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El médico gijonés que repartió mil calderos entre las ruinas de Nepal

Armando Menéndez logra el apoyo de la selección de baloncesto, incluido Gasol, para una gran muestra fotográfica sobre la catástrofe del país asiático

Una nepalí carga ladrillos.

Una nepalí carga ladrillos.

Cinco meses después de aquel primer seísmo de magnitud 7,8 en la escala de Richter que arruinó Nepal y dejó más de ocho mil muertos entre los escombros, el país asiático de casi veintiocho millones de habitantes tiene aún en carne viva las heridas de su tragedia. Algunos especialistas en este tipo de catástrofes opinan que, pese a la ayuda internacional, esa república multiétnica tardará al menos una década en poder recuperarse. El médico asturiano Armando Menéndez Suárez, responsable de la Fundación DAF, ha pasado un mes en medio de esa desolación, acotada por un paisaje de cascotes. Gijonés de 1957, autor de libros como "El monje mentiroso" , especialista en budismo e hinduismo, prestigioso acupuntor y especialista en medicina al servicio del Tercer Mundo, acaba de regresar de esa frontera de la necesidad con una rodilla dañada y dos convicciones.

La primera: "Son las mujeres las que llevan el peso de la recuperación económica". Y es literal: son las que cargan con capazos de cincuenta kilos de peso, colmados de los ladrillos que se recuperan de las casas destruidas, muy útiles para la reconstrucción de edificios y aldeas. La segunda: "Las ayudas llegan mal, y muchas veces cosas de no tanta urgencia como otras; por ejemplo, necesitamos antibióticos pero recibes diuréticos". Y hay también un tercer razonamiento que viene acompañando a este hiperactivo doctor, una rara síntesis de medicina oriental (estudió también en China) y occidental: "Para que las cosas cambien allí, tienen que cambiar primero aquí. Y ese cambio ha de ser moral, desde abajo".

Armando Menéndez, que impartirá en la Universidad de Oviedo, en las próximas semanas, un seminario pionero sobre antropología del hinduismo y del budismo, es además un notable fotógrafo de los dolores y alegrías de la vida cotidiana, de las luces y las sombras de los días. Una crisis personal le llevó hace años a los monasterios y los pueblos de la India, de Nepal y Bután, donde aprendió que vivir a Dios consiste sustancialmente en "hacer el bien y querer a los demás". Siente cierto orgullo al afirmar que su fundación, con la que colaboran entre mil y dos mil personas, según épocas y la respuesta civil a las catástrofes humanitarias, es la única asturiana que ha laborado junto a los nepalíes, sobre el terreno, por esa reconstrucción que las mujeres cargan sobre sus hombros, como heroínas que se echan la pesadumbre del mundo a las espaldas.

Este gijonés es un cooperante con ideas propias, resultado de sus experiencias de tres décadas en países "donde se aprovechan los remedios autóctonos mucho mejor que en los refalfiaos". Se le ocurren las cosas sobre la marcha, viendo las necesidades y recursos de los lugares a los que viaja para ayudar. En su despacho gijonés hay una pequeña estatuilla de Teresa de Calcuta. Es, quizás, uno de sus modelos de conducta. Hay más: de Jesús al Buda. Ha dicho alguna vez que "cuando lavas a alguien que se está muriendo, comienzas a perder el miedo". Su densa formación filosófica, atravesada por un sincretismo religioso de sólidas raíces humanistas, no le impide ser un tipo práctico que recuerda lo que le aconsejaron en Khokana, un pueblo nepalí de algo más de mil habitantes en el que los terremotos de abril y mayo pasados tumbaron el noventa por ciento de su caserío: "Me dijeron que en vez de llevarles tanto amor, mejor íbamos con váteres". "Ahí me dio el arrebato y compré mil calderos en los que metimos champú, estropajo, jabón... Porque es cierto que la limpieza, la higiene, es fundamental para que uno vuelva a sentir que es una persona; es una manera muy útil de levantar la moral", reflexiona. Hay imágenes que muestran a Armando Menéndez repartiendo cubos entre la población. Su cuenta es sencilla: "Cinco euros por mil, cinco mil euros; merece la pena".

