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Segunda División | La resaca del derbi de la ilusión

Empate en aspiraciones, el análisis del derbi de Melchor Fernández Díaz

Con estilos diferentes, Oviedo y Sporting mostraron consistencia para optar a lo mejor

Empate en aspiraciones Obeng y Bogdan

Un derby son palabras mayores, pero no deja de ser un partido de fútbol, en el que, si bien los equipos tratan de imponer su estilo propio, a menudo son los detalles los que deciden para bien o para mal. El Oviedo-Sporting del sábado no se escapó a esa norma. Mostró a dos equipos con estilos diferentes. Y, si fijó la igualada a través de dos goles estupendos, pudo desnivelar el resultado a favor de cualquiera de los dos contendientes si estos hubieran aprovechado las oportunidades que se les presentaron, que no fueron muchas pero sí claras. Si esa fue la impresión que prevaleció tras presenciar el partido en vivo y en directo, darle, a través del diferido, una segunda oportunidad, no la altera, aunque le añada matices.

Empate en aspiraciones

Igualada entre diferentes

Oviedo y Sporting no han cambiado la concepción de su juego, no en vano ambos mantienen al entrenador de la pasada temporada, pero su estilo ha evolucionado, o, al menos, parece en trance de hacerlo. El Oviedo marca más goles y, en menor proporción, recibe menos. Por lo que respecta al Sporting, en lo que va de temporada ha incrementado su eficacia goleadora y, en paralelo, ha perdido eficacia defensiva. Al Oviedo actual le cuesta desplegarse, pero, cuando lo hace, llega arriba y lo hace con sensación de peligro. El problema del Sporting sigue siendo el de la lentitud de su salida. Entretiene mucho el balón en la defensa, hasta el punto de que Babin, un central, es el jugador que más veces lo toca a lo largo del partido, tal como señalaba el sábado el análisis publicado por este periódico. Por eso los rojiblancos lo pasan tan mal cuando el rival se le adelanta en el marcador. Como esa tendencia se acentúa cuando se sitúa con el marcador en contra, el derby se le puso muy cuesta arriba al Sporting cuando el Oviedo se adelantó en el marcador. Pero, por una vez, tuvo capacidad de respuesta, en la medida que el Oviedo, pese a la mayor seguridad que parecen haberle dado Calvo y Costas, los dos centrales que ha incorporado esta temporada, acabó recayendo en la limitación que le frena, que es la incapacidad para ganar. Si la temporada pasada fue el rey del empate, en esta lleva ya cinco igualadas a la altura de la novena jornada.

Dos grandes goles

Si hubo pocos goles, al menos fueron estupendos. El del Oviedo, a los 28 minutos de juego, se inició en un saque de banda de Mossa, que envió el balón a Borja Bastón para que el delantero, acosado por dos rivales, lo retuviera antes de devolvérselo a Mossa, el cual, de primeras, dio un taconazo en dirección a Borja Sánchez. El más brillante de los oviedistas rápidamente ganó la línea de fondo para largar con la zurda un centro largo y bombeado, que sobrevoló el centro del área rojiblanca, muy poblada en aquel momento, para caer justo delante de Lucas, que estaba completamente solo a un par de metros del borde del área de meta. Aquel regalo caído del cielo pedía la respuesta de una volea, aún con el riesgo de que el balón volviera en dirección a la estratosfera, pero Lucas Ahijado, que asumió ese riesgo, metió el empeine a la perfección y el balón salió a ras de suelo como un proyectil que buscó el primer palo de la puerta sportinguista. Mariño estaba allí, pero solo pudo saludarlo con la mirada. El empate del Sporting tardaría en llegar. Supuso, en parte, un resarcimiento de Villalba por su colaboración pasiva en el gol de Lucas, ya que, según se pudo ver en las repeticiones de la jugada, le hubiera correspondido, por la posición en que se encontraba, impedir el remate del defensa oviedista y apenas hizo un amago de correr hacia él. Ahora, en el minuto 83, Villalba, conduciendo un contragolpe sportinguista, metió un pase impecable a la espalda de la defensa oviedista y Djurdjevic se adelantó a ganar la posición para, aprovechando el bote a media alturas del balón, tocarlo suavemente por encima de Femenías, que había salido a intentar tapar el remate. Dos jornadas antes, Djuka le había marcado en El Molinón un gol a Dani Barrio, el asturiano que defiende la meta del Málaga, en el que había empleado una sutileza semejante a la que utilizó para superar a Femenías.

