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Balance de la gira de tres días

Sánchez ofrece apoyo a los bálticos en su tensión con Rusia y busca su respaldo en la frontera sur

El presidente pone en valor que España es un socio "fiable" de la OTAN para recabar la ayuda de Estonia, Letonia y Lituania en el frente con Magreb o el Sahel | Sánchez defiende la importancia de una UE "unida" ante las amenazas de Moscú, "contundente" frente a sus ataques y dialogante en los grandes asuntos globales

Pedro Sánchez, con la primera ministra de Lituania, Ingrida Simonyte.

Pedro Sánchez, con la primera ministra de Lituania, Ingrida Simonyte. EFE

Con los indultos aún pesando a diario sobre la actualidad política y con el horizonte de la reanudación de los trabajos de la mesa de diálogo para septiembre, era previsible que Cataluña colonizase las comparecencias de Pedro Sánchez durante su gira de tres días por los países bálticos. No porque el presidente del Gobierno lo mentara en su intervención inicial, pero sí en sus respuestas a la prensa, condicionadas por lo que ocurría en España –creación de un fondo de 10 millones para cubrir las fianzas de ex altos cargos de la Generalitat impuestas por el Tribunal de Cuentas- o incluso en Bélgica –el encuentro en Waterloo de Oriol Junqueras y Carles Puigdemont después de cuatro años-. Pero Cataluña no fue, en absoluto, el eje de las conversaciones del jefe del Ejecutivo con sus homólogos de Estonia, Letonia y Lituania. Los tres países, pequeños (de una población inferior a los dos millones de habitantes los dos primeros y de 2,7 millones el último) y fronterizos con Rusia, se sienten muy amenazados por Moscú. El presidente les garantizó el apoyo en la vecindad oriental, y al mismo tiempo buscó respaldo en ellos para proteger la frontera sur, la que España tiene no solo con Marruecos, sino todo el Magreb y el Sahel.

Precisamente la mejor visualización de la ayuda de España a las tres exrepúblicas soviéticas se produjo en la última jornada de trabajo de Sánchez. A primera hora del jueves, voló con su delegación y con la prensa que le acompañaba en el viaje desde Riga hasta la base militar de la OTAN en Siauliai, Lituania. Allí tenía previsto asistir a un ejercicio de reacción rápida después de una breve declaración institucional con el presidente del país, Gitanas Nauséda. Un simulacro.

Pero lo que ocurrió fue una amenaza real, un 'Alpha Scramble', retransmitida en directo ante las cámaras de televisión que estaban ofreciendo la comparecencia conjunta. Apenas arrancado el discurso de Nauséda, un grupo de militares entró corriendo en los hangares gemelos donde estaban aparcados dos Eurofighter del Ala 14 del Ejército del Aire para ponerlos en marcha. “¡Es un Alpha, es un Alpha!”, voceó uno de los pilotos. Todo se tuvo que parar en ese instante. Se retiraron los atriles y las banderas, se evacuó a los dos presidentes y a sus equipos, a las tropas y a la prensa. Los controladores militares habían detectado dos aviones rusos SU-24s sobrevolando el mar Báltico y que se dirigían hacia el noreste. No tenían plan de vuelo, ni el transpondedor encendido, ni contactaron con las torres de control. Los dos Eurofighter despegaron en 12 minutos –tres menos del tiempo máximo de que disponen para alzar el vuelo- para identificar las dos aeronaves. No era una maniobra extraña. Son operaciones “relativamente frecuentes” por parte de Rusia, que busca provocar –y gusta hacerlo cuando hay autoridades de visita- y medir la capacidad de reacción de los aliados.

España, con 138 efectivos, está al mando de la base de Siauliai desde el pasado 1 de mayo hasta el 31 de agosto, cuando será relevada por Dinamarca, y aporta siete Eurofighter del Ala 14 con base en Los Llanos (Albacete). Los miembros de la OTAN se van rotando por periodos de cuatro meses para proteger el espacio aéreo báltico -los tres países no disponen de unas Fuerzas Aéreas de combate que les permita vigilar su territorio frente a Moscú-, en una operación que nació en 2004 tras el ingreso de Estonia, Letonia y Lituania en la Alianza.

Pero España no está solo presente militarmente en Šiauliai. El día anterior, el miércoles, Sánchez visitó la base de Ādaži, en Letonia. También, por cierto, bajo un sol intenso. Allí están destacados más de 300 efectivos, con carros de combate Leopardo 2E, vehículos de infantería Pizarro, el transporte oruga acorazado M-113, morteros pesados, vehículos de zapadores y misiles anticarro Spike. España, subrayó Sánchez en los dos países, quiere asentarse como un socio "serio, fiable y comprometido" de la OTAN, y aunque el gasto en Defensa sea inferior al 2% del PIB al que se comprometieron los aliados, es "el séptimo país" de los 30 miembros de la Alianza por número de efectivos, por gasto en defensa y por aportación a la OTAN, y el quinto por su contribución a sus operaciones, con casi mil efectivos.

'Operación Letonia'

La 'Operación Letonia' se lanzó tras la Cumbre de Varsovia de 2016, ante la necesidad de estabilizar la zona tras la anexión de Crimea por Rusia dos años antes. La misión es "defender y disuadir", como explicaban fuentes gubernamentales. Desarrollar una Presencia Avanzada Reforzada (eFP) que garantice la paz en la zona y frene las ambiciones de Moscú, que sabe que si ataca su frontera noroccidental no sitúa en la diana solo a los tres pequeños países bálticos, sino a toda la Alianza. "Y eso Rusia lo sabe, y por eso no va a jugar a ese juego". Sus amenazas no se traducen solo en incursiones aéreas o en provocaciones: también usa las llamadas "estrategias híbridas", como la desinformación o los ciberataques.

Moscú sí estuvo muy presente en la gira báltica de Sánchez. Los tres primeros ministros, Kaja Kallas (Estonia), Arturs Krišjānis Kariņš (Letonia) e Ingrida Šimonytė (Lituania) agradecieron la implicación y solidaridad de España en la defensa de la frontera este frente a la presión rusa y también mostraron su conexión con Madrid en los grandes debates de la UE (transición ecológica y transformación digital, inyección de los fondos europeos).

El presidente, de hecho, fue preguntado por los periodistas bálticos, en las tres jornadas de trabajo, por la mirada de España hacia Rusia. Un tema, además, que ya fue objeto de deliberación en el último Consejo Europeo, el 24 y 25 de junio pasados. Sánchez se aferró a la posición común y al informe del alto representante en política exterior, el español Josep Borrell. Remarcó la importancia de que la UE esté "unida" en su respuesta frente al Kremlin. Madrid defiende una doble vía. De un lado, ser "contundentes y resilientes ante cualquier ataque al Derecho Internacional, a los derechos humanos y a nuestras democracias". Y, de otro, abrir "espacios de diálogo para cuestiones globales", como la lucha contra el cambio climático. El presidente francés, Emmanuel Macron, y la cancillera alemana, propusieron retomar el diálogo con Moscú al máximo nivel, pero su posición más tibia fue frenada por los líderes.

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