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El RIDEA: de la mesa de Feijoo a las redes sociales

El Real Instituto de Estudios Asturianos celebra sus 75 años con la aspiración de acercarse a los jóvenes estudiantes

Ramón Rodríguez, director del RIDEA, ante la galería de retratos de sus antecesores.  Julián Rus

Ramón Rodríguez, director del RIDEA, ante la galería de retratos de sus antecesores. Julián Rus

No todo está en internet. No toda la sabiduría se puede digitalizar, y menos aun la emoción de consultar un manuscrito del siglo XII o unas cartas ejecutorias del XVI. Es la base sobre la que se sustenta el RIDEA, el Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA), que cumple 75

Primeros pasos

El historiador Juan Uría fundó en Oviedo en los años veinte del siglo pasado un centro de estudios asturianos. Esa institución pervivió hasta que el 10 de octubre de 1945 la Diputación Provincial acuerda crear el Centro de Estudios Asturianos. Lo primero que se hace es redactar un proyecto de estatutos. Tan solo un mes después, el 24 de noviembre de 1945, esa entidad pasa a formar parte del Centro Superior de Investigaciones Científicas, integrado en el Patronato José María Quadrado. Pocos días antes, el 15 de noviembre, la Diputación Provincial había nombrado a Sabino Álvarez-Gendín Blanco, entonces rector de la Universidad de Oviedo, director del recién creado Instituto de Estudios Asturianos (IDEA). El 30 de enero de 1946 se acuerda la designación de los primeros miembros de número, que resultan elegidos entre las más destacadas personalidades del ámbito social e institucional asturiano del momento, procurando abarcar la más amplia extensión del saber. El acto solemne de inauguración del IDEA tiene lugar meses después, el 4 de agosto de 1946. Se celebró en el palacio de la Diputación. Como marcaban los tiempos, hubo misa y para celebrarla se utilizó como altar la mesa de fray Benito Jerónimo Feijoo. La actividad pública del IDEA comenzó con dos actos, uno en Oviedo y otro en Gijón. En Oviedo el IDEA organizó una “Fiesta del bable” en el Paraninfo de la Universidad, entonces circunscrita al caserón de la calle San Francisco. Hubo discursos y lectura de poemas en llingua asturiana. El acto de Gijón consistió en un homenaje a Gaspar Melchor de Jovellanos en su casa natal.

Una “ejecutoria” del siglo XVI.

Miembros primitivos

En el Instituto se integraron los que entonces eran los prohombres de la cultura asturiana. Entre esos primeros nombres están Ignacio de la Concha, Constantino Cabal, Guillermo Estrada, José Fernández Vuelta, Víctor Hevia, Ramón Menéndez Pidal, Ángel Muñiz Toca, Ignacio Patac, Nicanor Piñole o José Serrano, catedrático de Derecho Procesal, que fue clave en la reconstrucción de la biblioteca de la Universidad tras el incendio de 1934. Ramón Rodríguez destaca en este punto la pertenencia al Instituto de Lorenzo Rodríguez Castellano, filólogo y director del centro coordinador provincial de bibliotecas y de la biblioteca pública de Oviedo, y Ramón Prieto Bances, el que fuera ministro de Obras Públicas en el Gobierno de la Segunda República. “Eran dos republicanos reconocidos”, subraya Rodríguez. Prieto Bances bromeaba con ello. “Fui ministro porque en el Peñalba no se enteraron a tiempo”, decía en relación a la tertulia del popular café ovetense situado en la calle Uría.

Las sedes

En los primeros meses el Instituto no tenía sede fija. El 16 de junio de 1946, Ignacio Chacón, como presidente de la Diputación Provincial y, por tanto, del propio Instituto, informa a los socios de que se están realizando obras para establecer la sede en Oviedo, en el número 3 de la calle San Vicente, donde actualmente está el Museo Arqueológico. En esa misma reunión se acuerda la creación de la medalla académica para los miembros numerarios, cuyo diseño había sido realizado por el pintor Paulino Vicente. La sede de San Vicente estuvo operativa hasta 1950, cuando el centro se trasladó temporalmente al número 5 de la calle Santa Susana, donde permaneció hasta 1953, cuando se instaló definitivamente en su ubicación actual, el palacio Conde de Toreno, en la ovetense plaza Porlier. El edificio había sido archivo de la Real Audiencia antes de la Revolución del 34 y después de la guerra se dedicó a usos culturales. Al tiempo que sede del Instituto, el palacio era sede de la biblioteca pública. Si el visitante se fija, al subir por la escalera del edificio hay un pequeño despacho: era la sala de lectura de los periódicos que llegaban de Madrid.

El manuscrito original de la “Sinfonía pastoral” de Palacio Valdés

Los directores

El Instituto siempre ha tenido un director y un presidente. Este segundo cargo es tan solo una figura institucional con poca trascendencia práctica. Lo ocupaba el presidente de la Diputación hasta que con el Estatuto de Autonomía pasó a ocuparlo el consejero del Principado al que estuviesen adscritas las competencias de Cultura. El cargo de director lo ocuparon desde 1945 hasta 1978 los rectores de la Universidad de Oviedo. El primero fue Sabino Álvarez-Gendín y el último rector en ser director del RIDEA fue Teodoro López-Cuesta. A partir de 1978 los directores son elegidos por votación de los miembros. El primero en llegar así al cargo fue Jesús Evaristo Casariego, al que sucedieron Francisco Tuero Bertrand, José Luis Pérez de Castro, Juan Ignacio Ruiz de la Peña Solar y Ramón Rodríguez Álvarez. Los tres que antecedieron al director actual son, en opinión de Rodríguez, los que más impulso han dado a la institución. Rodríguez destaca el “asturianismo” de Pérez de Castro y “el marchamo investigador, serio y riguroso” de Ruiz de la Peña.

