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Un suceso de hace décadas que recobra actualidad

"La Gringa" resucita

Las andanzas de la madre y la hija pufistas recuerdan el caso de una peruana que en los 70 se hizo pasar por millonaria para estafar a la alta sociedad gijonesa

Madre e hija, A. B. O. C. y J. C. I., el lunes, caminando por Gijón. Lne

Rosa Nelly Sacco "La Gringa" criticaba públicamente la "ambición malsana de la gente" en una entrevista realizada hace 30 años y añadía que, pese a ser millonaria, no pretendía tener "más que lo que necesito para vivir". Pero sus millones eran de pega: esta peruana nacida en 1927 conseguía todo lo que necesitaba gracias al trabajo de los demás, mediante estafas y engaños, aparentando un posición social de la que carecía.

Han pasado ya más de tres décadas desde que "La Gringa" abandonara Gijón pero sus andanzas permanecen en la memoria de una ciudad que en los últimos días ha vivido un caso que presenta, salvando las distancias, similitudes evidentes con el de Rosa Nelly Sacco. Los juzgados investigan a dos vecinas de Gijón -madre e hija-, acusadas de estafar a varios hosteleros a los que dejaron deudas por valor de casi 6.000 euros. Algo tienen en común la mujer de la que estos días habla medio Gijón y "La Gringa" de antaño: un ascenso social ficticio para aparentar y conseguir servicios que finalmente nunca pagarían.

Rosa Nelly Sacco Bakus, natural de Perú, llegó a Oviedo en 1973. Su intención estuvo clara desde un primer momento: utilizar sus habilidades sociales para poder vivir de lujo sin trabajar y poder dar a sus hijos un estatus social del que su familia carecía. La experiencia jugaba a su favor: "La Gringa" ya había conseguido vivir del cuento en otros países de Europa o incluso en Latinoamérica, en donde llegó a casarse con un doctor, Orlando Orlandini, del que luego presumía. Con él "yo hacía vida de lujo", aseguraba. Eran los años 60. A Rosa Nelly Sauco le gustó esa vida y quiso seguir con ella después de la defunción de su esposo. Utilizó sus influencias hasta que acabó juzgada en Perú. Después inició un viaje por todo el mundo y recaló en Gijón en el verano de 1973.

Cuentan los periódicos de la época que "La Gringa" llegó a la villa de Jovellanos con 20.000 pesetas en el bolo. A pesar de sus limitaciones, Rosa Nelly Sacco se las arregló para alquilar un piso de lujo en pleno paseo del Muro. Una década después de su huida, en una entrevista, ella misma reconocía sus fechorías. "Me instalé en Gijón. No había manera de conseguir trabajo para mis hijos en el Hospital San Juan de Dios y decidí mentir presentándome muy arreglada, con las joyas que aún me quedaban de Sevilla, como la viuda de un ministro. Al minuto, ellos tuvieron trabajo y si no me barrí Gijón entero es porque no quise, porque la ambición de la gente se despertó en seguida".

No tenía más que estudios primarios y, aún así, hasta los médicos del Marítimo le pedían que operara. "Yo me las arreglaba para que se me cayeran las gafas al suelo y pisarlas sin querer. Nunca me pidieron los papeles", contaba la propia estafadora, que había anunciado su llegada a Asturias con un anuncio en el periódico en el que se definía como una "prestigiosa doctora". Hasta el arzobispo Díaz Merchán la fue a recibir al aeropuerto de Asturias, según su versión. "De poco me llevan hasta una orquesta", se mofaba. Con engaños consiguió asistir con joyas regaladas a una gala de Unicef o que un banco le hiciera un informe favorable de sus cuentas.

"No sé lo que saqué porque como no lo voy a pagar nunca no llevo las cuentas", reconocía la mujer recordando que su "único error" fue darle un cheque sin fondos al dueño de un supermercado que le pidió cinco millones para reflotar un negocio en el que "La Gringa" entraría gracias a una herencia que nunca llegó. La "prestigiosa doctora", que luego sería detenida, se codeaba con la flor y nata de Gijón, tratando de tú a los personajes más relevantes y pudientes de la sociedad local. Cuando la arrestaron admitió los hechos. "Me puse tan mal viendo a mis hijos esposados que dije que si querían firmaba que yo había matado a Carrero Blanco".

La Gringa no había vuelto a España por capricho. La Policía Nacional le seguía la pista desde hacía meses y consiguió darle caza en la provincia de Pontevedra cuando la peruana se dirigía a Santiago de Compostela para matricular a sus hijos en la universidad. Era la primera vez que ponía un pie en España desde que protagonizó un desfalco en Gijón que, tal y como ella recalcaba, "se creyó hasta el Alcalde". Al dejar Asturias se fue a Génova, en donde vendió por dos millones las joyas que le habían fiado en un establecimiento de la calle Los Moros. Con ese dinero se fue a Brasil y a Lisboa, en donde volvió a empeñar joyas gijonesas por unas 200.000 pesetas.

El dinero que habia estafado en la villa de Jovellanos no se acababa nunca. Los afectados se contaban por decenas, algo que se puso de relieve sobre cuando Rosa Nelly Sacco tuvo que comparecer ante el tribunal de la Audiencia Provincial encargado de juzgarla. En la sala no cabía un alma. Los periódicos relataban como "muchos asistentes se tuvieron que quedar en la calle". Y no era el último juicio que le quedaba a "La Gringa". Después de pasar por las salas judiciales asturianas aún le quedaban juicios pendientes en Madrid y en Sevilla a lo que había que sumar los casos que Rosa Nelly Sacco llevaba a sus espaldas con condenas en varios países de América, de Argentina a Canadá.

La vida de lujo acabó con unas esposas en las manos. Su caso guarda similitudes con el que estos días envuelve a A. B. O. C., de 42 años, y su madre J. C. I., de 80. La presunta estafa de estas gijonesas saltó a la luz pública cuando la Policía las detuvo por dejar deudas de más de 6.000 euros en restaurantes. Ese suceso hizo aflorar un peculiar delirio: madre e hija contaban a quien las quería escuchar que estaban organizando una boda de copete en La Almudena, o haciendo obras en un chalé de Somió que no existe.

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