en este caso sí que fue utilizado con eficacia a lo largo de todo el partido por los jugadores del Oviedo. Ello les permitió no irse del choque nunca tras los arreones de los de Almansa, menos acertados en esta faceta del juego de los tiros lejanos. Natxo Lezkano y los integrantes de la plantilla que dirige son ambiciosos, de eso no hay ninguna duda. Por eso, una vez cumplidos con creces los objetivos que se había marcado el club para la actual Liga, continúan mostrándose molestos cuando se cometen errores y no se hacen las cosas como se debería. Quieren más y por lo que se ve y lo que se oye al entrenador no se ponen límites en lo que resta de temporada. Por ilusión que no quede.

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