La nueva ley del RIDEA de 1988

Entre los 50 miembros del RIDEA, 29 son miembros de número permanentes y el resto están como representantes de alguna institución, son los llamados miembros de representación. Esta modificación supuso que por votación y tras ocho años, Casariego fuese sustituido por Tuero Bertand. El RIDEA es la única institución de estas características que mantiene los llamados “miembros de representación”. “Es algo insólito”, dice Ramón Rodríguez, que aboga por una modificación para que esos 21 miembros no sean de representación sino que los puedan designar los 29 miembros de número.

La primera acta del comité de cultura del IDEA, de 1946.

De IDEA a RIDEA

La Casa Real acepta del nombramiento del entonces Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón y Grecia, como presidente de honor de la corporación, cuya toma de posesión del cargo se realizó, solemnemente, el 9 de octubre de 1991 en el curso de una detenida visita a la sede corporativa. Con tal motivo, el entonces Rey, Juan Carlos de Borbón, concede al Instituto el título de “Real” el 8 de febrero de 1992.

Actividad cultural

Los objetivos fundacionales del RIDEA son cultivar, estudiar, promover y difundir la cultura asturiana. Se hace básicamente a través de conferencias. Se han realizado más de 1.000 desde su fundación y en los últimos años muchas de ellas se han organizado en ciclos. “En contra de tantas cosas que se dicen del RIDEA, una de las grandes prioridades es el estudio lingüístico”, dice Ramón Rodríguez, que indica que el primer libro publicado por la institución, en 1946, fue “La aspiración de la ‘h’ en el Oriente de Asturias”, de Lorenzo Rodríguez Castellano. Entre los conferenciantes del RIDEA están Jesús Neira, Ramón Menéndez Pidal, Carmen Díaz Castañón, Ana Cano o Xulio Concepción. Entre las publicaciones destaca también el “Diccionario de los bables asturianos”, de Jesús Neira y Rosario Piñeiro. Otras importantes disciplinas de las que se ha hablado en el RIDEA a lo largo de los años son la arqueología, con conferencias de Miguel Ángel de Blas o Ángel Villa, que en los últimos años han llenado la sala en numerosas ocasiones. En este campo también destacaban las ponencias de José Manuel González y Fernández-Valles, conocido como “Piedriquina”, que publicó y predicó en el RIDEA. Geología y Botánica son otras materias de las que se ha hablado en el Real Instituto.

Las conocidas como “papeletas” del padre Galo, donde anotaba la definición de las palabras para su diccionario del bable occidental.

Publicaciones

En su tarea de divulgación son fundamentales las publicaciones que el RIDEA ha sacado a la luz. Con licencia de editorial e ISBN propio, la institución ha publicado hasta la fecha 637 libros, 76 números de su “Boletín de Humanidades y Ciencias Sociales” y 53 de su “Boletín de Ciencias”. Su última creación, que va por el número dos, son los “Cuadernos del RIDEA”, una publicación centrada en la cultura popular y que no requiere que los artículos sean sometidos al rigor de las revistas científicas, como ocurre con los boletines.

Biblioteca y archivo

Son un órgano fundamental en el RIDEA. En el palacio del Conde de Toreno se conservan auténticas joyas. El documento más antiguo data del siglo XII. En el RIDEA están los fondos de la antigua Diputación Provincial, el archivo de la Sociedad Económica de Amigos del País o de Minas de Figaredo, pero también importantísimas bibliotecas particulares como la de Fermín Canella o Constantino Cabal y muchos documentos del Padre Galo. Todo ello está a disposición de investigadores y estudiosos.

El futuro

Volviendo al inicio de estas líneas, “no todo está en internet”. Por eso el RIDEA quiere difundir su saber, abrirse a la sociedad y convertirse en la casa de la cultura de todos los asturianos. El RIDEA, insiste su director, “es una entidad independiente donde todos pueden expresarse”. Eso sí, no organizan conferencias ni de partidos políticos ni de confesiones religiosas. Ramón Rodríguez mira al futuro con la esperanza de ampliar esos 200.000 euros anuales que tienen de presupuesto y que están muy lejos del dinero del que disponían hace apenas cinco años. Quieren que la Consejería de Cultura apruebe la nueva ley del RIDEA y pretenden, pandemia mediante, poder celebrar los actos del 75.º aniversario. El virus les ha obligado a reducir ese programa a dos mesas redondas, una sobre letras y humanidades y otra sobre ciencia y ciencias sociales. También habrá, y ahí se nota la impronta del director actual, una exposición bibliográfico-documental que resuma la vida del RIDEA. El futuro tiene un objetivo claro, “darle más visibilidad al RIDEA”, lo han empezado a hacer con su presencia en las redes sociales. En 75 años se han ganado el respeto de la comunidad científica, ahora llega el momento de pasar de ser punto de referencia para profesores e investigadores a serlo también de los jóvenes estudiantes.

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