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MARIANA MENÉNDEZ | Psicóloga, acaba de publicar "Eres presa. Sobrevive al narcisista"

"La persona narcisista despliega siempre una relación tóxica porque utiliza a los demás"

"Son manipuladores natos, y a veces hasta el absurdo, sólo para recibir un elogio o un poco de aprecio; cuando lo consiguen, se transforman"

Mariana Menéndez, ayer, con un ejemplar de su libro. JUAN PLAZA

Están ahí y pueden llegar a amargarnos la vida. El narcisismo es un trastorno de la personalidad no tan conocido como otros, pero de contrastados efectos perniciosos. Mariana Menéndez (Gijón, 1988), psicóloga y máster en terapia cognitivo-conductual, analiza el problema en la publicación "Ser presa. Sobrevivir al narcisista".

- Ha escrito el libro para esclarecer lo que se conoce como "abuso narcisista". ¿Qué es?

-Es el tipo de abuso que ejercen los narcisistas. No sólo los maltratadores son narcisistas. Éstos, en general, abusan de las personas con las que se relacionan, ya sea de manera leve y hasta física. Un abuso que pasa factura a las víctimas en forma de depresión, por ejemplo.

-¿Es un tipo de maltrato?

-Sí, definitivamente. Relacionamos maltrato con violencia física. Por eso utilizamos el término abuso.

- Y hay, al menos, maltrato psicológico...

-Desde luego.

-¿Lo tipifica como enfermedad?

-Así está recogido en el manual de diagnóstico de psiquiatría: trastorno narcisista de personalidad. Es una enfermedad psiquiátrica, sí.

-En el libro afirma que el abusador narcisista puede acabar con la salud física y mental de sus víctimas. ¿Cómo?

-Empieza por aislarte del entorno y, en un principio, te va subyugando de manera sibilina. Es el fenómeno de la despersonalización, porque hay un momento en el que pierdes tu identidad: no sabes qué quieres ni lo que te ocurre. Todo tiene que adecuarse a lo que el narcisista quiere, a su visión del mundo y de la vida. Te conviertes en un apéndice y puede llevarte al síndrome postraumático complejo, con repercusiones físicas; se somatiza.

-¿Hay mucho narcisista suelto?

-Las estadísticas dicen que un uno por ciento de la población, aunque estimamos que entre el uno y el cinco por ciento. Es un número pequeño, pero causan muchos estragos porque tienden a estar en puestos de poder.

-¿Por qué el narcisista tiende a querer poder?

-Es persona que tiene a priori un alto concepto de sí mismo, aunque suele ser para compensar un trasfondo de baja autoestima. Al ejercer poder y control sobre los demás refuerzan su yo y la idea de que son la leche.

-Alimenta aún más su ego...

-Exacto. Si, además son sádicos -el porcentaje es pequeño, pero los hay-, obtiene un placer añadido con el sometimiento ajeno.

-Afirma que hay igual número de narcisistas entre hombres y mujeres, pero que las manifestaciones son distintas en unos y otras. ¿Es así?

-Es así. Y tiene que ver con una cuestión biológica en gran medida, y, por otra, con una cuestión cultural. Con el mismo grado de patología, la testosterona juega un papel importante porque vuelve más agresivos a los individuos. La mujer es raro que pase a la agresión física. El porcentaje de hombres y mujeres violentos es el mismo, lo que pasa que en el hombre se da una violencia más extrema.

-Vivimos en sociedades que cultivan la personalidad narcisista, empezando por cierta publicidad. ¿El trastorno, la patología, ha aumentado?

-Sí. Como todos los trastornos de personalidad, el narcisismo es un "continuum". Para que se pueda considerar trastorno severo tienen que darse una serie de características, que no afloran en todos los individuos. Nuestra sociedad refuerza mucho los rasgos narcisistas, pero para que se desarrolle la patología tienen que darse otros factores. Hay un componente educativo importante: el narcisista, en un noventa por ciento de los casos, ha sido víctima de otra persona narcisista.

-¿Nace o se hace?

-Se hace, salvo en el caso de los psicópatas, que ahora se llama trastorno antisocial. Ahí hay un porcentaje de individuos que son así por sus estructuras cerebrales, o sea, de nacimiento. La mayor parte de los narcisistas aprendieron a serlo, mamado en casa.

-Asegura que es una patología difícil y que es para toda la vida. Deja pocas salidas.

-El trastorno narcisista, no el que sufre el abuso. La víctima tiene rehabilitación. Hay técnicas para hacer a los narcisistas menos abusivos, pero el problema es que debe existir voluntariedad para hacer el tratamiento, algo que no ocurre casi nunca. No admiten que tengan un problema. Suelen llegar a la clínica por alcoholismo o depresión, o arrastrados por la pareja, pero sin ninguna gana.

-En el libro ofrece pistas para saber que estamos ante un narcisista. ¿Cuáles son?

-Suele ser una persona que inquieta a los demás, bien por cierta excentricidad molesta o por una amabilidad exagerada. Ojo, no es rasgo definitorio; hay gente así que no tiene el problema. Si vemos que ademas hay una tendencia a la invasión de la intimidad, la nuestra o mostrándonos la suya, incomodándonos, debemos estar alerta. El rasgo definitorio es cuando se juega con los límites de la persona que se tiene enfrente. Es un compendio. No es fácil y por eso la gente se enreda en relaciones con ellos.

-Equipara la conducta del narcisista con la que siguen las sectas...

-Las sectas copiaron los modelos de actuación que despliegan los narcisistas. La diferencia es que las primeras lo hacen deliberadamente, mientras que en el segundo de los casos hay un porcentaje alto de inconsciencia.

-¿Se dan casos de narcisismo entre niños?

-No. Pasan por etapas narcisistas en su crecimiento, hasta más o menos lo siete años. Forma parte del proceso individuación. No se deberían diagnosticar casos de narcisismo hasta, digamos, los veintitantos años. Y cada vez más tarde, porque la adolescencia se alarga.

-¿La personalidad narcisista se configura en la adolescencia?

-Se configura desde el nacimiento y cristaliza en la adolescencia, peo no te puedes fiar. El adolescente es criatura variable. Es un error diagnosticar narcisismo en la adolescencia. Esperaría a la entrada del individuo en el mundo laboral o en los últimos años de estudiante. Es cuando empiezas a ver cómo lidia con las responsabilidades, con los compañeros... No hay que adelantarse a hacer diagnósticos, porque puedes fastidiar la vida a alguien.

-Una vez detectada la patología, usted aconseja romper la relación con los narcisistas.

-Sí.

- Pero ¿cómo tenemos la certeza de que estamos ante una persona narcisista?

-Hay que tener en cuenta cómo nos sentíamos antes de tener esa relación y cómo me siento ahora. Por eso le digo al lector que se abstenga de hacer diagnósticos a partir del libro. Si usted era normal y con una vida social y ve, con el tiempo, que ha perdida una y otros, y además está deprimido, está claro que ahí pasa algo. Tiene que irse de ahí.

-Lo que parece claro es que el narcisista desprende siempre una relación tóxica con su entorno.

-Siempre. Y por esa tendencia a utilizar a los demás. Su interacción con el medio es la manipulación. Son manipuladores natos y hasta el absurdo. Y, a veces, sólo para recibir un elogio o un poco de aprecio. Pero nunca lo hace de manera normal. Una vez conseguido, cambia. Eso, cuando corre en una pareja con hijos, complica las cosas.

- ¿Manipulan en busca de la recompensa del estímulo del ego?

-Efectivamente. Es lo que se llama suministro narcisista, que a veces es material, emocional, de control.

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