Otra de las iniciativas singulares que la Fundación DAF ha puesto en marcha en Nepal es la construcción de un centenar de refugios, ideados ante la urgencia de dar respuesta a las necesidades locales y que sirven como habitáculos ocasionales. El doctor los llama "casas modelo Cuencas", porque cuenta que se inspiró en algunas soluciones mineras para estas construcciones facturadas con chapa galvanizada y acero. "Se envían tiendas de campaña, pero quien lo hace no se da cuenta de que aún sigue cayendo escombro y que se necesita algo más sólido para evitar ese peligro", explica. Y, de nuevo, la cuenta: ciento veinticinco euros por cada una de esas estructuras.

Refugios, depósitos de agua, letrinas y una estrecha colaboración con el Nepal Orthopaedic Hospital de Katmandú, donde el doctor gijonés ha participado en decenas de operaciones. "Queríamos levantar escuelas y dispensarios, que es lo que nuestra fundación suele hacer, pero, después de lo del terremoto, optamos por estas ayudas directas a las víctimas", subraya Armando Menéndez, alarmado porque las niñas se han convertido en moneda de cambio ante las acuciantes necesidades de las familias: "Muchas para servir en la India o para prostituirlas; hay una ONG que ha optado por ofrecer cochinillos a esas mismas familias para que no vendan a sus hijas". La Fundación DAF tiene un delegado permanente en Nepal, Sajan Mulmi. "Aquí nadie cobra y cada uno paga sus gastos", dice su principal responsable, agradecido por ejemplo a la colaboración de otros colegas asturianos. Relata el éxito de la ciberconsulta que hizo, para poder operar a un muchacho, con el radiólogo gijonés Pedro García.

Armando Menéndez ha traído de Nepal una ostensible cojera y cientos de imágenes con las que inaugurará en Oviedo, el próximo mes de octubre, la exposición "La mujer en la reconstrucción del Nepal". Ellas trabajan, de los arrozales a las calles pulverizadas, mientras ellos miran estoicos las devastaciones que dejó el terremoto. Es una muestra compuesta por setenta grandes fotografías que pasará también por Gijón, Avilés y las Cuencas. Y que tiene importantes padrinos: "Jenaro Díaz, que es amigo y uno de los entrenadores del Khimki ruso, la vio y me dijo que debía hablar inmediatamente con los jugadores de la Selección Española de Baloncesto" . Lo hizo durante la reciente visita gijonesa del combinado nacional en su gira para preparar el Eurobasket, que acabaría ganando frente a Lituania. El héroe de ese triunfo, Pau Gasol, es uno de los deportistas que ha apoyado esta exposición. Varios artistas asturianos, entre ellos Favila, quieren respaldar también con su trabajo los significados de esa exposición.

"Gasol y el resto de la selección han entendido lo que pretendemos comunicar y nos han brindado su apoyo y su sede en Madrid para montar esa muestra fotográfica dentro de la campaña 'Universo mujer', que la Federación Española de Baloncesto promueve", indica Armando Menéndez. Y añade: "Planteamos esta iniciativa como una reflexión coral sobre la pobreza, sobre las causas y las soluciones; no puede ser que unos tengan de todo y otros nada".

A este doctor que dedica sus vacaciones y muchas de sus horas a la cooperación internacional, le hace especial ilusión que la bandera de Asturias ondee en las sedes de las delegaciones que la Fundación DAF tiene en Calcuta, Bombay y Katmandú. Admite que se les conoce poco en su tierra: "Hasta ahora hemos preferido hacer y hablar poco". Y aclara: "Lo que se ha realizado es gracias a miles de asturianos anónimos que, euro a euro, han contribuido para que personas a las que ni siquiera conocen puedan tener un techo, agua potable o donde hacer con intimidad las necesidades, y para que, además, tengan menos dolor".

Armando Menéndez clama porque muchas ONG "están desbordadas y necesitan cooperantes". "Animamos al voluntariado y a un cambio del modelo productivo para que el sistema económico, basado en el consumo insensato y en la depredación y degradación del planeta, deje de necesitar pobres". La revolución moral que predica.

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