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EDUARDO SÁNCHEZ MORRONDO | EMPRESARIO Y PRESIDENTE DE COMPROMISO ASTURIAS SIGLO XXI

"La competencia será feroz con otras regiones para conseguir fondos europeos"

"Necesitamos una cobertura de 5G que llegue a todos los confines de la región"

Eduardo Sánchez Morrondo.

El químico Eduardo Sánchez Morrondo (Gijón, 1953) ha ocupado cargos directivos de relieve en compañías multinacionales (Dow Chemical y British Petroleum), es consejero de la española Ercros y fundador y presidente del grupo Bonheur. Desde junio de 2019 preside la asociación Compromiso Asturias Siglo XXI, colectivo participado por asturianos que están afincados fuera de la región y que dedica una parte de su actividad a la reflexión sobre los desafíos y oportunidades que el Principado tiene por delante.

- ¿Por dónde empezar para que Asturias tenga una estrategia ganadora ante los cambios que vienen: transición energética, revolución tecnológica, fondos europeos de reconstrucción...?

-Es fundamental que trabajemos todos juntos. Esta es una oportunidad que no se puede abordar, digamos, de manera individual, en el sentido de que el Gobierno haga una cosa, los partidos otra, los sindicatos una cosa, los empresarios otra, la sociedad civil otra... Se requiere de unión de todos para valorar los retos y que la sociedad en su conjunto vaya en una sola dirección.

- ¿Percibe que ya se está trabajando así?

-Hay un movimiento en ese sentido, pero creo honestamente que queda camino por recorrer. Hay que diseñar los proyectos y poner en marcha las prioridades. Gran parte de la ayuda que dará Europa no va a ser entregar dinero sin más. Hay que ir a por ella con proyectos muy concretos, sólidos, de largo recorrido y sostenibles; proyectos conectados a la tecnología, al cambio energético, la digitalización... Y tendremos que competir de forma feroz con otras regiones españolas y europeas.

- Está el antecedente de los fondos mineros y sus discutibles resultados. ¿Cómo evitar los errores del pasado?

-Hay que definir prioridades sostenibles, proyectos ejecutables que creen empleo y hacerlo con visión a corto, medio y largo plazo. Se trata de trabajar paralelamente con tres horizontes: "next, now and beyond", según la expresión inglesa, considerando lo que podemos hacer ahora, lo que tenemos que hacer a medio plazo y lo que tenemos que hacer a largo plazo. Lo que nos toca hacer ahora es muy distinto de lo que nos tocó hacer cuando se hizo la reconversión minera. Y en cierto sentido Asturias tiene una ventaja: podemos aprender de lo que no se hizo bien en aquellos momentos. Otras regiones se enfrentan por primera vez a una cuestión de este estilo, mientras que nosotros podemos aprender del pasado. Muchas cosas no se pueden volver a repetir: no cabe destinar dinero a museos o a hacer rotondas, por citar ejemplos que siempre se utilizan.

- ¿Hay mimbres para convertir la transición energética en un verdadero desarrollo industrial?

-Asturias tiene una tradición industrial extraordinaria y un sector muy potente de servicios a la industria. Son palancas que debemos utilizar. En el tema de la transición energética hay que poner los faros de media y larga distancia. A corto plazo es posible que haya dificultades, por los cierres relacionados con el carbón. Pero a medio y largo plazo tenemos que pensar, por ejemplo, en las compañías energéticas que tenemos aquí; me consta que están comprometidas a lanzar proyectos de largo recorrido, de forma además que el coste de la energía sea el razonable que se necesita para la supervivencia de la industria. El debate no puede ser solo cuándo hay que cerrar una mina o una térmica, sino pensar en qué tipo de alternativas energéticas (eólicas, hidrógeno?) podemos tener en Asturias, ver en qué tiempo pueden ejecutarse esos proyectos y cómo van a impactar en el coste de la energía. El Gobierno español va a tener que afrontar la cuestión del precio la energía. Ahora no es competitivo para desarrollar la industria al nivel que debería tener en el PIB.

- Ese precio es ya una amenaza para la supervivencia de la industria básica asturiana (acero, aluminio, cinc...)...

-Si la transición energética no se hace de la manera correcta, el impacto sobre la industria será enorme. Para los grandes consumidores, pero también para las pequeñas y medianas empresas con procesos en los que la energía es un componente relevante. Compiten en un entorno global y, si no tienes una energía competitiva, te quedas fuera del mercado. Si alcanzamos los niveles de energías renovables que se marcan pero al final tienes que cerrar la industria, de poco te habrá servido la transición.

- ¿Cómo abaratar la factura eléctrica?

-Además del coste de la energía en sí mismo, está el coste regulatorio, donde ya entran las decisiones políticas. Las empresas le estamos pidiendo al Gobierno que actúe sobre esa parte. Y hay que utilizar modelos que ya existen, como el alemán. Allí tienen unas ventajas enormes y aquí deberíamos hacer lo mismo. Si queremos tener un país industrializado, lo que no puede hacer la industria es pagar los sobrecostes regulatorios. Lo digo con toda la franqueza: ese sobrecoste tiene que ir repartido entre todos los usuarios, no sólo para el mundo industrial. No tiene sentido que la industria lo soporte si queremos que el sector tenga mayor peso en el país.

