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Entre el tenis y el fútbol: otro generación de los Avendaño que se suma a la lista

Guillermo, que debutó el domingo con el Marino, abre paso a la tercera generación de una saga que inició su abuelo Paco

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Baltasar, Guillermo y José Avendaño, en el muelle de Luanco Ricardo Solís

El apellido Avendaño se relaciona con el tenis por Juan, exjugador y extécnico ganador de la Copa Davis, pero la saga luanquina es básicamente futbolera. La inició el patriarca de la familia, Paco, un potente central que llegó a fichar por el Sporting, aunque hizo carrera en el Llanera, Ensidesa, Círculo de La Felguera, Entrego y Marino. Su hijo mayor, José, fue el más destacado de la segunda generación, aunque él mismo admite que le faltó espíritu de sacrificio para pasar de Segunda B. Su hijo Juan abanderó la tercera generación, en varios equipos de Tercera y en la Liga universitaria de Estados Unidos. Hasta que el domingo Guillermo, hijo de su hermano Baltasar, tuvo la oportunidad de debutar con el Marino en Segunda B.

Paco Avendaño, en su etapa en el Marino

“Dos más el descuento”. Guille Avendaño disfrutó cada minuto que estuvo en el césped del “Vero Boquete” de Compostela, en su debut en Liga con el Marino, tras jugar partidos de la Copa Federación a comienzos de temporada. Recién cumplidos los 19 años, Guille espera que sea el inicio de una carrera que a su padre le truncó una lesión de espalda. “Me cayó un compañero encima y tuve una lesión de cervicales de la que tardé dos años en recuperarme, pero ya no jugué más”, señala Baltasar, ilusionado con Guille: “Es rápido y habilidoso. Y le gusta mucho el fútbol”.

Juan Avendaño, con Quini en Miramar

“A mí me gustaba jugar, pero no los entrenamientos durante la semana”, reconoce José Avendaño, que llegó a jugar el Torneo Príncipe Alberto de Mónaco, una especie de mundial juvenil, con una selección española llena de jóvenes que llegaron a Primera. Él se conformó con el Ensidesa y el Avilés Industrial, en Segunda B, para cerrar su carrera con 26 años ayudando al Marino a subir a Tercera División. “Tenía que pensar en el futuro y monté una panadería en Luanco. Al año siguiente me llegó una oferta del Compostela para jugar en Segunda y dije que no. De eso sí que me arrepentí después”.

El hijo de José Avendaño, Juan, se formó en las categorías inferiores del Marino, pero no tuvo la oportunidad de jugar partidos oficiales con el primer equipo. José cree que su sobrino Guille sí tiene opciones porque le ve “técnicamente muy bien dotado”, pero con margen de mejora: “Le falta un poco de genio”.

“Soy rápido y me gusta el uno contra uno”, explica Guille cuando se le pregunta por sus virtudes. Asegura que no se desesperó al comprobar que, tras sus escarceos al inicio de temporada, vio cómo no volvía a tener oportunidades con Oli en el banquillo. Pero, más que cuestión del entrenador, Guille Avendaño lo achaca a los problemas para entrenar que tuvo el equipo luanquín. Hasta que el Marino pudo utilizar el nuevo césped de Balbín, coincidiendo con la llegada de Manel al banquillo.

Las lesiones y la tranquilidad del equipo, con la presencia asegurada en la Segunda RFEF, le dieron la oportunidad de entrar en las convocatorias: “Ya había calentado en los partidos frente al Ferrol y el Dépor, pero no llegué a entrar. En Compostela pensé que pasaría lo mismo, pero faltando poco se lesionó Borja y era el único recurso que tenía Manel. Así que muy contento”.

Más que del fútbol, Guille Avendaño es un enamorado del deporte, por lo que está realizando un módulo de Tafad (Técnico en Animación de Actividades Físicas y Deportivas), aunque reconoce que su objetivo inmediato es jugar a cierto nivel y, si puede ser, en el Marino. “Todavía no hablé nada con el presidente, pero ya sabe que si el entrenador quiere puede contar conmigo”.

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