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Antonio Rico

FÚTBOL ES FÚTBOL

Antonio Rico

El clásico filósofo etíope a las tres

Sobre el fútbol femenino y el derbi Madrid-Barcelona

Podemos admitir que Tales de Mileto era un filósofo aunque en esa época (VII-VI a. C.) ni siquiera existía la palabra "filósofo", que según la tradición fue una hermosa ocurrencia de Pitágoras de Samos que servía para referirse a los que aman la sabiduría (solo los dioses son sabios, los hombres no pueden aspirar más que a ser amantes de la sabiduría).

Podemos admitir que el Moisés (Charlton Heston) de la película "Los Diez Mandamientos", que en ese momento es un guerrero que regresa a Egipto victorioso, se presente ante el faraón diciendo: "Gran Seti, aquí traigo Etiopía" cuando, en realidad, Moisés no podría haber dicho eso no solo porque jamás el antiguo Egipto conquistó las tierras que actualmente ocupa Etiopía (alejadas del curso del Nilo) sino por la misma razón por la que no podía haber dicho: "Gran Seti, aquí te traigo Sudán".

Los egipcios conquistaron tierras del actual Sudán, así que puede decirse que conquistaron Nubia, pero no "Sudán" ni, por lo mismo, "Etiopía" (son nombres que responden a realidades políticas actuales). Este Moisés de cine comete un anacronismo conceptual porque supuestamente se están representando hechos que ocurrieron hace más de 3000 años y, sin embargo, se habla de "Etiopía", que sería como si Moisés hablara ante el faraón del "Mediterráneo".

Y podemos entender que William Shakespeare diga en su "Julio César", cuando los conjurados están en casa de Marco Bruto la noche anterior al asesinato de Julio César, que se oyen las campanas de un reloj para anunciar que son las tres a pesar de que los romanos solo conocían dos tipos de relojes: de sol y de agua. Los relojes de péndulo y de resorte no hicieron su aparición hasta finales de la Edad Media, así que los romanos conocían la hora en que vivían solo de manera aproximada (por algo Séneca decía que era más fácil poner de acuerdo a los filósofos que a los relojes). Pero es más difícil entender que muchos insistan en decir que el partido de la Primera División Femenina entre el Real Madrid y el Fútbol Club Barcelona, disputado el pasado domingo, fue el "primer clásico" del fútbol femenino.

Tales de Mileto era un "sofos", no un "filósofo". No existía "Etiopía" en tiempos de Moisés. En la Roma de Julio César los relojes no daban las diez y las once, las doce y la una, y las dos y las tres para que desnudos al anochecer los encontrara la Luna, como en la canción de Sabina. Y la idea de un "primer clásico" es tan contradictoria en sus términos como un silencio atronador, pero sin su fuerza poética. Creo que empezamos mal si pretendemos hacer del fútbol femenino un fútbol masculino con menos presupuesto. Un fútbol masculino en pequeñito. El llamado "clásico", el partido de la "máxima rivalidad" de toda la vida, entre el Real Madrid y el Barça no se puede exportar a la Liga femenina como la palabra filosofía no se debe exportar al Mileto donde vivió Tales, Etiopía no se puede exportar al Egipto de Moisés o los relojes que dan las tres de Sabina no se pueden exportar a la Roma de los Césares. Pero ese "clásico" femenino que se juega por primera vez rechina más, inquieta más, mosquea más, molesta más y es bastante menos simpático.

Si se trata de dar al fútbol femenino la importancia que merece, no deberíamos empezar por contradecirnos de formas tan poco poéticas. Y los comienzos son importantes porque, como decía Giordano Bruno, todo depende del primer botón: abrocharlo en el ojal equivocado nos conduce a seguir cometiendo errores. La idea de un "primer clásico" del fútbol femenino es absurda e irrespetuosa, y a partir de ahí los botones del fútbol femenino estarán mal abrochados. El clásico filósofo etíope a las tres, vamos.

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