- En Alemania hay una especie de pacto tácito según el cual la industria paga menos por la luz a costa de que los hogares paguen más. Pero aquí las familias ya pagan precios mayores que en muchos otros países...

-Si la solución fuera sencilla ya se hubiera tomado. Pero es que en esto subyace la cuestión de cuál es la estructura económica que queremos tener. España es un país sobre todo de servicios y, desgraciadamente, en una situación como la actual y cuando tus servicios dependen de elementos que tú no controlas, te ves muy afectado. Así ha ocurrido con el turismo. El modelo alemán es mucho más industrial y por ello sus picos y sus valles están más atemperados. España debería tener una mayor vocación industrial. Hace no más de una década un veinte por ciento del PIB era industrial y ahora estamos en el catorce. Tenemos que recuperar aquel nivel. Si no lo hacemos, podremos tener un país donde se vive fenomenalmente en ciertos momentos, pero que cuando viene una crisis te afecta de una manera brutal y eres mucho más vulnerable que otros. Los próximos años, de transición energética y tecnológica, debemos aprovecharlos para que la industria gane peso y sea más competitiva. Entonces seremos menos vulnerables. Es vital.

- La reconstrucción industrial, se dice, requiere más que nunca una colaboración público-privada bien engrasada. ¿Tenemos políticos y empresarios con la calidad necesaria y en número suficiente?

-Más que de cantidad o de calidad, esta es una cuestión de voluntad. En Asturias tenemos excelentes empresarios y gente muy preparada en el mundo de la política. Y esta no es una cuestión sólo de gobiernos y empresarios, va mucho más allá. Está todo el arco parlamentario, los sindicatos, los centros tecnológicos, la Universidad... Cuando hagamos ese "Plan Asturias" para enviarlo a Europa, allí tiene que estar la firma de todos, no sólo de dos o de tres.

- Algunos análisis sociológicos diagnosticaron que en los años 90, ante la reconversión de entonces, el pesimismo que se extendió por Asturias mutiló la iniciativa y la confianza en los posibles cambios. ¿Puede repetirse algo así ahora?

-Hay una diferencia clara entre la sociedad que tenemos ahora en Asturias y la de entonces: nuestros jóvenes están formados en un entorno global, con lo que el cambio en la forma en que se ven las cosas es enorme. En Compromiso tenemos un programa de "mentoring", con 45 chicos y chicas; viéndolos te das cuenta de que saben lo que está pasando en el mundo y su mentalidad es muy abierta, ven la sociedad de una manera distinta. Sí quisiera decir que, cuando leo cosas sobre Asturias, parece que sólo hacemos énfasis en las partes negativas: estamos muy envejecidos, tenemos tanto paro... No podemos obviar la realidad, pero también hay otras cosas que son positivas. En ese sentido los medios de comunicación pueden hacer mucho. Me encantó escuchar que Asturias aparecía como un referente en la lucha contra el covid-19. Tenemos más cosas francamente buenas.

- ¿Por ejemplo?

-La tradición industrial, un sector metalúrgico potente, estamos mejor preparados que otras regiones para ofrecer el concepto de turismo sostenible... Hay elementos que nos permiten ser optimistas.

- A menudo se cita también la calidad de vida de Asturias...

-Es magnífica y mucha gente pone eso por delante al tomar una decisión de dónde invertir o trabajar. El estrés que podemos tener aquí no tiene nada que ver con el de las grandes ciudades. Y con la digitalización se podrá trabajar desde cualquier sitio. Hace unos años la cuestión de la movilidad era vital y no podías hacer una inversión en un lugar si para entrar y salir de él tenías problemas. Pero hoy ese elemento tiene un peso mucho menor. No olvidemos otra cuestión que es relevante: el clima, uno tan homogéneo como el que tenemos en Asturias es un gran atractivo. Y luego está el carácter de la sociedad asturiana: es amable, cariñosa, y eso no existe en muchas otras zonas del mundo. Son cosas que al final pueden inclinar la balanza. ¿Qué tienes que tener además para ponerlo en valor? Obviamente, una cobertura de telecomunicaciones 5G que llegue a todos los confines de la región.

- ¿Superado el problema de las comunicaciones físicas?

-Superado no está, porque aún hay que trabajar mucho para tener un aeropuerto competitivo. Por carretera hay ya una conexión extraordinaria. Queda el tema del AVE, que hay que resolver. Las infraestructuras físicas han pasado a un segundo plano, porque la movilidad, que antes era crítica, ya no lo es tanto. Lo cual no quiere decir que no haya que hacer cosas.

- En Compromiso Asturias Siglo XXI están ustedes muy cerca de los asturianos que están fuera, a menudo ocupando posiciones empresariales de influencia. ¿Podría la región sacar más partido de ello?

-Fuera de Asturias viven unos 140.000 asturianos. Nosotros tenemos 1.200 socios y mucha gente que nos sigue de manera continua. Y puedo decir que el conocimiento, la experiencia, el talento y la generosidad que tiene esa gente es admirable. Se lo digo siempre a todo el mundo: sería imperdonable si eso no se utiliza, porque muchas de esas personas tienen la capacidad de poner el radar para ver lo que pasa en otros países, de captar información e ideas para plasmarlas aquí.

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