Y los que pudieron ser

A esos goles pudo añadirse alguno más, que quizá hubiera decidido un partido en el que el Sporting tuvo más posesión del balón pero el Oviedo un juego consistente por su equilibrio y disciplina, que fue capaz de ahormar la buena salida del Sporting para mandar tácticamente en buena parte del encuentro. Pero esos posibles goles se fueron al limbo de las ocasiones perdidas. Se puede hacer una relación, que empezaría a los 6 minutos, cuando Djurdjevic encaró la portería oviedista a pase de Campuzano y no se decidió a tirar con la zurda, sino que quiso preparar el balón para la derecha, lo que permitió a los centrales oviedistas abortar la oportunidad. A los pocos segundos de comenzado el segundo tiempo fue Campuzano quien cometió un error parecido. En el minuto 70 a Borja Bastón, eclipsado en este partido por su compañero de ataque Obeng –que cinco minutos antes, tras un pase de Borja Sánchez, había culminado una buena acción con un tiro que rozó el poste– se le presentó la gran oportunidad de marcar el 2-0, que hubiera resuelto el partido para el Oviedo. El origen de la ocasión estuvo en una disputa de Jimmy con Gragera, en la mitad del campo del Sporting. El balón, rebotado en el oviedista, salió hacia el área del Sporting, donde Babin y Marc Valiente se hicieron un lío que permitió a Bastón llevarse el balón y encarar a Mariño. Pero el delantero azul, con todo a favor, se precipitó en tirar con la izquierda y mandó el balón por encima de la portería. Cinco minutos después le llegaría al Sporting una gran oportunidad. Bogdan aprovechó la pérdida de posición de Mossa para largar un pase por la derecha, que permitió a Aitor ganar la línea de fondo, desde donde metió un genuino “pase de la muerte”. Los dos delanteros que el Sporting tenía entonces en el campo estaban perfectamente escalonados, Djurdjevic al primer palo y Berto, al segundo. Ninguno de los dos pudo con los centrales oviedistas que los obstaculizaban y, uno tras otro, erraron el remate. Con más claridad Berto, que perdió la ocasión de sumar a la de debutante la condición de goleador. Luego vendría el gol del empate y un final de partido pródigo en emociones. Pombo, que entró en el campo como un ciclón, creó dos claras oportunidades para el Oviedo. Una la frustró Mariño, rechazando su disparo. En la otra, el tiro se le escapó junto al poste. Y quedaba la última gran ocasión, que fue del Sporting y, por sus secuelas, merece un punto y aparte.

Para Djurdjevic, “clarísima”

Ocurrió en el minuto 91. Aitor García le robó el balón a Javi Mier en el centro del campo y arrancó hacia la puerta oviedista. Enfrente tenía a los dos centrales del Oviedo y, de su lado, a Djurdjevic, que, en la carrera de ambos, le hizo dos desmarques, uno hacia la izquierda y otro hacia la derecha, ambos muy claros. Pero Aitor optó por buscar la finalización personal, lo que permitió a los defensores oviedistas cerrar espacios y obligó a Aitor a terminar la jugada con un tiro desde fuera del área que Femenías envió a córner. Djurdjevic, que no se caracteriza precisamente por controlar sus reacciones, reflejó de inmediato su enfado. Le duraba cinco minutos después, tal como, ya con el partido acabado, la cámara le mostró, desahogándose con Marc Valiente. Y cuando, a continuación, le entrevistaron para la televisión, no dudó en decir que decir de aquella ocasión que había sido “clarísima para hacer el segundo gol”.

Igualada en aspiraciones

Esa última anécdota se añadiría a las que rodearon al derby y a las que produjo el partido en sí. Por encima de ellas prevaleció la sensación de que Oviedo y Sporting comparten esta temporada aspiraciones a lo bueno. Incluso, quizás, a lo mejor. Ese sí que sería un buen empate.

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